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Charlie Hebdo: El exceso de confianza frente al terrorismo

A un año del atentado contra la revista satírica, hay varias preguntas: ¿Se desestimaron las amenazas?, ¿se pecó de confianza? o simplemente ¿dejaron que sucediera?

07-01-2016, 8:21:57 AM
Charlie Hebdo: El exceso de confianza frente al terrorismo
Melchor Arellano

Hoy se conmemora el primer aniversario del condenable atentado a la revista francesa Charlie Hebdo, perpetrado por la rama yemení (que difundió un vídeo en el que felicitaba a los hermanos Kouachi, autores del ataque contra el semanario) de Al Qaeda. Varias preguntas flotan en el ambiente: ¿Hubo evidencias previas de que algo así podía ocurrir? ¿Existieron advertencias que se desestimaron? ¿Se pecó de confianza o falta de sensibilidad respecto de que los medios pueden ser blanco de actos fatales como este?

La revista gala era un blanco previsible del Estado Islámico (EI) o ISIS, en virtud de que un acto de tal naturaleza daría notoriedad o relevancia internacional en un país europeo, donde la comunidad musulmana es importante. Dicha posibilidad fue desestimada por la defensa o inteligencia francesa, en el resguardo de la seguridad interna.

El atentado contra la revista Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015 en su sede parisina tuvo un saldo de 12 muertos y 4 heridos. Fue una señal minimizada por el gobierno francés, creyendo que su seguridad interna era inexpugnable. Sobre todo, si tomamos en cuenta que el humor de la publicación descuidaba cualquier sutileza en sus contenidos, situación vigente aún después de los atentados del 7 de enero y 13 de noviembre del 2015, donde murieron más de 130 personas y alrededor de 415 resultaron heridas, perpetrado por ciudadanos franceses y belgas integrantes de ISIS.

El atentado contra Charlie Hebdó tenía tintes de finales macabros, puesto que para los musulmanes el contenido satírico del semanario galo era una ofensa contra Mahoma, que podría llevar al extremo del exterminio. Charlie Hebdo no ha variado sus contenidos contra los prejuicios raciales y religiosos, no solo en el mundo musulmán, sino en el cristiano, protestante, político y otros, pese al atentado sufrido en su sede.

En su última viñeta de aniversario se muestra a un Dios iracundo con sangre en sus manos y un fusil colgado a su espalda, bajo el titular “Un año después, el asesino aún está prófugo”.

El Papa Francisco condenó la portada, “no puedes provocar, no puedes insultar la fe de otros, no puedes burlarte de la fe”, declaró a la prensa durante una gira por Asia. Posteriormente, el Vaticano emitió un comunicado que dijo que los comentarios del Papa no pretendían ser una justificación del ataque.

Incremento del tiraje

Es cierto que tras el suceso la revista aumentó su edición de 60,000 a 7 millones de ejemplares, pero eso era algo previsible, merced al impacto mundial del suceso en sí mismo, al extenderse en la fuerza de las redes sociales. Sobre aquella funesta mañana sobresale el caso de Joachim Roncin, director artístico de la revista Stylist, quien tras el atentado, conmocionado, improvisó el mensaje sobre fondo negro de solidaridad Je suis Charlie, que compartió con 400 seguidores en Twitter y luego salió a almorzar. A su regreso, centeneras de miles de personas se habían apropiado del mensaje. Pasada una semana, eran más de siete millones los seguidores, incluidos Madonna, Elton John y George Clooney, por ejemplo. Dicho mensaje impregnado de espontaneidad, se convirtió en foto de perfil y cartel de protesta, mientras que Roncin se situó en el ojo del huracán mediático global.

El incremento en las ventas del semanario tras la tragedia fue innegable:

  • La revista se agotó en los quioscos franceses en minutos;
  • Grandes filas surcaban las calles para hacerse de la histórica edición que provocó el suceso, lo que amplió su tiraje a 7 millones de ejemplares;
  • Las redes se abarrotaron de lectores ansiosos por conocer “el móvil” de los hechos o “cuerpo del delito”, provocando una cobertura mediática impensada.

Mucho antes, el semanario había satirizado personajes y situaciones del mundo musulmán que lo colocaban como posible blanco de acciones terroristas. Su contenido, en suma, no era desconocido para musulmanes, público en general y tampoco debía serlo para la seguridad interna francesa y belga.

Luego entonces, no podemos negar que era previsible la comisión del acto terrorista, puesto que Francia, además de estar involucrada en Siria, tiene el mayor número de musulmanes en Europa occidental (8% de la población) y París es la ciudad europea con más atentados en los últimos 50 años. En medio de esa vorágine, Charlie Hebdó ha sido el medio satírico impreso más importante del país.

Hipótesis 

Podría aducirse que hubo exceso de confianza del medio impreso, pero no puede decirse lo mismo de la policía francesa. Se supone que la misma estaría investigando la comisión de un eventual acto de esa magnitud, donde:

a) Pudo dejar que ocurriera, suponiendo quizá presumiendo consecuencias exiguas, como daños materiales que propiciaran un cierre parcial de la publicación;

b) Lo permitió para aumentar (por “instrucciones superiores”) la ola de indignación contra el mundo musulmán, para facilitar una eventual intervención francesa ulterior (algo que parece macabro y de hecho lo es) en Siria; o

c) De plano la confianza de la no ocurrencia del suceso era tanta, que se pecó de inocencia. Esto último, no resulta creíble sino irrisorio. Por tanto, lo aceptable como posible, es que el atentado fue el costo de actuar a destiempo por parte de la seguridad interna francesa. Y como corolario podemos aceptar que, la libertad de prensa se afirmó como una causa fundamental en todo el mundo y la advertencia de que no es, puede ni debe convertirse, en marca publicitaria en medio de la tragedia.

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