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¿Por qué el país no crece? Es la historia de 2 Méxicos

El país, capaz de competir con el resto del mundo, coexiste con otro, mucho más grande, lento e ineficiente, que no permite un mayor crecimiento.

02-09-2015, 1:44:53 PM
¿Por qué el país no crece? Es la historia de 2 Méxicos
Los editores de Altonivel

Uno de los estudios más completos acerca de la productividad de las empresas mexicanas es el desarrollado y presentado por la prestigiosa consultora McKinsey & Company el año pasado.

Por la seriedad del documento, nos permitimos compartir contigo, apreciable lector, algunos aspectos fundamentales del estudio denominado A Tale of Two Mexicos: Growth and Prosperity in a Two-Speed Economy (Historia de dos Méxicos: crecimiento y prosperidad en una economía a dos velocidades).

Para entender el potencial de la economía mexicana es útil recordar los logros hasta antes de los años 80. Desde el comienzo de los 50, pasando por los 60 y hasta los 70, México se urbanizó e industrializó a paso rápido. El PIB se elevó en un promedio de 6.5% anual. Entre 1950 y 1970,  la productividad creció 4.3% al año en promedio. Este “milagro mexicano” fue caso de estudio para el desarrollo económico en el resto del mundo.

Sin embargo, la era de los milagros pasó y el crecimiento ya no se recuperó. La gran expansión del gasto público dentro del programa Desarrollo Compartido, durante los 70, condujo a desequilibrios financieros que resultaron insostenibles cuando los precios del petróleo se hundieron.

Aunque el documento de McKinsey no lo precisa, se infiere tácitamente: el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez devaluó nuestra moneda en 1976, pasando de una paridad -que se había mantenido estable 22 años- de 12.50 a más de 22 pesos por dólar.

El comienzo de la crisis financiera de aquellos años no se hizo esperar, acentuándose durante el mandato de José López Portillo, quien gestó una devaluación sin precedentes en la historia de México para 1982.

Retomando el análisis de McKinsey, desde 1981 el crecimiento del PIB ha sido del 2.3% anual, en promedio –en especial por el incremento de la fuerza laboral–, y el PIB per cápita ha crecido a razón de un decepcionante 0.6% al año.

En 2012, el rendimiento del trabajador mexicano promedio era de 17.90 pesos en paridad de poder adquisitivo, todavía por debajo de los 18.30 pesos por hora de 1981. El PIB mexicano per cápita, que era 12 veces el de China en 1980, ahora es tan solo 25% más alto. Y debido a los índices actuales de crecimiento, la nación asiática podría rebasar a nuestro país para el año 2018.

El reto, aumentar la productiviad

Muchos factores han afectado el crecimiento y la productividad de México en las últimas tres décadas. Entre ellos destacan los volátiles precios de los energéticos y las serias crisis financieras. Sin embargo, el análisis de McKinsey sostiene que, tanto en los buenos como en los malos tiempos, ha sido el estancamiento del gran número de empresas tradicionales el que ha limitado el incremento del PIB y de la productividad.

Las empresas tradicionales emplean al 42% de todos los trabajadores del país, pero apenas contribuyeron con el 10% del valor agregado de la economía mexicana en el año 2009.

La escasa productividad de las compañías tradicionales constituye el meollo del reto que México tiene para desarrollarse. Desde 1990, el aumento del PIB ha sido de 2.7% anual, en promedio. En gran parte, este crecimiento se debe a una fuerza laboral en rápida expansión.

Los aportes de esta fuerza laboral constituyen más de dos tercios del incremento del PIB. Sin embargo, ahora, este “dividendo demográfico” está comenzando a caer: parece que el desarrollo de la fuerza laboral disminuirá de 2 a 1.2% anual, hasta el año 2025.

Si la productividad no se acelera y el actual índice de 0.8% anual no mejora, el incremento del PIB mexicano podría caer a un ritmo de 2% anual.

Para elevar el PIB a 3.5%, que fue la proyección del Banco de México para 2014, la productividad debió haber aumentado en 2.3% anual (casi tres veces el índice del periodo 1990 a 2012).

Para cumplir la meta del 6%, propuesta por el gobierno, se requeriría mejorar la productividad en 4.8% al año, o unas seis veces el índice de las dos décadas  anteriores (ver tabla 1).

Empresas tradicionales débiles

México cuenta con muchos ingredientes tanto para mejorar la productividad como para acelerar el desarrollo del PIB. Tan es así que no ha escatimado en inversiones: más o menos un cuarto del PIB se va a inversiones en capital fijo, una tasa menor a la de las economías asiáticas en rápido crecimiento, pero de las más altas en Latinoamérica. Y el ambiente macroeconómico de México ha sido cada vez más estable a lo largo de las últimas décadas.

Lamentablemente, por lo que se refiere al crecimiento del sector moderno y su productividad, nuestro país luce cada vez más desmejorado a causa de las debilidades de las organizaciones tradicionales.

Mientras las corporaciones globales elevaron su productividad a 5.8% al año entre 1999 y 2009, y las de tamaño medio lo hicieron a razón de 1.0%, la productividad de las empresas tradicionales mexicanas se precipitó un abrumador -6.5% al año.

La gravedad de la situación se acentúa porque el número de trabajadores en las empresas tradicionales va en aumento. En 1999, el 39% de toda la fuerza laboral estaba empleada en organizaciones tradicionales de baja productividad; para 2009, esa proporción se había elevado a 42%.

Las compañías mexicanas de tamaño medio (que tienen entre 11 y 500 empleados) representan otro reto importante. Salvo algunas honrosas excepciones, este tipo de organizaciones no ha sido fuente de innovaciones, creación de nuevos empleos ni cambio dinámico en la economía. No solamente su productividad ha sido débil, sino que su participación en el empleo ha declinado: de 41% de todos los empleados en 1999, a 38% en 2009.

En industrias con productos y servicios de gran comercialización, las compañías de tamaño medio –en particular las manufacturas, que enfrentan un aumento de las importaciones procedentes de países de bajo costo– han perdido terreno. Están constreñidas por falta de acceso al capital, así como por un mayor número de competidores que operan en la informalidad y gozan de una ventaja en costos, pues evaden impuestos y sus empleados no constan en libros.

Por si fuera poco, los salarios que pagan las firmas tradicionales (de 10 a menos trabajadores), ajustados a la inflación, se encogieron 2.4% al año entre 1999 y 2009. Por otra parte, los ingresos del trabajo independiente (en la economía informal) cayeron en un 22% estimado de 2008 a 2012.

En las compañías grandes, los sueldos han permanecido estáticos, a pesar de los rápidos avances en productividad. Los salarios estancados o reducidos no solo vuelven más complicada la vida de millones de mexicanos, sino que reprimen la expansión de la clase consumidora del país, por cuanto que limitan el poder adquisitivo necesario para que la demanda interna estimule un crecimiento sostenido.

En busca de la solución

Prescribir muchas de las medidas necesarias para mejorar la productividad de las empresas tradicionales es sencillo: introducir equipo que ahorre mano de obra y mejorar los procesos básicos, lo que no se ha cumplido. Pero lo que más cuesta entender es por qué estas soluciones no se han puesto todavía en práctica.

Para que ocurra el cambio, el país necesita comprender y enfrentar las razones por las cuales los dueños de estas empresas no realizan las modificaciones operativas e inversiones que requieren para elevar su productividad. También debe considerar las normas e impuestos que limitan la expansión del sector moderno.

En Alto Nivel tenemos la percepción de que muchos de los cambios que se enuncian no han cristalizado debido a la instrumentación de medidas gubernamentales proteccionistas en los negocios informales, los cuales pululan por doquier sin que la autoridad exhiba su fortaleza. En contraparte, la reforma fiscal reciente vuelve a recaer en aquellas personas morales cuya capacidad de movimiento se ve más cuestionada.

Pero, ¿cuáles son las claves del crecimiento para este México? Si la productividad es la gran falla del país, presentamos algunas respuestas a las preguntas: ¿Por qué no crecemos? Trabajo improductivo, ineficiencia en la administración publica y la creciente informalidad frente a un mercado laboral deprimido, son una guía.

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