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Maneja tus conflictos con inteligencia emocional

Siempre habrá cosas que en el día a día te rebasen, sin embargo, la emoción y el impacto pueden ser distintos si consideras estas tres preguntas antes de estallar.

30-10-2015, 7:31:02 AM
Maneja tus conflictos con inteligencia emocional
Marcela Hernández y Hernández, Coach Empresarial y de Vida

A todos nos suceden cosas que nos rebasan, nos afectan y no sabemos o no podemos afrontarlas. La emoción y el impacto son tan fuertes que la situación se nos sale de las manos.

Afortunadamente -para estos casos- los seres humanos nos valemos de ciertas estrategias para salir adelante. Desde el punto de vista del psicoanálisis se les conoce como mecanismos de defensa y se definen como las técnicas del inconsciente, encargadas de minimizar las consecuencias de eventos demasiado intensos, para que el individuo pueda continuar con sus funciones.

Aunque de momento son muy útiles, el riesgo es que nos excedamos en su uso. Pueden ser los perfectos aliados para ayudarnos a enfrentar – momentáneamente – algunas situaciones difíciles, pero no debemos de permitir que se conviertan en un patrón de conducta y que distorsionen nuestra visión de la realidad o incluso nuestra identidad.

¿Herramienta o muleta?

Los mecanismos de defensa, nos ayudan a contener las emociones en un momento de crisis, para poder continuar funcionando de manera “normal” y no desbordarnos, sin embargo, contener no es sanar. Lo que las emociones requieren es de un proceso que las resuelva, que las trascienda y que obtenga de ellas los aprendizajes necesarios para ayudar al crecimiento y desarrollo personal.

Su mayor ventaja es que protegen nuestras emociones frente a lo desagradable, pero al mismo tiempo nos bloquean la posibilidad de actuar de una manera más creativa ante situaciones de riesgo o dolor.

Proyección, represión, negación, sublimación,  racionalización, identificación, formación reactiva: son algunos de los principales mecanismos de defensa.

Aunque se tratan de respuestas automáticas e inconscientes que buscan salvaguardar nuestro equilibrio psicológico, podemos detectar en qué momento nos están ayudando y en qué momento pueden ser una forma de autoengaño.

A continuación algunas preguntas que pueden ayudarte a hacerte consciente de tus mecanismos de defensa para hacer frente a tus conflictos y emociones:

1. ¿Qué parte de la realidad no quieres reconocer?

Nos valemos de la negación para “sacar” de nuestra mente aquello que nos lástima o que consideramos inaceptable en nuestra vida.

No podemos controlar todo lo que nos sucede, lo único que está en nuestras manos es la actitud que tomaremos ante lo que nos pasa. El primer paso es aceptar nuestra realidad.

2. ¿Qué aspectos no toleras de ti mismo?

Lo que te choca te checa. Mucho de lo que nos molesta de otros, tiene relación con aspectos que vemos en nosotros mismos. Nos espejeamos y cómo no podemos aceptarlos en nosotros, los proyectamos en los demás.

La próxima vez que te encuentres juzgando al otro, reflexiona qué parte de ti estás viendo reflejada en el otro.

3. ¿Cuál es tu parte de responsabilidad en el problema?

La racionalización es uno de los mecanismos de defensa más comunes.  Lo utilizamos para encontrar justificaciones y excusas a nuestras acciones o a la falta de éstas. 

Un buen ejercicio es analizar la situación de manera objetiva, pensar en qué factores fueron ajenos a ti y qué parte del problema sí estuvo en tus manos.

Las emociones  y conflictos se resuelven, no se evaden, niegan o reprimen. Quizá por unos instantes está bien tomarnos un “tiempo fuera”, utilizar alguna estrategia para contenerlas, pero ese tiempo no debe de ser muy largo.

Una vez que nuestro cuerpo, mente y espíritu han cargado energía para continuar con su ritmo natural, es importante que sepamos soltar estos mecanismos de manera que seamos nosotros quienes hacemos uso de ellos y no al revés.

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