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Opinión

Alianza del Pacífico: ¿Otro tratado de membrete?

México y Brasil lideran en la región intereses políticos e ideológicos diferentes y se disputan la bonanza de las proyecciones comerciales. ¿Hacia dónde se inclinará la balanza?

04-01-2016, 10:40:05 AM
Alianza del Pacífico: ¿Otro tratado de membrete?
Melchor Arellano

En el actual escenario mercantil de Latinoamérica, llama la atención la creación de la Alianza del Pacífico (AP) entre países cuyo sistema económico y social responde al neoliberalismo versus uno de “corte socialista” en la región, como serían los integrantes del Mercado Común del Sur (Mercosur), liderados por Brasil.

Los miembros de la AP son México, Colombia, Perú y Chile, con la adhesión posterior de Costa Rica, que había estado en calidad de observador. Brasil, además de cabeza del Mercosur, es rival de México en términos de liderazgo mercantil y político ideológico en la región. Ambos se disputan la bonanza de las proyecciones comerciales hacia la región del Asia Pacífico y la primacía en la defensa de sus intereses políticos e ideológicos en la zona.

Los cariocas (sumidos en la peor crisis de los últimos años) han logrado atraer, con la simpatía y apoyo de Cuba, al resto del Cono Sur, así como parte de Centroamérica y el Caribe a un especia de “socialismo a la sudamericana” (recientemente cuestionado con el triunfo de la derecha en Argentina y el revés legislativo de Maduro en Venezuela).

Los mexicanos estarían enviando el mensaje de que si los brasileños invaden el traspatio nacional (Centroamérica y el Caribe), estos últimos harían lo propio con los brasileños en Sudamérica. También resulta curioso que México, siendo miembro del TLCAN e instrumentos mercantiles más importantes, se embarque en una alianza comercial con países del Cono Sur con los que guarda una relación económica simétrica. ¿Eso lo llevaría a consolidarse como potencia mercantil en Sudamérica y el mundo mismo?

México busca contener avance de Brasil

Ideológicamente el caso debe evaluarse también, en el marco de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde se juega a fondo el liderazgo político diplomático regional y donde Cuba se ha vuelto actor relevante.

México, es el país con el mayor número de tratados mercantiles firmados en el mundo (aunque no cumpla sus objetivos ni los lleve a la práctica, pero firma a diestra y siniestra) que involucran a casi medio centenar de países, pero cuyo grueso del comercio exterior lo realiza en el seno del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Actualmente, nuestro país cuenta con una red de 12 tratados de libre comercio con 45 países y recientemente concluyó la negociación del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), integrado por 11 naciones. Asimismo, ha firmado 30 acuerdos para la promoción y protección recíproca de las inversiones (APPRIS) y 9 acuerdos de alcance limitado (como son los acuerdos de complementación económica y acuerdos de alcance parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

También, participa en organismos y foros multilaterales y regionales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y ALADI misma. Ello debería traducirse una diversificación mercantil única en el mundo, con beneficios ampliados al ámbito sociocultural del país en el concierto de las naciones. No obstante, su presencia en el mercado global se reduce a un 86.7% (otros señalan 84.99) de su intercambio con Estados Unidos y en el ámbito regional, menos del 4% con América Latina. De ahí entonces que llame la atención el hecho inusitado de firmar una alianza mercantil como la AP que, en el tintero, no le significan al país un crecimiento y fortalecimiento potencial de su presencia comercial en el globo.

Se infiere más bien, un afán por contener el avance de Brasil en la región, para afirmar su presencia en dicha zona que un esmerado y añorado interés por formar parte de un grupo de países, donde se vislumbren beneficios reales o efectivos en el plano mercantil (incluyendo turismo y transporte), sino en las esferas política y diplomática. En realidad, le muestra la cara al enemigo de modo evidente y carente de beneficios globales efectivos. Al menos, eso refleja de inicio.

Magro intercambio

El intercambio de México con los miembros de la AP alcanza 11,525 millones de dólares (mdd), que representan un ínfimo 1.44% del su volumen total de comercio exterior, que alcanzó la cifra récord (Secretaria de Economía e INEGI) de casi 800,000 millones de billetes verdes en 2014, lo cual significó un aumento de 4.8%, respecto al 2013. Por su parte, el comercio global de los integrantes de la AP alcanzó el año pasado 21,000 mdd, que representan 2.62% del volumen total del intercambio mercantil de nuestro país con el mundo.

En términos de transporte marítimo, aéreo y terrestre, el volumen de mercancías y personas movilizadas es ínfimo para las expectativas generadas de romper el cerco del Mercosur y detener a los brasileños. La movilidad terrestre y marítima es muy baja y la aérea, no representa al parecer una oferta atractiva para la única aerolínea del país (Aeroméxico) volando hacia Sudamérica.

México tendría que abrir significativamente sus puertas al intercambio con los miembros de la AP, para crear un frente mercantil real que contenga la fuerza del Mercosur y haga viable el incremento de su propio comercio exterior, con la zona y en conexión de esta con el mundo.

Requiere generar diversas espirales hacia otras regiones del mundo que atraigan a los socios de la AP hacia una mayor participación. La pregunta es, si el país estaría dispuesto a compartir el pastel que le representa el TLCAN, Foro de Cooperación Económica Asia- Pacífico (APEC), la Unión Europea (UE), el TPP y otras alianzas mercantiles para beneficiar a los integrantes de la AP. Creemos que no.

La realidad es que la AP es una simulación mercantil para detener a los cariocas ideológicamente. De fracasar, dejaría a la AP como un instrumento más de México en su jerga suscriptora de tratados, acuerdos y alianzas mercantiles en el globo, pero nada más.

En lo político ideológico, la estrategia le ha funcionado a medias puesto que CELAC se roba la fuerza política de la región. En todo caso, el foro político diplomático por excelencia sería la CELAC misma, mediante el cual se creó un sistema de comunicación, diálogo frecuente y fluido donde se magnifican amistad, cooperación e intercambio cultural.

En suma, dicho mecanismo intergubernamental implica:

a) Un ente de diálogo y concertación política;

b) Mecanismo articulador que labora sobre la base del consenso;

c) Foro para avanzar en la convergencia de acciones e intereses comunes;

d) Plataforma que facilita mayor presencia de AL en el mundo.

Un espacio ideológico, más que mercantil

La AP le permitiría a México más bien convertir un espacio mercantil en político ideológico para avanzar hacia una mayor presencia y liderazgo regional, con socios que no están dispuestos a asirse a un modelo socialista. La AP a instancias de México, se convierte (al menos en tentativa) en espantapájaros de Brasil, buscando fortalecer la contención ideológica y política de este último, cuyos resultados habrán de verse a mediano y largo plazos.

Asimismo, México llevará siempre implícita en sus actuaciones, la advertencia a los brasileños de: “si invades mi terreno invado el tuyo y puedo incidir políticamente en el seno de la CELAC, hasta alcanzar mi objetivo de ser el líder regional”.

Lo único cierto, es que la relación entre México y Brasil ya no será igual: mediará ad perpetuam una pugna permanente por el control ideológico político y mercantil de América Latina y el Caribe, donde mucho tendrá que ver la presencia china y rusa para inclinar o no la balanza a favor de los cariocas.

La palabra la tiene México, si a contrariu sensu, despliega una estrategia diplomática inteligente para atraer a chinos y rusos, sin renunciar a su ideología capitalista en su fase del neoliberalismo, podría salir victorioso. En términos reales, la verdadera guerra política e ideológica entre brasileños y mexicanos se librará (ganará o perderá) en el seno de la CELAC. Ese es uno de los retos formidables de México en el nuevo siglo.

 

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