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Diego López, la historia del rey del huerto

Este empresario sinaloense ha crecido su negocio a base de reinvertir sus utilidades, apostar por la innovación y atender la exigente demanda del consumidor.

27-05-2015, 2:10:09 PM
Diego López, la historia del rey del huerto
Claudia Cerezo

Diego Ley López es uno de los 50 empresarios agrícolas más importantes de Sinaloa. Del Campo, el negocio que inició allá por 1980, se ha posicionado  como uno de los líderes del sector hortícola de México.

Aprendió el negocio de la mano de su padre, don Juan Ley Fong, el inmigrante chino que en 1954 fundó una de las cadenas de tiendas de autoservicio más importantes del noroeste mexicano: Casa Ley.

Al tiempo que atendía su negocio comercial, don Juan Ley Fong dedicaba parte de su tiempo a la agricultura y la ganadería. Desde muy pequeño, Diego comenzó a trabajar en el negocio familiar. Junto con sus hermanos, se levantaba a las cuatro de la mañana para cargar y descargar mercancía, despachar, cobrar o salir en camionetas a repartir.

El cariño por la tierra que su padre le inculcó lo llevó a preferir el campo. En 1980 renunció a su puesto de director de Finanzas de Casa Ley y, siguiendo los pasos de su padre, comenzó a hacerse cargo del rancho y a sembrar calabaza italiana y pimiento morrón. Cuatro años después probó suerte con otros cultivos: tomates, chiles y pepinos.

Desde los inicios de su empresa –a la que bautizó como Del Campo–, Diego se dedicó a la exportación. Su alianza con la cadena estadounidense de supermercados Safeway, en 1985, le abrió terreno en uno de los mercados más importantes para cualquier agricultor de productos frescos: Estados Unidos.

Diego tenía que contratar compañías de distribución para hacer llegar sus productos a este mercado, pero en 1991 abrió su propio negocio en Nogales, Arizona. Hoy, ahí opera la oficina central de ventas y el centro principal de distribución y logística. Otro centro se encuentra en McAllen, Texas.

Los centros tienen toda la tecnología de punta en materia de inocuidad y son espacios adecuados para el manejo de los productos del campo, que requieren una temperatura idónea para conservar su textura, color y sabor. La producción del centro de México llega a Texas a través de Matamoros, mientras que la de Sinaloa y Jalisco se exporta por Nogales.

Los cargamentos terrestres llegan a ambos centros de distribución para luego reembarcarse a su destino final: las tiendas y supermercados estadounidenses.

El crecimiento de la compañía ha sido tan vertiginoso, que en 2009 abrió un pequeño centro de redistribución en Filadelfia, Pensilvania, para atender los modestos comercios del este de Estados Unidos.

Contrario a lo que podría creerse, Del Campo no se desarrolló con el poder empresarial de Casa Ley, el negocio comercial de la familia. Más bien creció bajo el cobijo de una constante reinversión de utilidades.

Cultivos más sanos

Diego comenzó su producción en 40 hectáreas de terreno en su natal Culiacán, pero ya se ha extendido a otras localidades de la República Mexicana: Jalisco, San Luis Potosí y Puebla.

Hoy tiene 400 hectáreas de cultivos protegidos o bajo cubierta (casas de cultivo, invernaderos y sistemas hidropónicos) y 300 hectáreas de campo abierto en las cuales se emplean métodos agrícolas tradicionales. La producción se centra en distintas variedades de tomate: bola, saladette, racimo, uva, amarillo, entre otros, y pimientos dulces.

En total Del Campo producen 60,000 toneladas al año. El 80% se exporta a Estados Unidos y Canadá (alrededor de 48,000 toneladas anuales) y el resto se vende en México (unas 12,000 toneladas).

La tecnología ha tenido mucho que ver en la calidad de los productos, y Diego Ley ha sido su principal promotor. Del Campo combina métodos de cultivo tradicionales con técnicas más recientes, como los sistemas orgánicos y los invernaderos hidropónicos, que se basan en ciclos biológicos y reutilizan el agua empleada en el riego.

Gracias al ahorro en agua, la compañía puede invertir en mejores métodos de fertilización y buenas prácticas agrícolas, como el control biológico para combatir plagas. “Si una epidemia de insectos está dañando nuestras plantas, utilizamos otros organismos para que se los coman.

A diferencia de los pesticidas derivados del petróleo, el control biológico mantiene sanos los cultivos sin contaminar los mantos freáticos o aguas superficiales y sin perjudicar los suelos”, explica el empresario. Otra de las buenas prácticas es el sistema de riego por goteo, para que los frutos nunca toquen el suelo.

Después de la cosecha, los tomates y pimientos se llevan a las empacadoras; ahí son seleccionados por su calidad, color y tamaño. Luego se lavan rigurosamente y se empacan.

Tomates con huella digital

Del Campo no solo ha implementado tecnología en los campos de cultivo; también, para dar seguimiento en línea a sus productos. “Gracias a nuestro sistema de trazabilidad, podemos rastrear nuestros tomates y pimientos para saber exactamente en qué parte de la línea de producción se encuentran, desde su origen hasta su destino final. Eso nos ha permitido ser eficientes en toda la operación”, explica.

Cada fruto o empaque es etiquetado con un código específico que contiene toda la información relativa a ese producto; por ejemplo, dónde se cultivó y qué camino siguió para su comercialización. Incluso se puede obtener la fotografía del empleado que manipuló el fruto. Pareciera que cada tomate o pimiento tiene su propia huella digital.

Como amante de la tecnología, fue el propio Diego quien impulsó estos sistemas, los cuales, en su tiempo, fueron pioneros e innovadores. “Algunas veces he tomado decisiones de inversión que a primera vista pueden parecer incomprensibles, pero con el paso del tiempo se convierten en detonadores para la eficiencia, especialmente en materia de costos fijos. Por esta razón, seguimos invirtiendo en investigación y desarrollo de nuevas variedades de productos y en métodos de riego, fertilización, control de plagas y empaquetado”, dice el empresario.

Al cliente lo que pida

El mercado de productos frescos para exportación se desenvuelve en un marco competitivo muy fuerte, pues las regulaciones para su producción y distribución, sobre todo en cuestiones de monitoreo y control de residuos tóxicos y microbiológicos, se volvieron más estrictas después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Por eso, desde 2009, Del Campo recibió la certificación Safe Quality Food (SQF) 1000 Level 3, la cual garantiza inocuidad y calidad alimentaria en toda la cadena de abastecimiento. Los consumidores pueden estar seguros de que los tomates y pimientos que compran han sido producidos y manejados de acuerdo con altos estándares de calidad.

Otra ventaja competitiva de Del Campo es su presencia física en Estados Unidos, a través de sus oficinas de Nogales y Filadelfia. “A diferencia de otros productores, nosotros palpamos las necesidades y preferencias del consumidor estadounidense.”

Las estrategias anteriores son parte de la visión y misión de Del Campo y Diego Ley. “No queremos ser un gran proveedor, sino un buen proveedor; por eso buscamos satisfacer las demandas de nuestros clientes. Gracias a esta forma de pensar, hemos encontrado áreas de oportunidad que han hecho más rentable nuestro negocio.”

Por ejemplo, Del Campo fue el primer productor en usar el empaquetado electrónico. Antes, los tomates se seleccionaban de manera manual. Ahora pasan por una máquina que toma alrededor de nueve fotografías a cada pieza. Con esta información se obtiene un promedio del diámetro, color y peso de los tomates. Luego se agrupan los que tienen las mismas características, para después empacarlos. De esta forma se obtiene un producto uniforme.

Del Campo también vende en bolsas de algodón para los clientes ecológicos que no quieren plástico, o cambia el color de los empaques si desea dar un efecto visual diferente a los productos. Esta es su filosofía: “Al cliente, lo que pida”.

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