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El terrorismo y su amenaza a la economía mundial

El analista Julio A. Millán considera que las organizaciones terroristas buscan socavar los Estados, y no solo crear una situación de pánico.

06-01-2016, 11:47:18 AM
El terrorismo y su amenaza a la economía mundial
Julio A. Millán Bojalil

Ante los grandes desajustes económicos que se viven en el mundo y la continuación de una guerra fría financiera, el terrorismo se está convirtiendo en un detonador de desajustes económicos, al que desafortunadamente le han incorporado aspectos religiosos, con lo que se vuelve una situación explosiva para la estabilidad de la sociedad.

La amenaza más visible en el siglo XXI es el terrorismo. Esto quedó patente tras los ataques del 9/11 y fue reafirmado con los múltiples ataques en París la noche del 13 de noviembre. En el año 2000 se contabilizaron 3,329 víctimas mortales en el mundo como consecuencia de ataques terroristas; en 2014 fueron 32,685, de las cuales el 78% se focalizó en Afganistán, Irak, Nigeria, Paquistán y Siria. La cifra de 2015 todavía no se cierra.

Estas naciones padecen una fuerte presencia de grupos terroristas, como Al Qaeda, Boko Haram y el Estado Islámico (EI). Sin embargo, este último ha alcanzado mayor notoriedad, no solo por la gravedad de los ataques en París, sino por el reto que su modus operandi representa.

En general, la percepción es que se trata de un proceso que proviene de fuera de las fronteras de cada país, pero la realidad es que muchos de los problemas que hoy se viven son originados por circunstancias internas y por la falta de políticas de largo plazo. Esto se está convirtiendo en un toma y daca de ataques y contraataques que distorsionan las estructuras económicas.

Se ha constituido un gobierno de facto sobre aproximadamente  5 millones de personas, que se está valiendo del descontento de jóvenes musulmanes en Occidente para reclutarlos a su causa, siendo las redes sociales su principal medio para difundir sus mensajes. En realidad, esto es el denominado Estado Islámico.

Ante esto, las fuerzas de inteligencia tendrán que aumentar la vigilancia y los gobiernos deberán adecuar sus legislaciones para afrontar la amenaza que pueden representar sus propios ciudadanos. Tras el ataque al World Trade Center, el gobierno estadounidense puso en marcha estrictas y polémicas medidas, incluso de espionaje (la “Ley Patriota”), y es posible que Europa siga el mismo camino, con el fin de no solo evitar pérdidas humanas, sino daños colaterales en otros ámbitos.

Las consecuencias más devastadoras de los ataques terroristas son las vidas humanas pérdidas. Sin embargo, este uso sistemático del terror tiene también importantes consecuencias de tipo económico, con las cuales los grupos terroristas buscan coaccionar a gobiernos y sociedades. 

Dentro de las actividades económicas que se pueden señalar está la disminución del comercio regular, desajustes financieros, pérdida de inversiones, incremento de tráfico de armas y turismo; el impacto en este es muy significativo. Un ejemplo claro fue que el lunes posterior a los ataques de París, en el índice S&P 500, las empresas de este sector fueron las que más perdieron, sobre todo las aerolíneas. Sin embargo, los efectos en esta industria tienen un mayor impacto en el largo plazo, máxime para economías que dependen en buena medida de las divisas de los turistas.

La inestabilidad política y la presencia de grupos terroristas han impactado en el número de visitantes en Egipto, cuya economía depende fuertemente de los ingresos turísticos. En 2011, los ingresos por esta vía fueron superiores a los 13,000 millones de dólares (mdd); los pronósticos para este año estiman apenas lograr 8,000 mdd.

Este país, valioso aliado de Occidente contra grupos fundamentalistas, reportó en octubre pasado que sus reservas se encuentran en un bajo histórico de 16,400 mdd, lo que apenas cubriría un trimestre de importaciones.  Con los recientes ataques, como el sufrido por connacionales mexicanos y el vuelo ruso KGL9268, siniestrado sobre el desierto del Sinaí, es probable que la pérdida de ingresos sea mayor, afectando la economía, creando mayor incertidumbre y conflictos internos, situación ideal para que los grupos terroristas ganen más adeptos y presencia. Los grupos terroristas florecen en situaciones donde reina el caos; prueba de ello fue el rápido crecimiento del EI en una Siria fraccionada. Un caso similar es el que puede enfrentar Turquía, nación que recibe anualmente un promedio de 4.5 millones de visitantes rusos.

Estos casos muestran cómo las organizaciones terroristas buscan socavar  los Estados. No solo se trata de crear una situación de pánico, sino que a esta se busca sumarle un mayor descontento social a causa de afectaciones económicas. Así, ante los ojos de una población en estado de alerta, sus autoridades se muestran ineficientes, y un gobierno debilitado es un blanco más fácil.

Ante ello, y por complicado que pueda resultar entenderlo, es crítico no cegarse ante el miedo ni creer que se puede dialogar. Estos grupos buscan la caída de los Estados y la destrucción de los modos de vida de las sociedades; no existe punto medio. Por ello, los gobiernos deben contar con elementos para mitigar los efectos negativos que se generan por esta amenaza.

Para nuestro país son muy positivas las señales brindadas por las autoridades hacendarias sobre los elementos de fortaleza con los que cuenta la economía nacional, ante la volatilidad que está generando el terrorismo en el mundo, tales como las reservas internacionales o las líneas de crédito que están abiertas.

Si la Unión Europea endurece los controles fronterizos dentro del espacio de Schengen, afectando tanto la actividad turística como los movimientos de mercancías, su economía –que aún no se recupera de la crisis y crecerá apenas 1.8% este año y 1.9% en 2016– sufriría. Esto tendría impactos en el resto de la economía global.

Adicionalmente, no se debe olvidar el flujo de refugiados, que se ha convertido en un tsunami migratorio, y que siguen escapando de las zonas de conflicto, más el hecho de que para las economías que los han recibido implicará un costo integrarlos. Por todas estas consideraciones, el blindaje con el que cuenta la economía mexicana en este escenario es bastante positivo.

Combatir la inestabilidad y darle seguridad a las poblaciones requerirá de un esfuerzo global considerable. Se deberá contar con una importante estrategia de control político, económico y de inteligencia financiera para reducir las fuentes de financiamiento de los grupos subversivos.

Esta coyuntura mundial debe servir para replantear el rol de las instituciones internacionales, como el Consejo de Seguridad de la ONU, con la finalidad de actualizar sus marcos normativos a los nuevos retos del siglo XXI. Lo único a lo que se debe temer es al miedo mismo. No nos permitamos caer en decisiones irracionales, pues es ello lo que persiguen estos grupos.

El columnista es presidente del Consejo de Administración de Coraza Corporación Azteca. Estudió Economía en la UNAM y realizó estudios de comercio exterior, productividad y análisis económico en Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón.

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