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De viaje: Montreal, el París de América

Vanguardista, provocadora, multicultural… Así es esta villa que encanta con su estilo chic europeo y, a la vez, sorprende con esa vibrante y alocada personalidad.

03-09-2015, 3:24:32 PM
De viaje: Montreal, el París de América
Martha Lydia Anaya

Es verano. La nieve todavía se ve distante y, aunque no lo creas, Canadá luce tentador. El clima frío y los paisajes nevados con los que siempre se le asocia se hacen a un lado para invitarnos a conocer una faceta diferente del segundo país más grande del mundo, después de Rusia.

En esa apariencia alejada de los paisajes níveos de Montreal, Quebec y Toronto, embonan varios sitios perfectos para disfrutar estos meses veraniegos. Decenas de lagos, montañas, parques naturales y bosques mixtos, con venados y alces, son algunas de las maravillosas vistas que, además de deleitar la mirada curiosa de los viajeros, nos llenan de un conocimiento cultural e histórico enriquecedor.

Amigos estratégicos

El viaje se antoja bastante emocionante. No voy sola. Un grupo de colegas y amigos acordamos en vernos con antelación en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para, de ahí, tomar el vuelo inaugural de Air Canada hacia Montreal.

Luis Noriega, director general de la aerolínea para México, Centroamérica y Cuba, es nuestro anfitrión. Su semblante afable y gran sonrisa en el rostro anticipan que este será un paseo inolvidable. A modo de preámbulo, Luis nos cuenta que esta nueva ruta estacional, inaugurada por la aerolínea, no solamente habla del crecimiento de la compañía, sino también del desarrollo de negocios y turismo entre México y Canadá.

Ambos países comparten una relación dinámica y próspera: como amigos, como vecinos en América del Norte y como socios estratégicos. Canadá ha abierto sus puertas a estudiantes, turistas y trabajadores mexicanos, mientras que 1.6 millones de canadienses visitan México cada año.

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La nueva experiencia de viaje, que Air Canada ofrecerá hasta octubre próximo (según los planes iniciales), es una ruta sin escalas con cuatro frecuencias semanales. El Airbus 319 es una aeronave cómoda, con capacidad para 120 pasajeros y un moderno sistema de entretenimiento a bordo.

París en Norteamérica

Luego de un trayecto de cuatro horas y media, aterrizamos en Montreal, la mayor ciudad de la provincia de Quebec y la segunda más poblada de Canadá. Es un hervidero de idiomas, culturas e ideas.

Una vez que uno llega, se siente la calidez y fraternidad de su gente. Nuestro guía, Marouan Belfakir, pacientemente nos has esperado largo tiempo en el aeropuerto Pierre Elliott Trudeau.

Lejos de sentirnos cansados, bajamos del avión animados para iniciar un recorrido por las calles canadienses. Ya es de noche, pero no importa. Antes de ir al hotel optamos por cenar en un lugar típico.

Marouan nos platica que la alegría de los montrealenses se contagia en las calles del centro, en los festivales de verano, en la mezcla de francés e inglés, en la buena comida, la excelente música, las galerías y los museos, las iglesias y los parques.

Montreal es tan excitante y dinámica que no basta un guía para describir sus encantos. Aquí se entremezclan pasado y presente. Para empaparse de ese pasado, lo mejor es perderse por las calles adoquinadas del Viejo Montreal (Métro Place-d’Armes), donde aún sobreviven edificios del siglo XVII y donde se ven pasar elegantes carrozas, como en las épocas gloriosas.

El Viejo Montreal es como París, con fachadas de piedra gris y elegantes boutiques, galerías de arte, cafés y bistrós repletos de gente hablando quelque chose. Y es que Montreal ha sabido conservar su patrimonio histórico. Su iglesia madre, la Basílica de Notre-Dame (réplica de la famosa catedral parisina), es uno de los patrimonios religiosos más preciados de Quebec.

Por las calles adoquinadas de la antigua colonia francesa se llega al Viejo Puerto, el alma social, económica y cultural de la ciudad, desde que los franceses lo utilizaran como punto de intercambio para el comercio de pieles en el siglo XVII. Nos dimos tiempo para pasear por su borde costero y tomar un crucero por el río San Lorenzo, el segundo más extenso de Canadá.

El ambiente mágico del Viejo Montreal contrasta con las calles pavimentadas, los edificios modernos y la vida agitada del centro financiero que hacen recordar que Montreal es, ante todo, una metrópoli avanzada.

La Place Ville-Marie (Métro Mc Gill), donde se encuentra el primer rascacielos, es uno de los iconos de la ciudad moderna. El edificio, con forma de cruz y de más de 40 pisos, fue construido en 1962 como la sede del Royal Bank de Canadá. En su azotea, un faro giratorio ilumina el cielo y la ciudad, visible a más de 50 kilómetros de distancia.

Cuentos de bosques nevados

Mont-Tremblant, a dos horas al norte de Montreal, es catalogado como uno de los principales destinos de esquí de Canadá. Esta estación lleva atrayendo a los habitantes de Montreal desde que pusieron la primera telesilla y abrieron el primer alojamiento, allá por 1939.

Sin embargo, hoy esta villa se ha convertido en un pequeño pueblo peatonal con tiendas, restaurantes, bares y clubes. Cuenta con unas 255 hectáreas de superficie esquiable, 94 pistas y 13 telesillas. Se sitúa en el corazón de las montañas laurentinas y ofrece un aire fresco, con unos paisajes espléndidos y la oportunidad de realizar multitud de actividades de exterior.

Nuestra guía nos cuenta que durante los fríos meses de invierno, Mont-Tremblant es conocido por sus impresionantes pistas de esquí, en las cuales se reúnen tanto esquiadores locales como turistas europeos que aprovechan la cotización del dólar canadiense.

Claro que también está la posibilidad de realizar esquí de fondo, así como de caminar con raquetas de nieve a lo largo de pistas que atraviesan los blancos y tupidos bosques nevados.

Durante el verano, el entorno se convierte en un espacio idóneo para los amantes del golf (existen numerosos campos de alta calidad), así como del senderismo y de la escalada. Incluso es posible alquilar canoas, pescar y acampar en determinados puntos del parque.

Para los novatos, como nosotros, el parque de Mont-Tremblant nos puede parecer más inabarcable de lo que realmente es, pues cuando vemos un mapa del parque no logramos más que divisar kilómetros y más kilómetros de carreteras que se entrecruzan y adentran por infinidad de profundos valles.

En medio de esas colinas ondulantes, elevadas montañas y los espejos de los lagos, encontramos al fin una cocina sobresaliente y un vibrante movimiento cultural que nace de la mezcla de los pueblos que colonizaron esta área: desde los indígenas canadienses con sus propias tradiciones e idioma que siguen cultivando, más los franceses, ingleses, irlandeses y escoceses, y las poblaciones de inmigrantes de todas partes del mundo. ¿Listo para conocer este paraíso?

Si conoces Montreal comparte con nosotros qué es lo que más te gusta de este destino. ¿Qué lugar te parece imperdible?

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