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Opinión: Nuestra estúpida afición a ‘El Chapo’

La relación entre pueblo, artistas y criminales ha ocurrido en varias ocasiones en la historia, sin embargo, a veces se olvida el daño que los delincuentes han hecho a la sociedad.

11-01-2016, 8:51:36 AM
Opinión: Nuestra estúpida afición a ‘El Chapo’
Jorge Arturo Monjarás

Ni siquiera es un gesto de nuestra cultura nacional. La admiración romántica por los criminales es uno de los rincones oscuros del imaginario social desde hace mucho tiempo. Es lo que dio forma y corrección política a la leyenda de Robin Hood en la Edad Media, un periodo en el que los ladrones asolaban los caminos rurales un día sí y otro también. Está en Chucho el Roto, el bandido del porfiriato que, aseguran, robaba a los ricos para dar a los pobres.

Los estadounidenses han mostrado gran admiración por Bonnie & Clyde, por John Dillinger, por el rockstar de los gángsters, Al Capone; por el fundador de Las Vegas, Bugsie Siegel. En su extremo más torcido, siguen con avidez las vidas de asesinos seriales, como Ted Bundy o Jeffrey Dahmer, el ‘Caníbal de Milwaukee’.

La veneración del crimen por parte del cine es también una larga historia, desde Scarface, de 1932, una de las cintas más importantes del que terminaría siendo cine noir y una biografía de Capone, o Cayo Largo, de John Huston o bien, por supuesto, la serie de El Padrino, dirigida por Coppola. Pero de ahí podemos mudarnos a criminales “adorables” como los que interpretan John Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction, o bien, Kevin Spacey en Usual Suspects. ¿Asesinos seriales? Cómo olvidar a Woody Harrelson y Juliette Lewis en Natural Born Killers.

En esta relación amorosa entre pueblo, artistas y criminales entra perfectamente la leyenda de ‘Pablito’ Escobar, que ha sido ya contada en libros, series de televisión y películas. Ahí están Paradise Lost, interpretado por Benicio del Toro o en la reciente serie ‘Narcos’ de Netflix.

Muerto Pablito, al imaginario extranjero, al director de cine que quiere afirmarse como “bien rebelde”, a los actores y actrices que están en busca de una causa para mantenerse vigentes, a los dueños de productoras y medios, a todos ellos, les quedó como anillo al dedo el ‘Chapo’ Guzmán. Qué mejor fuente para seguir generando lo que buscan: los más ingenuos, una buena historia, los demás fama y dinero, en cualquier orden.

Qué mejor que una actriz como Kate del Castillo, con tan buenos resultados en su papel como narcotraficante en La Reina del Sur, le escribiera al ‘Chapo’ pidiéndole una tontería, como que “traficara amor”. Un textito, salido de su oficina de publicidad para subirle el perfil, nada más. Bastante desafortunado, por cierto, dado el problema de trata de blancas que también está ligado al crimen organizado.

Lo que nunca esperó la actriz es que el mítico monstruo le contestara. Inició entonces un intercambio, luego una relación que desembocó en el proyecto de una película que contara la “verdad” del ‘Chapo’. Mientras tanto, la entrevista con Sean Penn y Rolling Stone quedaba perfecta para calentar al mercado, como en cualquier negocio del espectáculo.

El resultado, desde el punto de vista de comunicación, es muy pobre. En la “entrevista” el capo responde casi con monosílabos algunas preguntas. No elabora, no justifica intelectualmente ni filosóficamente, no propone teorías, no rompe con lo sabido hasta ahora; ni siquiera cuenta bien su origen y su razonamiento acerca de que la pobreza lo llevó al narcotráfico.

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¿Por qué? Porque no es un intelectual, ni el hombre de acción lleno de sabiduría que quieren ver en él algunos de sus admiradores. De esa fuente no va a partir una buena película, que pueda acompañarse con bonitos corridos. La historia la va a tener que contar un guionista, uno de por allá, en Hollywood, amigo de Penn, que cobre muy buenos dólares por tomar una historia muy elemental, rala, simple y volverla un mito digno de la industria.

Muy poco habló el ‘Chapo’ de teorías sobre “el respeto” estilo Vito Corleone, o de cómo organizar una banda de traficantes sin morir en el intento. No es un perfecto impostor, como el Kayser Söze, ni un gran embaucador, como Johny Hooker, en El Golpe. Es un ranchero de Sinaloa que necesita una agencia de relaciones públicas que le escriba una “narrativa”, si quiere cumplir su sueño de que le hagan una película decente.

Porque gente que quiera arriesgar dinero y un poco de enemistad con los gobiernos de México y Estados Unidos, a cambio de hacer un buen negocio con la vida del ‘Chapo’, sobra. Gente que quiera aprovechar nuestra estúpida afición por los líderes del crimen organizado, abunda.

Nada más es cosa de ignorar que los verdaderos autores de la matanza de los últimos 15 o 20 años, los responsables directos de más 60,000, 80,000, 100,000 vidas, los criminales de guerra que operan en México para nuestra gran desgracia, son los narcos. Los que matan más periodistas de verdad en todo el país, mientras que Sean Penn se saca una linda foto, son los líderes del crimen organizado. Esos que sólo “se defienden”, para conservar un negocio que, consideran, será más durable que ellos mismos. Esos que una parte de la población quiere ver como modernos Robin Hood; que se deja llevar por que les tiran algunos billetes, mientras mandan ejecutar a algunas personas del otro lado del pueblo.

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