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Opinión: Los avatares del peso

Si el gobierno es lento o incapaz de recortar su gasto, depreciaría más al peso, sacrificaría reservas y aumentaría impuestos.

29-09-2015, 10:57:35 AM
Opinión: Los avatares del peso
Salvador Kalifa Assad

Este año hemos sido testigos de una pronunciada depreciación del peso. Nuestras autoridades han insistido, una y otra vez, que ese evento es transitorio y que la cotización del dólar regresaría pronto a estar por debajo de los 14 pesos. Eso es lo que dijo, por ejemplo, el gobernador de Banco de México (Banxico), Agustín Carsten, en diciembre pasado, pero a estas alturas pocas personas toman con seriedad esa predicción, que tan solo fue un buen deseo.

Los problemas de Grecia (el 20 de agosto renunció el primer ministro Tsipras), la devaluación del yuan chino y, principalmente, la expectativa de un alza de tasas de interés en Estados Unidos, explican, en gran medida, la depreciación de las monedas de las economías emergentes, entre las que se encuentra el peso mexicano. 

No obstante, algunas monedas se han depreciado más que otras, y no todas enfrentan los mismos retos a futuro, en particular en los próximos 15 a 18 meses. Y es aquí donde conviene resaltar lo que hace al peso particularmente vulnerable.

En nuestro caso, las complicaciones actuales y por venir del peso no solo se deben a la expectativa de un alza de tasas de interés en EU, la baja del precio del petróleo, la situación griega o las dificultades de China, sino también al hecho de que los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto aumentaron la vulnerabilidad de nuestra moneda al elevar sustancialmente el gasto público, que pasó de 21.8% del PIB en 2007 a 25.1% en 2012 y a 26.4% en 2014.

Ese incremento de gasto se financió: en algo, con mayores impuestos, pero principalmente con los ingresos del petróleo y con más deuda, la mayor parte de la cual la compraron inversionistas extranjeros.

Como la mayor parte del déficit se financió con dinero externo a tasas de interés muy bajas, el alza de tasas en EU se traducirá en un doble golpe para las finanzas públicas. Por un lado, para sostener el déficit en su nivel actual tendrían que ofrecer tasas de interés cada vez más altas, lo cual acarrearía problemas mayores para la economía; y, por el otro, el alza de las tasas de interés elevará los gastos financieros del gobierno y lo obligarán a realizar recortes drásticos en otros renglones de gasto.  

Las dificultades políticas que ahora se enfrentan para abatir el gasto público muestran que su incremento no se destinó a proyectos de inversión o infraestructura, que por su propia naturaleza son de una sola vez, sino que se orientó a aumentar el gasto corriente, que se elevó aún más por la disminución temporal de los gastos financieros.

Viendo hacia delante, México tendrá menores ingresos petroleros, una deuda alta y mayores gastos financieros, lo que obligará al gobierno a eliminar su déficit (para no acumular más deuda) mediante un recorte considerable del gasto no financiero o de un alza de impuestos.

En ese contexto, Banxico tendrá que subir su tasa de referencia más veces y en mayores montos que la Fed, que es comandada por Janet Yellen; mientras que la Comisión de Cambios se verá obligada a incrementar las ventas de dólares para apuntalar al peso.

Que quede claro. Si el gobierno es lento o incapaz de recortar su gasto, depreciaría más al peso, acabaría por sacrificar un mayor monto de reservas, aumentaría los impuestos y llevaría el nivel de las tasas de interés por encima del que existiría con un presupuesto equilibrado, creando un entorno perjudicial para la actividad económica del sector privado.  

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