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Por qué el foco de Banxico en la Fed es excesivo

México no tiene necesidad de aumentar sus tasas según las perspectivas de crecimiento e inflación. Banxico podría dejar que el peso complete su destino como amortiguador.

26-10-2015, 1:54:39 PM
Por qué el foco de Banxico en la Fed es excesivo
Jimena Zúñiga, Bloomberg Intelligence

Parece que México tiene la intención de seguir a la Reserva Federal de Estados Unidos, cuando ésta incremente sus tasas, aunque sólo sea para detener una mayor depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, el débil crecimiento, la baja inflación y la sólida posición fiscal y externa de México deberían darle a Banxico confianza para perseguir su propio curso de acción

Como en otras economías con objetivos de inflación en América Latina, el panorama para la política monetaria en México está sesgado hacia un aumento de tasas. Sin embargo, México es único en el sentido de que no tiene un problema de inflación por el cual preocuparse. Más bien, su sesgo restrictivo está impulsado por preocupación por la estabilidad macroeconómica en general, y la inestabilidad en el tipo de cambio en particular. Esto ha llevado a Banxico a enfocarse en el diferencial de tasas con Estados Unidos, sugiriendo que preocupan más los efectos potenciales de unas condiciones financieras globales más restrictivas, que una economía global más débil. Esto no debería ser así. 

México no tiene necesidad de aumentar sus tasas según las perspectivas de crecimiento y de inflación. De manera más importante, tampoco necesita hacerlo porque exista una amenaza para la estabilidad macroeconómica. A menos que el panorama inflacionario se deteriore, Banxico podría dejar que el peso complete su destino como amortiguador de choques, y únicamente realizar un alza de tasas cuando las perspectivas de inflación lo demanden.

Economía real sigue necesitando estímulo monetario

Comparado con el resto de América Latina, la economía de México está mucho menos expuesta a la desaceleración de China, y está vinculada a las relativamente más sólidas perspectivas estadounidenses. Sin embargo, esto no es del todo positivo, debido a cuatro razones.

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1. Un sólido crecimiento en Estados Unidos no se puede dar por hecho. El reporte de empleo de septiembre planteó dudas sobre la fortaleza de la economía de este país. Lo mismo hace la divergencia entre los índices ISM (Instituto de Gestión de Suministros, por sus siglas en inglés) manufacturero y no manufacturero, la cual podría augurar un debilitamiento de este último.

2.  Si la economía de Estados Unidos se mantiene en buena forma, los lazos con México tienen lugar principalmente en el sector manufacturero. Este último ha estado bajo presión por un tiempo debido a la fortaleza del dólar y los débiles precios energéticos y de las materias primas.

3. La desaceleración de China se traduce a una ralentización global. Es probable que ninguna economía permanezca indemne por esto, y mucho menos una economía mediana y suficientemente abierta como la mexicana. Adicionalmente, la canasta de exportaciones de México es bastante similar a la de China, tanto que en el Índice de Complejidad Económica, China está posicionada en el 22° lugar y México en el 23°.

Esto hace de China un competidor temible para la demanda global en general y para las importaciones de Estados Unidos en particular. El riesgo de una mayor depreciación del yuan, por lo tanto, no debe pasarse por alto. La desaceleración de China también repercute en la actividad mexicana a través de una menor demanda por parte de sus socios comerciales latinoamericanos.

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4. A pesar de que México ya no es un exportador neto de productos petroleros, los precios del petróleo impactan a la actividad económica principalmente a través del canal fiscal. Un 30% de los ingresos de México en 2014 estaban relacionados con el petróleo. La caída de los precios del petróleo desde 2014 ha inducido cierta consolidación fiscal, con un ajuste proyectado del gasto programable de 0.7% del PIB en 2015 (en relación al presupuesto aprobado) y 0.5% en 2016 (en relación al 2015). Como tal, la economía tendrá poco apoyo por el lado del frente fiscal. En la medida en que la inflación sea benigna, esto justificaría estímulo monetario.

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Por cierto, las cifras de crecimiento del PIB de México, en 2.5% para el primer trimestre y 2.2% para el segundo, han estado por debajo de las de Estados Unidos. Métricas más oportunas sugieren que el tercer trimestre no sido mejor.

El promedio trimestral del Índice de Actividad Económica (IGAE) (el indicador mensual del PIB de México) se incrementó un 2.2% interanual en julio. La Producción Industrial (PI) escaló sólo 1.0% en agosto. El crecimiento de las exportaciones y las importaciones ese mes fue apenas positivo. Y los datos de vehículos de septiembre indican que la brecha de producción de automóviles incrementó un escaso 3.3% interanual en el trimestre.

El mismo banco central estima una brecha de producto negativa, aunque pequeña, así como holgura en el mercado laboral. Hasta cierto punto, México podría estarse ajustando a un producto potencial de menor nivel, pero como mínimo no parece haber mucha urgencia de retirar estímulo monetario de su economía.

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