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Por qué urge recortar a Pemex

José Antonio viene a encargarse de un trabajo que el gobierno juzga inconcluso: la reducción de Pemex al tamaño que debe tener cuando el barril está a menos de 30 dólares.

09-02-2016, 8:09:58 AM
Por qué urge recortar a Pemex
Jorge Arturo Monjarás

Los recientes cambios en el gabinete dan la impresión, primero que nada, de que el entorno político y económico está preocupando al gobierno de Enrique Peña Nieto, al grado de que prefirió hacer otro cambio de cartas antes de que se le queden en la mano.

El cambio más notorio es el de Emilio Lozoya Austin, quien deja de ser director de Pemex para ceder el lugar a José Antonio González Anaya. Sobre la salida de este funcionario hay mucho que decir. La versión de más peso es que este funcionario, egresado del ITAM y de Harvard, como tantos otros, tardó demasiado en hacer los ajustes operativos y financieros que le urgen a Pemex para no seguir perdiendo miles de millones de dólares por trimestre.

Cuentan que las diferencias con Luis Videgaray, secretario de Hacienda, eran cada día mayores, y que la gota que derramó el vaso fue la pérdida que viene para el cuarto trimestre por parte de la “empresa productiva” del Estado. Hay que contar que para septiembre pasado la pérdida acumulada era por 352,617 millones de pesos (mdp). Las solas pérdidas del tercer trimestre por 167,000 mdp eran mucho mayores que las del año anterior, y la administración no estaba dando muestras de acelerar el proceso de recortar a Pemex al tamaño que debería tener. A Hacienda le urgía que Lozoya y su gente aceleraran el paso desde el año pasado, cosa que no hicieron. Ninguna empresa puede aguantar pérdidas anuales de 25,000 millones de dólares, es absurdo.

Dicen que el punto de vista de Emilio Lozoya era mantener una planta fuerte para aprovechar oportunidades futuras y realizar los recortes de personal poco a poco, a punta de retiros voluntarios. La situación se hizo inaceptable, y la primera cabeza en caer fue la de su CFO, Mario Beauregard, en noviembre pasado. Lo sustituyó Juan Pablo Newman, exdirector de Nafin y hombre de confianza de Videgaray.

Pero el resultado de 2015, próximo a anunciarse, será tan malo que le costó el puesto a Lozoya.

Lo sustituye José Antonio González Anaya, un movimiento por demás interesante, ya que se trata de uno de los sobrevivientes de las presidencias panistas y gente muy cercana a Ernesto Cordero, exaspirante a la presidencia por el blanquiazul y por mucho tiempo el máximo representante del Calderonismo, hasta que llegó Margarita a reclamar lo suyo.

Aunque también González Anaya podría reclamar una posición más neutral, la de los economistas “puros” que rondan el Banco de México (trabajó con Agustín Carstens) y procuran no meterse demasiado en política.

El caso es que sobre esta dirección pueden desprenderse dos vertientes: la política y la técnica.

Desde el punto de vista político, qué mejor que endosarle a un no priísta la cirugía mayor que debe hacerse en Pemex. Los analistas del sector en el extranjero aseguran que a la petrolera le sobran la mitad de los empleados y la deuda es tan grande y difícil de atender que las calificadoras optaron por bajar su evaluación de la empresa, a pesar de que confían en que el Estado metería dinero para evitar impagos. De hecho, eso tuvo que salir a declarar la Secretaría de Hacienda hace unas semanas. Esto no se corta con bisturí, sino con machete.

También desde el punto de vista político, a González Anaya lo estarían “premiando” por su labor en el IMSS, en donde, se supone, enderezó lo más posible los números del Instituto (aunque nadie habla de que mejoró su servicio).

En cuanto a lo técnico, el nuevo director de Pemex, egresado del MIT y de Harvard, es reconocido como uno de los más importantes expertos en materia de pensiones en México. Acaso valdría la pena que revisara el arreglo obtenido en esta materia por su antecesor con el sindicato, en el cual las pensiones de los trabajadores actuales le seguirán costando muchos millones al gobierno, hasta 2035.

Así que González Anaya viene a encargarse de un trabajo que el gobierno juzga inconcluso: la reducción de Pemex al tamaño que debe tener cuando el barril está a menos de 30 dólares.

Por cierto, su sustituto en el IMSS, Mikel Arriola, exComisionado Federal para la Protección contra Riesgos sanitarios, fue también funcionario de los sexenios panistas. Fue asesor del secretario de Hacienda durante los años de Agustín Carstens, Ernesto Cordero y José Antonio Meade, éste último otro de los sobrevivientes del panismo.

El gobierno de Peña Nieto, al parecer está buscando quien ponga en cintura a Pemex, pero ya, vengan o no de la familia priísta.

La hipótesis de Oceanografía

Allá por septiembre del año pasado renunció a Pemex Arturo Henríquez Autrey, director Corporativo de Procura y Abastecimiento, por salir en una fotografía con el exdueño de Oceanografía Amado Yáñez. Por aquel entones una diputada de Morena decía que faltaban dos cabezas por caer en Pemex, la de Mario Beauregard, quien antes de ingresar a Pemex fuera director financiero de OHL (ya por entonces muy enredada con el escándalo de las grabaciones en el Estado de México) y, por supuesto, la de Emilio Lozoya Austin. Tal vez es pura coincidencia (quien se pasa prediciendo que hoy lloverá, tarde o temprano acierta), pero el asunto se cumplió.

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