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Vinos mexicanos refuerzan estrategia ante competencia

Con fuertes desafíos externos e internos, la industria vitivinícola ha experimentado un crecimiento notable en la última década y quiere más.

26-05-2015, 8:36:32 AM
Vinos mexicanos refuerzan estrategia ante competencia
Dorian Emmanuel Sandoval Meza

México es considerado el productor más antiguo de vino en Latinoamérica. Sin embargo, la producción actual es relativamente pequeña y enfrenta una fuerte competencia internacional en Estados Unidos, Latinoamérica (Chile y Argentina), Europa (España, Francia, Italia, Alemania y Portugal) y Australia.

Además, no ha podido posicionar sus vinos en el mercado interno y, aunque las exportaciones son cada vez más dinámicas, su monto es sumamente modesto para compensar el creciente flujo de vinos importados, señala Wilfrido Ruiz Ochoa, del Colegio de la Frontera Norte (Colef), en el estudio Elementos para un diagnóstico de la vitivinicultura en México.

Este balance, menciona, encuentra su explicación en una competencia desigual por parte de países europeos y latinoamericanos, que disfrutan de subvenciones que no poseen los vinos mexicanos, y en factores institucionales, ambientales y económicos de origen interno que dificultan que el país aproveche su potencial vitivinícola y que compita internacionalmente.

A pesar de ello, la industria vitivinícola mexicana ha experimentado un crecimiento notable en la última década, al alcanzar las 4,000 hectáreas de viñedo, gracias a una inversión que supera los 800 millones de pesos (mdp). 

Hace cuatro años, el consumo de vino per cápita en México era de aproximadamente 500 mililitros, pero en 2015 se espera alcance 750 mililitros, cifra 50% mayor a la registrada en 2001. 

Y aunque esta cantidad sigue siendo mínima, si se compara con los 46.4 litros de Francia, los 43.8 litros de Portugal, los 19.9 litros de España, los 12.4 litros de Canadá o los 9.1 litros que un estadounidense consume al año, se estima que el consumo de esta bebida podría crecer entre 30 y 50% en el 2020. 

El año pasado se produjeron en el país 19.3 millones de litros de vino, con un valor de 3,000 mdp aproximadamente, y se espera que aumente de manera importante en los próximos cinco años, toda vez que se han descubierto 160,000 hectáreas propicias para la siembra de vid.

“El reto del vino mexicano es llegar a tener por lo menos otras 10,000 hectáreas al final de la década y crecer rápidamente hasta las 15,000. No obstante, según nuestras estimaciones, de lograr las inversiones para producir vino nacional en las hectáreas disponibles, para 2020 el consumo de vino en el país podría crecer de 30 a 50%”, señala Guillermo Ruiz de Chávez, director general del Consejo Mexicano Vitivinícola, integrado por 33 socios, de los cuales 22 producen brandy, jugos y vino.

Hoy, México tiene cerca de 120 bodegas productoras de vino –85% son pequeñas y generan entre 200 y 500 cajas anuales– y 1,000 etiquetas propias, mientras que hay más de 3,000 de origen extranjero para satisfacer la creciente demanda de esta bebida. 

Básicamente, el país importa 70% del total de la oferta en el mercado, en tanto que 8% de sus exportaciones se destinan a Japón, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Bélgica, Dinamarca y Belice.

Legión extranjera 

En 2014 se vendieron más de 82.3 millones de litros de vino en territorio mexicano, con un valor de 15,304 mdp. 

No obstante, 63 millones de litros fueron traídos del extranjero, ya que la producción local, que ascendió a 19.3 millones de litros, no es suficiente para satisfacer la demanda. Los principales países suministradores fueron España, con 30% de cuota de mercado; Chile, con 24%; Italia, con 16%; Argentina, con 10%; y Estados Unidos, con 7.8%.

En este sentido, Rosario Rubio García, consejera comercial de la Embajada de España en México, explica que en 2014 sus exportaciones representaron casi 30.9% de las importaciones mexicanas en valor y 30.6% en volumen. Lo anterior significa un aumento de 4.4% en valor y 1.1% en volumen respecto a 2013.

Entrevistada en el marco de la IX Muestra de Vinos de España, realizada en febrero pasado, la funcionaria indica que, aunque en México el sector del vino no está plenamente desarrollado como en otros países de Europa, es claro que el consumidor nacional está conociendo cada vez mejor el producto, lo que explica el aumento del consumo per cápita. 

De igual forma, subraya el creciente interés por otras variedades, pues a pesar de que predomina el consumo de vino tinto entre los mexicanos, también se muestran cada vez más abiertos a la oportunidad de probar vinos blancos, rosados y espumosos.

De la misma manera, menciona que aun cuando actualmente nuestro país conforma menos del 3% del valor de sus exportaciones, se ha comprobado que es un mercado en crecimiento y con un gran potencial: 

“Debemos darle la importancia que se merece; por eso, le dedicamos nuestros esfuerzos. Como gobierno organizamos dos grandes eventos de vino al año en México. El primero es para bodegas que buscan un importador mexicano y el otro es para importadores mexicanos que encuentran nuevas etiquetas en el primer evento y que desean presentarlas a sus posibles clientes”. 

Asimismo, Rubio enfatiza la importancia de la figura del importador/distribuidor en lo referente a los canales de distribución. 

Según dice, casi todas las importaciones que se hacen en México se realizan a través de este, aunque algunas tiendas especializadas, como La Europea o La Castellana, suelen tener su propia importadora para comprar directamente al productor. 

“Lo normal es comprar al distribuidor. Las tiendas o las cadenas de autoservicio importan de forma directa cuando la rotación del producto es grande; solo así se arriesgan a tomar esas partidas”, subraya.

La representante de la embajada española añade que en México el 64% del vino, en términos de volumen, se vende en las grandes tiendas o cadenas de autoservicio, mientras que los mayores ingresos por ventas derivan de los hoteles, restaurantes y cafeterías, pues llegan a 64.2%.

Expansión de la franja del vino

Guillermo Ruiz de Chávez, del Consejo Mexicano Vitivinícola, reconoce que una de las principales limitaciones locales en la producción es el número de hectáreas plantadas.

Mientras que México posee 4,000 hectáreas, España tiene la mayor superficie de viñedo cultivado a nivel mundial con 950,541 hectáreas, lo que le permitió producir 3,700 millones de litros de vino en 2014, según datos de la Organización Mundial del Vino. 

El desafío es mostrar que el vino mexicano puede ser igual de rentable. 

“Plantar una hectárea de viñedo en México cuesta alrededor de 25,000 dólares. Se trata de una inversión a largo plazo, ya que se produce vino después de tres o cinco años”, añade. 

Explica que para incrementar la producción se requiere una inversión importante en tierra; paquetes tecnológicos; vides (material vegetativo); maquinaria y equipo; infraestructura; estudios especializados (plan de negocios, desarrollo de proveedores, estudio de mercado nacional e internacional, estudios topográficos); desarrollo de capacidades (capacitación a productores de vid) y capital de trabajo. 

Pese a esto, nuevas zonas se están uniendo a los esfuerzos de la franja del vino, como Parras, Coahuila; Ezequiel Montes, Querétaro; San Miguel de Allende, Guanajuato; Dolores, Hidalgo; así como Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí y Chihuahua que, con sus 120 hectáreas de viñedo, se podría convertir en la zona vinícola más importante del país, gracias a su clima idóneo.

De todas estas zonas, Querétaro es la que mayor desarrollo y potencial presenta en los últimos años. Ignacio Calderón, presidente de la Asociación de Vitivinicultores de Querétaro, afirma que la región posee más de 100 etiquetas en el mercado y alrededor de 400 hectáreas de uva plantada para vino. 

“Muchas hectáreas son nuevas y todavía no tenemos un gran volumen, pero están sucediendo cosas interesantes. Cada año se suman más etiquetas y de mejor calidad”, subraya.

Una de esas cosas interesantes que están sucediendo, señala Claudio Bortoluz, vicepresidente de Viñedos La Redonda, es el Festival 100 vinos mexicanos, que en su sexta edición, realizada a finales de febrero pasado, contó con la presencia de 90 vinícolas y más de 500 etiquetas provenientes de algunas de las zonas productoras más importantes del país, como Baja California, Zacatecas, Coahuila, Aguascalientes, Guanajuato y Nuevo León. “En la primera edición de este festival participaron apenas 13 vinícolas y 130 etiquetas.”

El directivo presume que La Redonda está creciendo a un ritmo de 20% anual. “Plantamos 60 hectáreas cada año y para 2016 calculamos sembrar alrededor de 100”, añade.  

Perspectivas del sector

La industria vitivinícola pasa por un buen periodo, asociado en gran medida al aumento en el consumo de vino en México. Lo que antes era una tradición predominantemente masculina de los estratos más altos en ingresos y edad, hoy es una actividad lúdica en expansión entre hombres y mujeres de entre 25 a 35 años, público al que buscan dirigirse la mayoría de las marcas nacionales. 

“Buscamos posicionar el vino mexicano como una bebida de gran calidad a precios muy competitivos. Para ello realizamos campañas muy agresivas de difusión. También nos apoyamos en los programas de promoción que ofrece la Sagarpa. Es muy importante incentivar la inversión en viñedos, en plantas productoras de vino y en bodegas. 

“La participación nacional y las alianzas extranjeras permitirán que el know how de estas últimas llegue a nuestro país para aprovechar su enorme potencial”, menciona Ruiz de Chávez.

Finalmente, Wilfrido Ruiz Ochoa, del Colef, señala en su citado estudio que, para impulsar la capacidad productiva y de exportación, es necesario reduir gradualmente las cargas fiscales, así como introducir estímulos públicos, como los que se practican en los países con los que se compite. 

En nuestro país, el vino paga, además del 26% de IEPS, el 16% del IVA, por lo que, en suma, la carga tributaria por la venta de este producto es del 42%, ya que se le considera una bebida de contenido alcohólico, mientras que en la Unión Europea está clasificado como un complemento alimenticio, con tasas de impuesto preferenciales, así como otros subsidios y apoyos gubernamentales.

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