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2016: Una coyuntura que nos obliga ser más eficientes

La caída en el precio del crudo provocó severos ajustes al gasto público para un manejo prudente de la política fiscal. Estamos obligados a gastar mejor.

05-10-2015, 1:41:12 PM
2016: Una coyuntura que nos obliga ser más eficientes
Ramón Lecuona Valenzuela / Universidad Anáhuac

Durante los últimos años, la economía mexicana se movió en un ambiente de altos precios del petróleo y bajas tasas de interés. Esta situación benefició, por un lado, al sector público, el cual obtuvo ingresos significativos por gravámenes a los hidrocarburos. Tanto el propio gobierno como el sector privado disfrutaron de abundante liquidez a bajo costo.

Este panorama comenzó a cambiar y hoy ha generado trastornos, tanto en las finanzas públicas como en las privadas. El precio de la mezcla mexicana del petróleo de exportación, que promedió alrededor de 90 dólares entre 2008 y 2014, llegó a tocar niveles inferiores a los 40 dólares en 2015, con un promedio apenas superior a los 50 dólares por barril en lo que va del año. De igual manera, la amenaza de una subida en las tasas de interés en Estados Unidos, la cual ha prevalecido durante los últimos meses, propició un fuerte movimiento en el tipo de cambio del peso mexicano, que perdió casi 30% de su valor con relación al dólar entre agosto de 2014 y el mismo mes de 2015.

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La caída en el precio del crudo ha inducido severos ajustes por el lado del gasto público para mantener un manejo prudente de la política fiscal. A su vez, la depreciación del tipo de cambio no ha tenido, hasta el momento, un impacto significativo en la inflación, fenómeno nuevo en la economía mexicana, dado que los ajustes cambiarios, en el pasado, repercutían con gran rapidez en los precios. Por el lado del crecimiento económico es notable que, a pesar de estos efectos, la tasa de expansión del PIB se mantenga en línea con lo observado en lo que llevamos del milenio. Los ajustes cambiarios y de las finanzas públicas han permitido mantener un balance macroeconómico que le ha posibilitado a México cruzar por una fase de gran turbulencia sin impactos adversos en la actividad económica real. Baste contrastar con lo que ocurre en Brasil, que hasta hace poco era puesto como ejemplo por muchos analistas.

No obstante que la difícil coyuntura por la que atraviesa el mundo ha sido razonablemente gestionada en México, la atención pública se ha centrado en lo inmediato y, en muchos casos, con una visión crítica que ignora el grado de debilitamiento económico y alta volatilidad que prevalecen en la mayor parte del mundo. Sería más provechoso que la energía colectiva se dirigiera a la consideración de los problemas estructurales que han afectado a México por generaciones. La falta de competitividad, omnipresente en nuestro aparato productivo, es el verdadero origen de la pobreza y de los bajos niveles de crecimiento. No hay coyuntura que ayude a una economía donde el Estado de derecho no rige plenamente, en la que el nivel educativo de su población es deficiente, la infraestructura física es inadecuada y prevalece la informalidad.

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Tanto la política monetaria como la fiscal son insuficientes para resolver las carencias estructurales recién mencionadas. Son condiciones necesarias para el buen desempeño de la economía, pero hará falta mucho más para que México pueda desarrollarse acelerada y sostenidamente en el futuro. Por lo pronto, 2016 se ve como un año con un crecimiento del PIB entre 2 y 3%, y con una inflación de alrededor de 4%. Ojalá y la escasez de recursos fiscales, originada por la caída de los precios del petróleo, nos obligue a asignarlos mejor y a ser más eficientes.

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El autor es director de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac.

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