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TLC México-Europa: ¿Ganamos o perdimos?

El tratado con la Unión Europea proponía reducir la dependencia comercial de Estados Unidos. Pero es poco el avance 15 años después. Así el análisis.

25-08-2015, 1:32:35 PM
Jorge Monjarás y Gabriela Guerra

Cuando los europeos descubrieron América, se necesitó que pasaran décadas para que comprendieran la dimensión total de la nueva tierra que pisaban. México lleva apenas 15 años en su esfuerzo por cruzar el Atlántico en sentido inverso y apenas toca una parte del potencial de comercio del Viejo Continente.

En términos del fomento del comercio exterior, el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLC UE-MX) puede considerarse un éxito: el comercio total casi se cuadruplicó en apenas tres lustros. Sin embargo, la balanza sigue siendo deficitaria para México, por más de 20,000 millones de dólares (mdd) en 2014. Además, la región apenas representa 8.2% del comercio exterior mexicano, mientras que Estados Unidos sigue abarcando un 80%.

El sueño de diversificación está aún muy lejos; sin embargo, el tratado sí ha desatado un caudal sin precedentes de inversión extranjera directa hacia México, lo cual da indicios de que todo valió la pena.

El pasado año, Europa exportó 44,600 mdd a nuestro país, mientras los artículos mexicanos para ese mercado ascendieron a 22,600 mdd. El panorama era de 13,000 y 5,000 mdd en 2000.

Hay viejos socios y los hay nuevos: Alemania avanzó por encima del resto y sigue siendo nuestro principal socio comercial del bloque. Por otra parte, vino la oportunidad de abrir mercados en Europa oriental y el Báltico: la República Checa y Polonia destacan entre las nuevas tierras descubiertas por las naves mexicanas.

Sueños y realidades

El Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación, que contempla un pacto de Libre Comercio entre México y las 28 naciones del bloque europeo llega a 2015 con un reto imprescindible: la modernización, que elevaría las relaciones a su más avanzada expresión. ¿En qué plazo? No ha quedado definido.

Según datos de la Delegación de la Unión Europea en México, el acuerdo vigente atrajo mucha mayor inversión extranjera directa al país, convirtiendo la Unión Europea (UE) en el segundo aportador de capital, con casi el 40%.

Asimismo, reforzó la posición de México como centro de manufactura orientada a la exportación, con acceso preferencial garantizado a los dos mercados comerciales más grandes del mundo; la media de inversiones anuales se triplicó y se liberó el comercio de servicios.

A principios de los 90, tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la Unión valoró la importancia de establecer acuerdos con nuestro país, para aprovechar la apertura comercial con Estados Unidos, explica Andrew Stanley, embajador de la UE en México, para quien el tratado fue histórico: el primero celebrado con un país fuera del vecindario de la UE.

En estos tres lustros, los intercambios comerciales han crecido más de 250%. “En 2008, la UE designó a México como socio estratégico, dentro de un grupo de 10 países, por su peso económico, político y como actor global”.

Tan solo en 2014, el intercambio comercial movió 66,000 mdd; casi 250% más, en comparación con 2000 (237% para las exportaciones de la UE y 272% para las mexicanas).

Las inversiones de la Unión en México desde la firma del acuerdo ascienden a 145,000 mdd. En términos de exportaciones, la UE ocupa el tercer lugar para nuestro país, después de Estados Unidos y China.

Tierra adentro

Hace 15 años, Alemania era, por mucho, la nación más exportadora de productos hacia México. Hoy, continúa a la cabeza, a una distancia considerable, de Italia, que sigue en segundo lugar. En estos años es notable el ascenso de Holanda, cuyas ventas se han multiplicado por 10. Otros países que no pintaban en el panorama y ahora destacan son Irlanda, Austria y la República Checa.

En dólares, el principal beneficiado como exportador es Alemania, con 8,730 mdd adicionales en ventas. En 1999, cinco países rebasaban los 1,000 mdd en exportaciones hacia México; hoy día ese número se duplicó.

Los productos más importantes que van del Viejo Continente a México son maquinaria industrial (23%), equipo eléctrico (14%), sector automotriz (10%) y el sector petrolero (7%). El rol de la UE hacia México está caracterizado por la proveeduría de bienes de capital y productos intermedios para ensambladores, que luego suelen exportarse a Estados Unidos y otros países.

En el otro platillo de la balanza, hace 15 años Alemania era nuestro principal mercado de exportación. Hoy España es el primer lugar (ver tabla), pues las ventas se multiplicaron por seis con la ayuda de los contratos petroleros.

Además, España es el mercado que más ha crecido para México en términos de dólares, con 5,016 mdd adicionales en exportaciones. Le siguen Holanda, Alemania, Bélgica e Italia. Antes del tratado, solo las exportaciones hacia un país rebasaban los 1,000 mdd; en 2014 son siete naciones.

España, Italia y Holanda se han visto especialmente beneficiadas, con un crecimiento de sus exportaciones por encima del promedio, pero también partiendo de volúmenes de comercio muy altos. Alemania y Gran Bretaña crecieron por debajo del promedio europeo.

México envía a la UE combustibles y productos mineros (33%), principalmente petróleo, equipo de transporte, maquinaria (12%) y equipo eléctrico (10%).

Así, nuestros principales socios europeos son: Alemania, España, Italia, Holanda, Francia, Gran Bretaña, Bélgica e Irlanda. Los países de Europa oriental han pasado a convertirse en la nueva frontera, y más que eso: en verdaderas ventanas de oportunidad para los productos mexicanos.

Exceptuando el petróleo, y a diferencia del resto de Latinoamérica, México es más un exportador de bienes manufacturados que de materias primas. Ese sueño, aunque más antiguo (que se remonta a la década de los 80), sí fue hecho realidad y nos diferencia y ayuda en un mercado global de commodities deprimido.

Además de las mercancías, hay que resaltar que el intercambio de servicios, especialmente los financieros y de turismo, se ha incrementado de forma muy notable. El siguiente detonador se espera que sean las reformas estructurales. Sobre la industria energética, el embajador Stanley consideró que “en Europa hay una gran experiencia en materia de energías renovables: solar, eólica… por lo que el potencial para colaborar con México crece”.

Sin embargo, descarta que haya acuerdos próximos en temas de exportación de gas natural de México, teniendo en cuenta que Europa se encuentra inmersa en un proceso de consolidación energética, donde se importa mucho gas de Estados Unidos, Argelia y Noruega. Importar gas de México implicaría un costo muy grande, dada la distancia, lo que define, sin duda, cuáles son las competencias en las que el país todavía se queda fuera.

“Si a raíz de la reforma energética crece la producción y la exportación de petróleo, eso puede contribuir a aumentar las importaciones europeas de energía mexicana”. Opina que habría empresas europeas interesadas en entrar al mercado energético mexicano, haciendo uso del conocimiento que poseen en la cadena energética, desde la exploración y perforación de pozos, hasta la transformación de productos. Aunque, por desgracia, no es lo que vimos en la primera ronda petrolera de México.

Echar anclas y plantar banderas

En estos 15 años, México ha comenzado a exportar a países donde prácticamente no tenía comercio. Ellos son Eslovaquia, Rumania, Letonia, Lituania, Bulgaria, Estonia, Eslovenia, Croacia, Malta y Chipre. Es en ellos donde nuestros veleros, echan nuevas anclas, en busca de incursionar en sus mercados. Igualmente, estos países han encontrado oportunidades para exportar a México.

Para beneplácito de nuestros sueños de conquista, solo en Mónaco y Portugal, todavía afectado por su crisis fiscal, las exportaciones mexicanas han caído en estos años. Stanley destaca los sectores que han gozado de la fuerte inversión europea, como el automotriz, protagonizado por grandes empresas alemanas e italianas; el aeroespacial, sobre todo en el clúster de Querétaro, y el financiero, en donde tres de los cinco bancos más importantes del país son europeos.

En estos años hemos recibido el interés extranjero en productos mexicanos. Sucedió en 2010, cuando el fabricante holandés Heineken compró Cuauhtémoc, de FEMSA, por más de 6,500 mdd. La belga InBev Anheuser completó su adquisición de Grupo Modelo por 13,000 mdd en 2014. Alrededor de 1,600 empresas francesas operan en el país y se espera que el país galo busque una mayor inversión en temas aeroespaciales.

Las telecomunicaciones son un gran atractivo para los inversionistas y es un sector que debe crecer, según Stanley. “Hay una gran coincidencia entre lo que está sucediendo en México con todas las reformas, y lo que pasa en la Unión Europea con las crisis del euro y financiera de los últimos años. Las palabras clave son competencia y competitividad”, es la reflexión del embajador.

La aspiración es, dice, tener economías avanzadas, capaces de generar empleos de calidad. Las economías que crecen en el mundo se basan en tecnología e innovación.

La Comisión Europea ha trabajado duro en el tema de telecomunicaciones, explica el funcionario, para que este sector se integre más en beneficio de los consumidores y de la competitividad de las compañías. Hay, pues, un espacio para intercambiar experiencias.

Aunque el principal inversor extranjero en el país es Estados Unidos, con 49%, la UE lo ha seguido de cerca con 39% de participación. En 2010 y 2013 estuvo en el primer lugar en inversión nueva, con 62 y 57%, respectivamente. Los países que más le apuestan al mercado mexicano son: Holanda, con el 34% de la inversión de la UE; España, con el 33%; Bélgica (11%); Reino Unido y Alemania con más del 6% cada uno.

La flota de la modernización

Partiendo de que tanto México como la UE han negociado ya acuerdos más sofisticados y completos con otros socios, la idea no es solo equiparar a estos el TLC UE-MX del año 2000, sino ir más allá.

Consiste, explica Stanley, en modernizar el marco jurídico para redefinir una relación más avanzada, aprovechando las lecciones de otros acuerdos con el propio México, pero también con Canadá, Colombia, Perú, Centroamérica y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión / ATCI (o, en inglés, Transatlantic Trade and Investment Partnership / TTIP) con Estados Unidos. “La interesante geometría de estos acuerdos nos impulsa a mantener una posición importante en México”, asegura.

Destacan temas de los que hace 15 años no se habló: la propiedad intelectual, las compras públicas, la promoción y protección de inversiones, fundamentales hoy en acuerdos comerciales de última generación.

Además, hay un largo camino en materia de concertación política. Para la visión europea, la UE es una unión de países que comparten valores. Explica Stanley que estos valores son compartidos también con México –aunque no con todos los socios estratégicos–. Salen entonces a colación temas como la promoción y defensa de los derechos humanos, la democracia, la lucha contra el cambio climático, la protección y el desarrollo del libre comercio, así como la oposición a la pena de muerte, entre otros.

La UE se vanagloria de ser la zona económica del planeta donde más inclusión y equidad social hay, refiere: “Eso representa, de cierta manera, nuestra historia y tradición, pero también nuestros valores. En Europa buscamos un modelo de desarrollo incluyente”.

En México, la desigualdad es un tema socioeconómico fundamental; no es un misterio para nadie, y las bases de una economía que se abre no se consolidan en certidumbre para los bolsillos de sus habitantes. El embajador señala que la cohesión social es el sector focal de la cooperación europea con México en términos de desarrollo sustentable.

Sus miras incluyen la tributación, la procuración de la justicia, el empleo y el acceso a servicios básicos de educación y salud, etc. En este sentido, la UE apoya a México en proyectos que denomina laboratorios de cohesión social, desarrollados junto con el gobierno federal, sobre todo en zonas de Chiapas, Oaxaca y San Luis Potosí, y que incluyen, además, tratar el tan delicado asunto de los derechos humanos. La idea de la parte europea es trabajar con el gobierno, pero también con organizaciones de la sociedad civil para que, con este enfoque multidisciplinario, sea posible promover una mayor justicia social.

Otro sector es el medio ambiental. Se organizan talleres de residuos sólidos, una problemática que hoy día incluye casi todos los países, y donde el Viejo Continente tiene una gran ventaja. Se pretende establecer una conexión que permita la transferencia de tecnologías, de know-how, y a la vez se promueva el concepto de economía circular, basada en el reciclaje y aprovechamiento de residuos para llegar, a una cadena productiva con emisiones cero.

De cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 21), en París, este septiembre viene un encuentro entre la sociedad civil mexicana y la centroamericana, para intercambiar experiencias y ver cómo estas participan en la definición de políticas nacionales.

Asimismo, durante la pasada visita del presidente a Francia, las agencias espaciales de los dos países firmaron un acuerdo de Cooperación Espacial en Materia de Medio Ambiente, Clima y Océanos.

Además del cambio climático, el acuerdo incluye la cooperación en materia de oceanografía espacial, orientado al conocimiento y a la protección de áreas marítimas, instando a México a comprometerse a que, para el año 2020, hasta un 10% de sus zonas marinas sean convertidas en Áreas Naturales Protegidas.

Los ánimos de conquista mutuos se remuevan en este 2015. Los europeos llegan cada vez más a nuestros mercados en busca de coyunturas favorables, pero también la flota mexicana incursiona allende el Atlántico y encuentra nuevos puertos donde amarrar sus barcazas, así como las cimas donde plantar banderas definitivas.

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