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¿Por qué Santa Fe apesta?

Lo que pudo ser la zona más moderna de la capital, se convirtió en un fracaso urbano desordenado y mal planeado.

10-11-2015, 8:44:10 AM
¿Por qué Santa Fe apesta?
Jorge Arturo Monjarás, editor de Finanzas

Es cierto que Santa Fe ya no huele como hace 20 años, cuando lo único que había ahí era la Universidad Iberoamericana, la Colina del Perro y un primer tramo de la carretera México – Toluca, todavía a cargo de Tribasa.

Ahora no apesta a basura, como en aquel entonces, cuando por los respiraderos del relleno sanitario emanaban vapores pungentes. Esta vez huele a corrupción y, sobre todo, al triste desperdicio de una buena oportunidad para hacer las cosas bien desde el principio.

Los gobiernos de la ciudad de México en las últimas dos décadas tuvieron la oportunidad de diseñar un nueva área de esta urbe (quizá la última) desde los cimientos, en una época en donde los conceptos más avanzados de ordenamiento urbano ya estaban disponibles. Pudieron hacer una zona amigable al transporte no motorizado, cruzada por transporte público suficiente y ordenado, cambinable, bien comunicada con el resto de la ciudad, ecológicamente sustentable… un modelo de ciudad para el siglo XXI, que pudiera reproducirse en otros rincones del país. Tenían un solo trabajo y fracasaron.

El desastre de Santa Fe debiera compilarse en un estudio de caso sobre cómo, a pesar de tener todos los conocimientos y las ideas más avanzadas en diseño urbano disponibles, una ciudad escogió fabricar otra cara más del mismo monstruo. Una cosa creada sólo para automóviles que ya desde hoy sufren atorones por un pésimo diseño de calles y avenidas, con banquetas de metro y medio de ancho que son una pesadilla para los peatones. Un bodrio en donde caminar es prácticamente imposible, a menos que seas aficionado a los deportes extremos o te guste arriesgar la vida.

Un centro de “islas” suburbanas en donde más vale la pena poner un Oxxo en cada edificio habitacional, porque de lo contrario ir por un refresco implicaría subirse al coche, y en donde sus habitantes procuran tener gimnasios y restaurantes dentro del complejo por la misma razón.

Un lugar en donde se destruyeron cerros enteros para hacer edificios, se tallaron verdaderos acantilados, túneles y puentes para unir centritos comerciales con centrotes comerciales, oficinas y muchos departamentos.

Una zona que expresa más que ninguna otra la desigualdad. En donde miles de personas que no pueden vivir en Santa Fe se ven obligadas a acudir diariamente a trabajar por medio de un precarísimo sistema de transporte público, a través de dos vías a punto de la parálisis, como son Constituyentes y Reforma. O bien, si tienen suerte, deberán tomar el transporte de la empresa, esos cientos de camiones amarillos, para subir y bajar de Santa Fe, que son un monumento al transporte ineficiente.

Un lugar que transformó a las Lomas de Chapultepec y a la Tercera Sección del Bosque en un mero lugar de paso, y que dejó encerrada en el limbo a las comunidades de clase media baja en Observatorio y Tacubaya.

Y ahora, un lugar que se está desgajando, producto de esta mala planeación y de la corrupción en los permisos de construcción, lo cual la convertirá en un foco de demandas penales y civiles a constructores y desarrolladores.

Parece mentira que los autores de todo esto fueron los gobiernos de izquierda, los más allegados a la sustentabilidad ecológica y social, los más humanistas, los que tratan a como dé lugar de “arreglar” de alguna forma a la ciudad de México por medio de bicis y metrobuses. Fueron los gobierno perredistas de Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y Miguel Mancera los que vieron crecer el tumor que hoy es Santa Fe.

Imagínate un juego de SimCity: tuvieron el tablero vacío, el terreno llano, la oportunidad nueva, y lo hicieron completamente mal.

Claro que son responsables. Jurídicamente debieran responder no sólo por las demandas que resulten de los deslaves en Vista del Campo, sino por haber creado un engendro.

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