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México necesita un motor: la innovación

En tiempos de incertidumbre no hay inversión más prudente que la destinada a los procesos innovadores, asegura Julio Millán, de Coraza Corporación Azteca.

07-10-2015, 2:09:26 PM
México necesita un motor: la innovación
Julio A. Millán Bojalil, Coraza Corporación Azteca

¿Qué hacer para impulsar un aparato económico que en los últimos 20 años ha tenido una tasa anual media de crecimiento de 2.47% y que es altamente vulnerable a los shocks externos? ¿Cómo atender las necesidades de un país donde el 46.2% de la población vive en condiciones de pobreza y el 19.2% en el rezago educativo? Las respuestas a esas interrogantes no surgirán por generación espontánea, pero sí se equivocan quienes consideran que esto toma varias décadas.

Es crítico entender que México no puede esperar. Ya se ha malgastado demasiada tinta en programas, discursos, iniciativas y leyes con buenas intenciones, pero nulos resultados. Hoy se necesita de un atajo que englobe la visión de lo que se quiere alcanzar con las acciones a tomar. Este atajo al desarrollo es “la innovación”.

Esta palabra, tan mal entendida por años, no significa aumentar el número de patentes o de investigadores. Esto es consecuencia de haber implementado correctamente una Política de Estado para la Innovación, la cual implica tener una visión clara de qué se quiere lograr, una decisión firme para que el rumbo se mantenga fijo y acciones concertadas para generar un ecosistema propicio para el pensamiento innovador.

Corea del Sur, por ejemplo, a finales de la década de los 50 se encontraba devastada por la guerra, con bajos niveles de desarrollo y con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de 1,106 dólares; el de México era de 3,300.

Con el fin de revertir esto, se decidió que su visión de país sería la de un polo tecnológico y emprendió una muy importante transformación de su sistema industrial, educativo y económico. Comenzó con el impulso a industrias intensivas en mano de obra, al tiempo que se establecían instituciones para incentivar el desarrollo tecnológico e identificar las tendencias industriales y generar un proceso de escalonamiento hasta llegar a los sectores de alto valor agregado.

En el camino se iba desarrollando el capital humano necesario, junto con el otorgamiento de incentivos a la industria nacional.

Desde 1986, el PIB per cápita surcoreano superó al mexicano. De hecho, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para 2020 esta variable será de 38,880 dólares para la nación asiática, por solamente 12,893 dólares en México.

Adicionalmente, hoy Corea del Sur se distingue como un centro industrial muy desarrollado en áreas como la automotriz, la electrónica y las telecomunicaciones, con el importante distintivo de emplear tecnología local.

El análisis del caso surcoreano muestra que sí es posible en un corto tiempo alcanzar las metas propuestas, sobre todo cuando se considera que México ya cuenta con elementos para emprender una transformación importante.

Los cambios estructurales que se han emprendido en México, así como el talento con el que cuenta el país son señal de que no se parte de cero.

Este último factor, el talento nacional, es sin duda un elemento sumamente valioso que desafortunadamente se tiende a menospreciar a causa del negativismo.

Cada año son mayores las noticias buenas en este aspecto, como el caso de los jóvenes mexicanos ganadores del concurso de robótica de la NASA o el hecho de contar con investigadores colaborando con las misiones a Marte, sin dejar de lado los avances que realizan los científicos mexicanos del CINVESTAV en carros de hidrógeno, drones y exoesqueletos a la vanguardia global.

En materia de innovación industrial, el sector aeroespacial es un muy destacado ejemplo de lo trascendental que resulta la vinculación entre la academia y el sector privado.

Actualmente, nuestro país cuenta con una Universidad Aeronáutica, y próximamente con el Centro Nacional de Tecnologías Aeronáuticas, además de la labor que ha realizado Conacyt a través de sus centros especializados (Cideteq, Cidesi y Ciateq) y que es un reflejo del impulso que desde esta institución se da al apostar por el desarrollo tecnológico como motor del crecimiento nacional.

Hoy, México es el sexto receptor de inversión extranjera para investigación y desarrollo en el sector aeroespacial, lo que demuestra la confianza de las grandes firmas globales en el capital humano mexicano. Esta confianza hoy se refleja en contar con el único laboratorio de pruebas aeronáuticas en América Latina, así como el anuncio realizado por la compañía Spectrum para fabricar el primer avión 100% mexicano.

Un elemento favorable de estos avances es cómo el surgimiento de estos clústeres redunda en el nivel de vida de los habitantes de la zona, toda vez que transforma las ciudades en polos de crecimiento, Querétaro siendo el ejemplo más claro.

Lo sencillo para muchos es calificar estos casos como “garbanzos de a libra” o temas aislados de la realidad nacional. Sin embargo, estos ejemplos muestran, en realidad, lo que se puede lograr cuando se da un direccionamiento al valor más importante con el que contamos como pueblo: nuestro ingenio. La mayor riqueza que puede tener una nación es su gente.

En ese sentido, México es un país sumamente rico, y para que redunde en beneficios para todos, se necesitan acciones que apoyen esta capacidad inventiva. Es fundamental la participación de todos: el gobierno tiene que trabajar por una eficiente articulación de los programas y estrategias, y aunque estos son tiempos financieros difíciles, las universidades y la educación en su conjunto no deberán ser afectadas. Ahora es momento de tomar esta situación negativa como un parteaguas.

El sector privado debe asumir también este compromiso y dejar de lado la mentalidad de apostar por procesos de investigación y desarrollo solo si hay fondos públicos. En tiempos de incertidumbre no hay inversión más prudente que la destinada a los procesos innovadores. En el país existen las herramientas y el capital humano; es momento de poner las piezas juntas.

Con el fin de materializar lo anterior, hay que poner en la agenda la propuesta de una auténtica Política de Estado para la Innovación, haciendo de esto un mandato constitucional, si es preciso. Esta política deberá articular y direccionar programas y mecanismos a fin de evitar que se sigan diluyendo recursos en esfuerzos con poco impacto y con duplicidades en muchos casos.

Pero lo más importante de una acción como esta sería mandar un mensaje clave: es momento de romper paradigmas, de creer que se puede, pues el desarrollo tecnológico no es exclusivo de las naciones más ricas. México tiene el talento, pero sobre todo el hambre de mejores niveles de desarrollo, y la innovación será una palanca poderosa para lograrlo.

El columnista es presidente del Consejo de Administración de Coraza Corporación Azteca. Estudió Economía en la UNAM. Realizó estudios de Comercio Exterior, Productividad y Análisis Económico en EU, Gran Bretaña y Japón.

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