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Jiménez Deredia, escultor monumental, en México

El artista contemporáneo más importante de Costa Rica, nos habló de su exposición Una Génesis para la Paz, que se exhibirá en el corredor Bellas Artes-Monumento a la Revolución, en DF.

24-11-2015, 4:18:06 PM
Jiménez Deredia, escultor monumental, en México
Ulises Navarro y Claudia Cerezo

El Vaticano seleccionó al maestro Jiménez Deredia para labrar una escultura monumental de san Marcelino Champagnat, fundador de los Maristas. No cualquier artista tiene ese privilegio. Jiménez Deredia es el primer latinoamericano en instalar una escultura en el Vaticano. Su obra se encuentra en 16 países y ha realizado alrededor de 55 exposiciones individuales en distintas ciudades del mundo. 

La vida de este escultor puede sintetizarse así: un niño nacido en una pequeña provincia de Costa Rica parte en la búsqueda de sí mismo. Viaja a Italia, becado por este gobierno, para trabajar la técnica del mármol. Ahí encuentra su identidad cultural y hoy espera dejar una huella de su visión en sus esculturas.

De visita en nuestro país para presentar la exposición monumental Jiménez Deredia: Una Génesis para la Paz, en la ciudad de México, el escultor costarricense, cuyo nombre real es Jorge Jiménez Martínez, platicó con Alto Nivel sobre su exposición Una Génesis para la Paz. Aquí un fragmento de la entrevista (puedes encontrarla completa en nuestra versión impresa de diciembre).

¿Cómo nace la exposición Una Génesis para la Paz?

Fue un sueño que tuvimos después de haber presentado en Roma una gran exposición: La Ruta de la Paz. Este proyecto está conformado por 60 obras que recuperan símbolos espirituales: ideas, mitos, leyendas y tradiciones de las culturas que se desarrollaron en el continente americano, desde Canadá hasta el archipiélago de Tierra del Fuego. 

La Ruta de la Paz trata de traducir, de renovar esos símbolos y llevarlos a la sociedad contemporánea. Fue lo que hizo el Renacimiento: símbolos griegos y romanos, como la columna y el arco de medio punto, fueron reelaborados y llevados a la sociedad moderna que surgía en ese momento. El continente americano ha creado muchos símbolos a lo largo de su historia, pero nadie los había unido y traducido para la sociedad actual.

La exposición que presentamos en la ciudad de México se vincula con La Ruta de la Paz y su misión es transmitir un mensaje de esperanza, armonía y paz. Por eso, en mi obra empleo elementos de unión, como el círculo y la esfera, que representan la unidad. Conaculta y el INBA entendieron mi filosofía y movieron las piezas necesarias para traer la exposición a México.

¿Por qué era importante traer este proyecto a México?

Porque México fue motivo de inspiración: el juego de pelota, las culturas maya y mesoamericana… Además, la ciudad de México es la capital que podía entender mejor el proyecto, desde el punto de vista cultural, porque siempre ha incorporado sus tradiciones en el arte. Por estas razones, México es el segundo país, después de Italia, en albergar la exposición.

Las obras monumentales se están exhibiendo en cuatro puntos de la ciudad de México: la Plaza de la República, el Paseo de la Reforma, la Alameda Central y la explanada del Palacio de Bellas Artes. Son 15 grupos de esculturas en mármol y bronce que han sido traídas en transportes especiales desde Italia. Algunas de ellas pesan 60,000 kilogramos. 

¿Cómo se financia un proyecto de esta jerarquía?

A través de la unión de fuerzas. Una exposición de este tipo cuesta un dineral, pero tuvimos el apoyo del INBA y del señor Ricardo Salinas Pliego, a través de Fomento Cultural Grupo Salinas. Otra parte del dinero la pusimos nosotros, porque mi destino es este. Un número más alto o más bajo en mi cuenta no me cambian en absoluto, porque solo necesito un pedacito de pan y de queso para comer, y una cama para dormir. No más. Los números sirven simplemente para realizar mis sueños.

Yo creo que los grandes proyectos se financian por los esfuerzos de la gente que cree y confía en ellos.

¿Cuánto tiempo le lleva realizar una obra monumental?

Normalmente, entre ocho meses y un año, trabajando 10 horas diarias. Por lo general, mis asistentes son jóvenes que acaban de salir de la academia y que no pueden vivir del arte. Entonces se acercan a mi taller para aprender a realizar obras a escala monumental, porque eso no te lo enseñan en la academia. 

Una vez que han aprendido, les pido que se independicen y que abran sus talleres propios. Yo les doy el trabajo para que puedan vivir mientras hacen su trabajo como artistas. Ellos me ayudan a hacer las ampliaciones, las soldaduras o a poner puntos con tres compases para dimensionar profundidades.

Generalmente trabajo tres o cuatro piezas grandes a la vez y por eso necesito varios asistentes. Es todo un trabajo de equipo, de colaboración y de respeto. Todos los días me levanto a las cuatro de la mañana para trabajar en mi taller, pero las obras las hago fuera, en diferentes talleres en Carrara y Pietrasanta.

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