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Opinión: ‘Prohibido llorar por los franceses’

La policía de la conciencia dice que no te solidarices con París, si no te conmovió igual el atentado en Beirut. ¿Es posible interesarnos más por unos que por otros?

17-11-2015, 7:49:43 AM
Opinión: ‘Prohibido llorar por los franceses’
Jorge Arturo Monjarás, Editor de Finanzas de Alto Nivel

Está prohibido. La policía de la conciencia ya dio su veredicto. No es posible que te solidarices con la gente de París, porque no te conmovió igual el atentado en Beirut, apenas unos días antes.

No te atrevas a protestar contra el terrorismo en Europa, porque no estás poniendo atención en Irak, en África, en Guerrero, en Ecatepec. ¡Pero cómo te quejas por el atentado contra la revista Charlie Hebdó, si no han resuelto los asesinatos en la colonia Narvarte!

Estos expertos en todo lo que acontece en el mundo se quejan de que los medios, que ya has de saber cómo estamos todos cooptados por el poder, no nos ocupamos de lo importante, en el orden y con el peso que, naturalmente, ellos saben que debería darse. De paso, no tomamos como propias sus teorías de la conspiración, que son la verdad irrefutable.

De nada sirve que se demuestre que la cobertura de los ataques en Beirut estuvo ahí, en toda la prensa, cuando ocurrió. Así sucedió también con las matanzas en el sur de Irak, en Afganistán y aquella terrible tragedia en un colegio en Pakistán.

Porque los 43 de Ayotzinapa pesan más que los 72 migrantes centroamericanos asesinados en un auténtico campo de concentración en San Fernando, Tamaulipas, quizá porque no se le puede echar la culpa tan directamente al Estado. O bien, pesan más que el hombre que murió quemado en una gasolinera tomada por normalistas en Guerrero.

No importa, por cierto, que algunos parisinos se hayan solidarizado con los 43 en su momento, porque son aliados de los gringos, así que no se merecen tanto amor. Lo correcto, por supuesto, es indignarse por las niñas secuestradas por Boko Haram, porque son de África y no están alineadas a ese monstruo terrible que es Occidente. No importa que en Ecatepec sean cientos de niñas las que han desaparecido.

Así que ya sabes, espera una buena señal para saber si puedes quejarte por la ola de asesinatos en Guerrero, o por los turistas rusos derribados en su avión, o por el hombre que amaneció colgado en un puente en Iztapalapa. La policía de la conciencia te dirá si hacerlo es propio del pueblo indignado o de un pobrecito manipulado por los medios y los poderosos.

Uno pensaría que lo correcto, lo humano, sería indignarse por cada uno de estos hechos, pero no; por los franceses no te acongojes, está prohibido.

¿Por qué nos importó Francia?

¿Es posible, acaso, que nos interesen más alguna tragedias que otras sin tener sentimiento de culpa? Se me ocurren dos razones importantes por las que el atentado en Paris me conmovió más.

1) La obvia cercanía cultural, lingüística e histórica con los franceses. Compartimos mucho más en común; somos parte de Occidente, por más que le duela a algunos. La universalidad, el abrirnos a otras culturas y pueblos, no tiene nada que ver con sentir más “nuestro” a un grupo. ¿Qué no nos sentimos más cerca de los países Latinoamericanos?

Aun así, ésta no me parece la razón más poderosa. El atentado en París duele porque pega en algo más importante: nuestro futuro como sociedad:

2) Francia, Europa entera es, hasta cierto punto una aspiración para los países en desarrollo. Una región con paz y estabilidad, donde se puede vivir, a pesar de estos años de crisis económica. Seguridad social, salud, educación, muy baja criminalidad, orden, pobreza muy baja o moderada. Podremos criticar tal o cual comportamiento de estos pueblos, pero han sido en las últimas décadas un indicador de a dónde se puede llegar con democracia, respeto a la ley, libertad individual, respeto a la propiedad. Es aquí donde los valores que quisiéramos adoptar parecen dar fruto. Por ello, verlos atacados por el salvajismo nos duele. Si ellos no pueden estar en paz, qué nos espera. Europa es en el imaginario de muchos un territorio más culto, más sofisticado, más avanzado incluso que Estados Unidos, con sus pistolas, su policía violenta, sus cárceles de terror.

Quizá no queremos un París en llamas porque estaríamos viendo apagada una opción de futuro como nación, una vida que podríamos tener en México (con nuestras propias variantes, por supuesto) si lo hacemos todo bien. Y ese sentimiento no produce ninguna culpa.

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