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Industria aeroespacial: ¿Generadora o maquiladora?

La coyuntura internacional en materia aeroesapacial impone a México la necesidad de replantear las expectativas. ¿Vamos por una industria fuerte o seremos maquiladores?

28-10-2015, 8:31:01 AM
Industria aeroespacial: ¿Generadora o maquiladora?
Jesús Ramírez Stabros

La coyuntura internacional en materia aeroespacial impone a México la necesidad de replantear las expectativas: ¿Queremos una industria generadora de patentes y tecnología o nos conformamos con maquilar la tecnología que otros producen?

Existe una oportunidad para México. Una oportunidad, en el contexto de las reformas que nuestro país vive para hacer del sector aeroespacial una industria que transforme nuestro futuro.

De acuerdo con Deloitte este sector está en clara expansión debido a que India, China, el Medio Oriente y otras regiones de Asia-Pacífico reportan un aumento en la demanda de asientos y estima que se mantendrá creciendo a razón de 5% anual en los próximos 20 años.

En el documento “2015 Global Aerospace and Defense Industry Outlook”, la consultora señala que, derivado del incremento en el número de pasajeros, habrá una demanda creciente de aviones. Deloitte prevé que los pedidos oscilarán entre las 31,000 y las 34,000 aeronaves.

Potencial del sector aeroespacial

Con un incipiente pero prometedor inicio, México incursiona desde hace apenas 10 años en el sector manufacturero aeroespacial. Este ha demostrado hasta hoy una historia de éxito en nuestro país que, con avances importantes y crecimientos espectaculares (20% anual en los últimos 10 años), consolida paulatinamente una gran alternativa para el desarrollo.

México cuenta en la actualidad con más de 300 empresas dedicadas al sector aeroespacial, que generan cerca de 45,000 empleos y exportaciones de más de 6,500 millones de dólares (mdd) anuales.

Según estimaciones de la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial, las exportaciones manufactureras de este sector, para los próximos cinco años, podrían superar los 13,300 mdd.

El dato anterior no es nada desdeñable, si consideramos que la demanda en el mercado aeroespacial mundial para el 2033 alcanzará los 5.3 billones de dólares (trillion), según un estudio realizado por Boeing titulado Current Market Outlook 2014-2033.

De acuerdo con el reporte Aerospace Top 100 special report 2013: Industry returns to profitable growth de PwC (anteriormente Pricewaterhouse Coopers), la industria aeroespacial mundial está dominada por no más de una decena de países que le han apostado a este sector como mecanismo de desarrollo tecnológico a través de la generación de patentes, lo que trae consigo una dinámica económica muy poderosa que fomenta inversiones considerables. De las empresas mencionadas en el citado reporte, la estadunidense Boeing y el consorcio europeo Airbus acapararon la mayor parte de los ingresos de la industria en el año 2013, con alrededor de 86,600 y 78,600 mdd, respectivamente.

En términos de mercado mundial, la demanda para los próximos 20 años es enorme. De acuerdo a proyecciones de Airbus serán fabricadas 32,000 nuevas aeronaves de más de 100 asientos en dicho periodo, lo cual generará una derrama económica cercana a los 4.6 billones de dólares (trillion). La cifra anterior representan casi cuatro veces el PIB mexicano (1.2 trillones de dólares para 2014).

Para mayor abundancia baste decir que Airbus cerró su lista de pedidos (aviones, helicópteros, satélites, entre otros) en 2013 por un valor de 963,000 mdd, de los cuales cerca del 70%, es decir, un poco más de 670,000 mdd, serán utilizados en proveeduría.

Según la Secretaría de Economía, hoy México es el sexto proveedor mundial de aeropartes, lo cual significa aproximadamente el 5% del total de la proveeduría mundial.

La promoción no lo es todo

Por suerte, el gobierno federal actual ha volteado a ver al sector aeroespacial con mayor énfasis que lo hicieran los anteriores, quizás por esta historia de éxito que manifestamos arriba o posiblemente porque el gobierno esté convencido de la oportunidad que representa el sector para el futuro de México.

Cualesquiera que sean las razones, en los últimos meses hemos visto a través de los medios de comunicación cómo el gobierno mexicano enfatiza la importancia del sector aeroespacial para México y subraya el aumento de exportaciones en el 2014 que, según la Secretaría de Economía, representaron un monto de 6,500 mdd y generaron 45,000 empleos de “alto valor” de profesionales mexicanos, como se citó anteriormente.

El hecho de que el gobierno esté prestando atención al sector aeroespacial no es una noticia menor, ya que el antecedente en este sentido es que el Estado mexicano en las décadas anteriores no ha sido un entusiasta en el tema. Posiblemente fue esa actitud de abandono lo que nos alejó del avance tecnológico aeroespacial, cuando fuimos pioneros del desarrollo de esta materia en algún tiempo de nuestra historia.

En este caso, la propia dinámica del sector lo ha motivado a utilizar los datos positivos generados como una herramienta promocional de los aciertos gubernamentales y eso es bueno. Sin embargo, se requiere mucho más que promoción mediática para que México pueda acceder al gran mercado aeroespacial; es necesario que el Estado y no solo el gobierno se involucre de manera decidida en dicho sector para sentar bases sólidas rumbo a la construcción de una política pública que atienda su desarrollo y lo consolide para que participe con éxito en el mercado mundial.

El legado

Recordar de dónde venimos es más que una aportación cultural, pues nos permite enfocar el horizonte al que deseamos llegar como una nación competitiva en la industria aeroespacial, con prestigio en el mercado mundial.

Para México, el tema aeroespacial no es nuevo, como muchos piensan; existe en nuestro país una antigua vinculación con todo lo que significa el asunto aéreo, el anhelo por el vuelo o el entender el espacio.

Todo comenzó desde aquellos manifiestos en los códices mayas con Quetzalcóatl o el caballero águila del Ejército azteca; pasando por la fabricación y desarrollo de los globos de Cantolla -en honor a su fabricante Joaquín de la Cantolla y Rico-; el uso del avión por primera vez como arma de guerra en combate aeronaval a inicios del siglo XX durante batallas que cambiarían el rumbo de la historia, como ocurrió en Topolobampo, Sinaloa, o en la batalla de Ébano en San Luis Potosí, en donde el arma aérea incursionó como pieza estratégica fundamental. Desde luego, sin pasar por alto el hecho de que Francisco I. Madero fue el primer jefe de Estado en el mundo que voló en un avión.

También tenemos práctica probada en el desarrollo, fabricación y ensamblado de partes y componentes aeroespaciales desde los inicios de la aviación y conquista del espacio. Fue a finales de los años 20 cuando en un taller en la ciudad de México inició la concepción, el diseño y la fabricación de la famosa hélice Anáhuac que fue utilizada en los aviones que rompieron el récord de altura en América; y qué decir de los experimentos espaciales a fines de los 40 en San Luis Potosí con el laboratorio de física experimental en electromagnetismo y que en los años subsecuentes derivó en lanzamientos de cohetes para la innovación espacial en el legendario cabo Tuna.

Con determinación y visión de Estado el Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, creó en febrero de 1915 el Arma de Aviación Militar, hoy convertida en la honorable Fuerza Aérea Mexicana, institución fundamental para la gobernabilidad y paz de nuestra democracia, que recientemente cumplió 100 años de servir a México con “Honor, Valor y Lealtad”.

No se puede dejar de mencionar el nacimiento de Mexicana de Aviación en 1921, que en su momento fue la tercera aerolínea más antigua del mundo y que promovió el desarrollo y crecimiento de la infraestructura aeroportuaria en el país, fomentando la capacitación y la tecnología aeronáutica. Ante aquellos avances se creó en 1937 la carrera de Ingeniería Aeronáutica en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), para dotar de especialistas al sector aeroespacial, como lo advirtió en su momento Manuel Cerrillo Valdivia, director de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica; todo esto entre otros muchos esfuerzos, actos heroicos y brillantes aportaciones de México a la aeronáutica mundial que hoy conocemos.

Perdimos el compás en medio del vuelo

Estos antecedentes permiten afirmar que nuestro país tiene talento probado en la industria aeroespacial; consolidarla no solo significa una importante veta de crecimiento, sino la garantía de preservar en la memoria y honrar el legado que poseemos como pioneros en la creación de tecnología aeronáutica para diversos fines.

No obstante lo anterior, este avance se detuvo en algún momento sobre el cual no existe evidencia clara y tampoco mayor explicación de por qué abandonamos el tema, ni razones aparentes de los objetivos que obligaron a relegar la ciencia aeroespacial de la Agenda Nacional.

Aunque se realizaron importantes esfuerzos particulares, estos no fueron suficientes ni tuvieron la importancia para constituir un centro de atracción de inversiones y creación tecnológica que permitiera su avance y desarrollo.

Fue hasta fines de los años 90 que la crisis internacional abrió espacios de oportunidad, los cuales fueron aprovechados por dos gobiernos locales, Chihuahua y Querétaro, entonces encabezados por José Reyes Baeza Terrazas e Ignacio Loyola Vera, respectivamente, quienes supieron establecer las condiciones para recibir inversiones fundamentalmente europeas del sector aeroespacial, en un momento en que era necesaria la disminución de los costos de mano de obra y la cercanía con la zona dólar.

Es por ello importante enfatizar que nuestra industria aeroespacial actual deriva de esfuerzos y visiones locales y no de una política concebida nacionalmente. Esto constituye un eje fundamental de reflexión, ya que para ser competitivos en este negocio, requerimos una visión nacional del tema. Le corresponde al Estado mexicano esta tarea, porque la confluencia de múltiples instituciones es la única forma de construir una base fuerte, amplia y profunda para alcanzar las alturas que proponemos.

Avances en tratados internacionales

Ahora bien, ante la apertura de los mercados y la multiplicidad de tratados comerciales de México, se abre una posibilidad para suscribir convenios de transferencia tecnológica que nos habiliten como un país generador de patentes. Nuestro país ha emprendido este camino con importantes acuerdos internacionales a través del Sistema Mexicano de Control de Exportaciones. Destacan el Bilateral Aviation Safety Agreement, firmado entre México y Estados Unidos en septiembre del 2007, para que se cumplan los estándares internacionales que impone la Federal Aviation Administration, autoridad aeronáutica de EU, para exportar piezas ensambladas en nuestro país.

En el 2012 ingresamos en el Arreglo de Wassenaar sobre Controles de Exportación de Armas Convencionales y Bienes y Tecnologías de Uso Dual, que tiene como propósito, de acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores, “fomentar la transparencia internacional, desarrollar sistemas eficaces de cooperación e información y promover una mayor responsabilidad en el comercio exterior de material de defensa y de doble uso, evitando acumulaciones de armamento que pudieran poner en peligro la seguridad mundial y la estabilidad”.

Asimismo, las empresas del sector aeroespacial mexicanas cuentan con certificaciones de estándares internacionales como lo son el ISO-9001, centrado en que los elementos de administración cuenten con normas internacionales; el AS9100, el cual es una norma propuesta por el Grupo Internacional de Calidad Aeroespacial que adiciona requisitos a la norma ISO-9001; y el National Aerospace and Defense Contractors Accreditation Program. Estos elementos suman sinergias y constituyen una gran plataforma para que México pueda emprender un vuelo exitoso en la industria mundial aeroespacial.

Una política industrial

La poca atención que el Estado mexicano prestó a la industria y la ausencia de una política aeroespacial trajo como consecuencia un déficit en inversión, investigación, creación de tecnología y patentes y, por supuesto, de desarrollo económico; sin embargo, la coyuntura actual impone la necesidad de construir una auténtica política pública en este sector.

Como señalan los especialistas Wilson Suzigan y João Furtado, una política industrial es una estrategia de desarrollo acorde con la política macroeconómica, en donde están alineadas las metas, el marco jurídico, la infraestructura, las inversiones, la investigación científica y, en general, aquellas acciones que se sumen a los esfuerzos institucionales del Estado. Una gran parte del debate nacional al respecto se centra en el hecho de que, aseguran algunos, en México no existe una verdadera política industrial.

Para muchos empresarios mexicanos el tema de la falta de una política industrial no es un asunto nuevo. Algunos aseguran que la política industrial es la política de la no política.
En su intervención ante el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, en marzo pasado, el titular de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), Rodrigo Alpízar Vallejo, expresó que tanto la reindustrialización como la política industrial constituían ejes de unidad; a propósito de ello, la industria aeroespacial por implicar tecnología de punta, innovación y generación de miles de empleos y nuevos talentos, es en donde coinciden de mejor manera esos conceptos planteados por Canacintra.

Una visión clara de una política industrial, como se comentó, viene emparejada de infraestructura que permita posicionarnos con respecto a nuestros competidores comerciales. Aunado a ello, debe existir una actitud positiva del Estado mexicano, enfocada hacia la construcción de esta institución multifactorial.

Aparejada con las ventajas industriales que ya hemos mencionado, prevalece una falta de cultura, sin embargo, al respecto del sector aeroespacial y sus alcances.

Esta situación proviene, en gran medida, de aquel largo periodo de ausencia de México en la industria. Cabe en este sentido señalar que nuestra autoridad aeronáutica ocupa un rango de Dirección General en la estructura del gobierno mexicano, por lo que la capacidad de gestión que le otorga la ley no es suficiente para incidir adecuadamente en varios aspectos de la vida diaria del sector aeronáutico actual y mucho menos tiene capacidad para orientar las bases del desarrollo futuro del sector.

Derivado de la expansión de la industria aeroespacial, el sector ha encontrado acomodo en dependencias como la Secretaría de Economía o la Agencia Espacial Mexicana, pero sin la concurrencia de otras áreas gubernamentales, lo cual ocasiona en múltiples casos una falta de vinculación institucional, que genera retrasos, eleva los costos y resta competitividad a la industria aeroespacial nacional.

Replanteando expectativas

La coyuntura internacional en materia aeroespacial impone a México la necesidad de replantear las expectativas ¿Queremos una industria generadora de patentes y tecnología o nos conformamos con seguir maquilando la tecnología que otros producen?

La respuesta a este cuestionamiento conduce a una reflexión final divergente. Si la respuesta es afirmativa, es decir, si queremos impulsar una política pública aeroespacial, entonces el Estado mexicano debe iniciar el diseño y planeación de un modelo con un vigoroso apoyo gubernamental, ejerciendo un marco jurídico flexible que incentive y facilite la atracción de inversiones, la transferencia tecnológica y talento que tiene nuestra gente; es decir, un firme compromiso con un trinomio virtuoso: academia, sector privado y sector público en una representación formal.

Si la respuesta es no, entonces bastará con lo que hoy tenemos. Es decir, con la promoción de inversiones extranjeras, la generación de empleos, pero sujetos a una connotación maquiladora; de alta tecnología sí, pero al fin y al cabo maquiladora. Ser maquilador no es malo, pero México puede tener ambas cosas y ser capaz de generar patentes las cuales constituyen, desde un punto de vista político, connotaciones de Estado, tales como soberanía, seguridad nacional e influencia política internacional.

Política con visión de Estado

Estos planteamientos nos permiten tener la certeza de que requerimos definir una política pública orientada a este sector. Tendremos que abrir el debate para el intercambio de opiniones y experiencias entre agentes involucrados en la materia, es decir, Gobierno, Poder Legislativo, iniciativa privada, academia, organizaciones de la sociedad civil y, en general, a todos los mexicanos comprometidos con repensar y diseñar una política pública aeroespacial.

Es por ello que debemos definir un camino. Si optamos por convenir que el ingreso a las grandes ligas del sector aeroespacial es ventajoso para México, tendremos entonces que analizar y proponer ante el Poder Legislativo un paquete de propuestas que flexibilicen y pongan al día el marco jurídico del sector aeroespacial. Requeriremos posicionar a esta industria en la agenda del gobierno y enfocarla como una política pública que representa una oportunidad real y valorar su trascendencia.

Debemos detonar en la academia el vínculo con la industria aeroespacial, asignando presupuesto público y privado para dar paso a una nueva generación de talentos que compitan en el contexto internacional creando tecnología de punta; promover una vinculación de todos los actores que intervienen en el ámbito aeroespacial y generar los instrumentos que activen el sector. 

Estamos pues, gracias a la industria aeroespacial, en el inicio de una coyuntura que puede marcar para México una pauta en su historia y fundar las bases de un futuro más sólido y acorde con el mundo del siglo XXI, pero requerimos una trascendente decisión de Estado. Nos metemos en el camino, o nos vamos por veredas.

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