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El tropiezo de China y los esfuerzos por avanzar

Al reventar la burbuja bursátil, el mundo se preocupó verdaderamente por el futuro de China. Pero no se aprecia ninguna caída fuerte en su economía real.

28-10-2015, 4:45:17 PM
El tropiezo de China y los esfuerzos por avanzar
Por Melchor Arellano

Para comprender el aciago verano de la bolsa de valores china convendría hacer una revisión de lo que implica el mercado bursátil para este país y las expectativas que ellos mismos tienen sobre su economía. Luego, contrastarla con las expectativas de Occidente, y la relación cada vez más estrecha entre el crecimiento global y el chino. Al mundo le preocupó mucho que el catarro de China se le contagiara en forma de pulmonía.

La caída

De un máximo de 5,166 puntos el 12 de junio, la bolsa de Shanghái cayó 47%, hasta llegar a 3,507 unidades el pasado 7 de agosto. La razón: algunas señales de que el ritmo de la economía ya no era tan vigoroso y bajaría del 7% proyectado, así como la creciente aversión al riesgo entre los inversionistas, que no encontraron razones para seguir apostando por múltiplos tan altos.

En las semanas siguientes, el gobierno intervino el mercado bursátil de diversas formas: por medio de los bancos locales y los fondos de inversión y también directamente, a través de algunas agencias gubernamentales. Su esfuerzo no cumplió el objetivo: tras una ligera recuperación, la bolsa bajó aún más.

La medida fue contraproducente por varias razones: primero, un alza artificial de los precios vuelve inefectivo cualquier intento de valoración de un instrumento, es decir, nadie sabe cuánto cuesta cada valor, ni cuándo las autoridades decidirán apoyar una acción en lugar de otra. Segundo, se transmitió una imagen de pánico. Si el gobierno estaba gastando miles de millones de dólares en apuntalar su bolsa, ¿no estaría escondiendo algo peor?

En medio de este proceso, las medidas ortodoxas del banco central, como la baja de su tasa de referencia, si bien correctas, fueron interpretadas como un signo más de preocupación. La culminación fue la devaluación de 2.6% en el yuan, acción que provocó una fuerte volatilidad en los mercados durante dos semanas. El nerviosismo no culminó sino hasta el 10 de septiembre, cuando el primer ministro Li Keqiang tuvo que llamar a la calma. Ante el World Economic Forum, dijo que China sería una fuente de crecimiento, no de riesgo para el mundo, y que se proponía cumplir sus metas económicas para el año.

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China y el mundo

Las palabras tranquilizadores del premier ya habían sido pronunciadas en México, desde más de un mes antes. En medio de la incertidumbre, el 29 de julio, en el Foro de Comercio Exterior, “Asia, un Mercado de Oportunidades”, el embajador de China en México, Qiu Xiaoqi, aseguró que la interdependencia observada entre la economía china y la mundial se vuelve cada vez más estrecha. Baste mencionar que la tasa de contribución de este país al crecimiento del mundo ronda 28%.

El diplomático explicaba desde entonces que “las bolsas registraron una fuerte volatilidad debido a las correcciones del mercado después de la racha alcista en los últimos meses, el desapalancamiento financiero y la volatilidad en el mercado financiero internacional”.

Para allanar el camino a la solución, “las autoridades reguladoras han adoptado (…) medidas categóricas destinadas a estabilizar el mercado bursátil. China actuará con firmeza para evitar cualquier riesgo financiero sistémico y regional. Hará esfuerzos para fomentar un desarrollo sano y estable de los mercados de capital y consolidar la tendencia a la estabilización y mejora de su economía”.

Si bien las medidas, que implicaron una reducción de 96,000 mdd de las reservas de China, no hicieron mucho por las bolsas de Shanghái y Shenzen, la calma volvió a reinar.

Con un comercio exterior que supera los 4.3 billones de dólares en 2014 (el de EU ronda los 5.1 billones y el de México los 800,000 mdd, por comparar), cualquier cambio en la expectativa de importaciones china derriba los precios de las materias primas.

Los principales socios comerciales del gigante asiático son Estados Unidos, Japón, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Alemania y Australia. Con América Latina, el comercio bilateral asciende a 263,600 mdd y su inversión en la región supera los 98,000 mdd.

Por ello, cuando comenzaron a circular estudios que predecían que el crecimiento chino no llegaría a 7% este año, las ventas de acciones estallaron en el mercado bursátil. La bolsa de Shanghái dispone de unos 5,000 títulos diferentes, pero -como cualquier mercado bursátil- no está necesariamente conectada a su economía real. De hecho, los rumores de una burbuja llevaban meses y los múltiplos eran demasiado altos para incluso la mejor perspectiva.

El problema fue precisamente que el gobierno chino escogió no distinguir el problema cuando lanzó miles de millones de dólares en apoyo de su economía, su sector bancario e industrial y sus bolsas. Las cosas parecen haberse distendido justo cuando las autoridades comenzaron a separar temas.

Parece un hecho que China deberá acostumbrarse a crecimientos menores en el futuro, pero es claro que la caída no será precipitada. El movimiento en el yuan parece haber dado un estímulo inmediato a las exportaciones y a la balanza comercial. Falta ver qué pasaría en un escenario con mejores crecimientos en Estados Unidos y Europa, como podría darse en 2016.

Por lo pronto, el segundo trimestre pudo reportarse nuevamente con 7% de crecimiento en China y, si bien todos prevén un ritmo menor en la segunda mitad del año, no sería difícil un rebote el próximo. La capacidad instalada sigue ahí, y podrá arrancar echando mano de materias primas muy baratas.

Al ir en dirección contraria, la política monetaria china y la estadounidense parecen estar amortiguándose mutuamente.

Además, el banco central todavía tiene a la mano la herramienta de las tasas de interés. Los analistas predicen que esta tenderá a bajar en los próximos meses, pero no hay tantas probabilidades de que Asia entre en una nueva ola de expansiones cuantitativas como Europa.

Despertar en el tiempo

En la última década, a China no le bastan sus 9.6 millones de kilómetros cuadrados de territorio. Por ello, su gobierno se lanzó a la conquista de nuevos mercados con dos propósitos fundamentales: vender sus productos y comprar recursos naturales (materias primas).

En los últimos años, las máximas autoridades chinas han visitado América Latina, asistiendo a todos los eventos posibles, como la cumbre celebrada en Brasilia en 2014, de la cual surgió la Asociación de Cooperación Integral, bajo los principios de igualdad, beneficio recíproco y prosperidad común

El presidente Xi Jinping adelantó iniciativas de cooperación financiera de su país y Latinoamérica por un valor de 35,000 mdd, con dos metas:

a) aumentar el comercio entre ambas regiones a 500,000 mdd en la siguiente década

b) incrementar su inversión en la región a 250,000 mdd. 

En la reciente visita de Li Keqiang a Brasil, Colombia, Perú y Chile se habló de obras como el ferrocarril transoceánico, que uniría los puertos de Brasil en el Atlántico con los de Perú, en el Pacífico, así como decenas de proyectos sobre energía, minería, infraestructura e innovación científica y tecnológica. Como corolario, se anunció un Fondo Especial de 30,000 mdd para financiar proyectos productivos.

Modelo 3×3

Li Keqiang fue más lejos, al proponer el Modelo de Cooperación Productiva 3×3, que consiste en desarrollar tres áreas estratégicas: logística, energía e informática, por medio de la interacción proactiva entre empresas, sociedad y gobierno. Para ello se habló de consolidar tres instrumentos de financiamiento: fondos, créditos y seguros.

Este modelo define el futuro de cooperación entre China y América Latina. La colaboración en materia industrial suena atractiva ante la necesidad de generar empleos y dar valor agregado a las materias primas que produce la región. De suyo, la construcción de infraestructura, como puertos y vías terrestres, tiene grandes perspectivas.

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De concretarse el modelo 3×3, la región tendrá grandes oportunidades y la posibilidad de salir de la pobreza. Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, considera importante que China esté presente en todos los proyectos de infraestructura que su país está licitando. Igual pasa con Brasil, tras la asistencia de China a la Cumbre de los BRICS, en la que se acordó crear un banco para financiar proyectos de infraestructura.

¿Y México qué lugar ocupa? ¿Cuánta inversión capta nuestro país? Según estadísticas, México solo recibe el 0.1% de la inversión extranjera directa del gigante asiático. China evita a México porque falta transparencia en el tema de inversiones y las reuniones entre ambos países no concluyen en acuerdos serios.

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