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En qué se parecen el Metro y los cohetes rusos

El Metro está en uno de sus peores momentos y Proton-M desaparecido en Siberia. Ambos son glorias pasadas de hace 40 años, amenazadas por la falta de inversión.

17-05-2015, 11:36:10 PM
En qué se parecen el Metro y los cohetes rusos
Jorge Arturo Monjarás, editor de Finanzas de Alto Nivel

El fin de semana supimos en la redes de dos acontecimientos
interesantes. Por un lado, el cohete
Proton-M que llevaba al satélite mexicano
Centenario sufrió una falla en el lanzamiento, que precipitó al vehículo y su
carga en algún lugar de
Siberia.

También puedes leer: Proton-M, un viejo cohete que salió caro

Por otro lado, el sindicato del Metro comenzó a divulgar un
video donde muestra la falta total de iluminación y de sensores a lo largo de
una sola ruta del sistema de transporte colectivo. El video tiene algunos
defectos, el lenguaje medio técnico del piloto que lo grabó no hace tan claro a
la población la importancia de algunos de los defectos que señala. Sin embargo,
la oscuridad total habla por sí sola. Y la declaración final es contundente: “No
somos unos borrachos –se queja el autor-. Manejamos un equipo que tiene 40
años.”

En eso se parecen el metro y los cohetes rusos. Ambos son
equipos que vieron glorias pasadas –el Proton-M es un cohete que data de
1965–, y que hoy en día parecen ser presa del descuido y la falta de
mantenimiento. En el caso ruso estas fallas amenazan con enterrar su vieja industria
espacial para siempre. En el caso de México, es tiempo de abrirnos a la
realidad.

Por años, el Sindicato del Metro ha hecho afirmaciones que a
veces sonarían alarmistas. La cantaleta de sus líderes sonaba tan desacreditada
que gozaba de poca credibilidad entre el público. En su opinión, la Línea 12
está completamente mal hecha y todo se debe a que no les preguntaron a ellos cómo
hacerla.

Estas voces han sido desoídas sistemáticamente y descartadas
por las autoridades del Metro. En un principio, parecían motivadas
políticamente y nada más. Sin embargo, el desastre de la Línea 12 y el choque
en Metro Oceanía parecen estar motivando al sindicato a cambiar su
comunicación. Nada mejor que un video para demostrar sus dichos. Esperemos que
vengan muchos más, si es necesario.

Si hay fallas en las telecomunicaciones,
los sistemas o incluso hasta en los limpiaparabrisas del Metro, es preciso
saberlo.

En diciembre de 2013, cuando el precio del Metro se elevó a
cinco pesos detonando el movimiento #posmesalto, el gobierno de la ciudad
prometió una serie de mejoras en los años siguientes a cambio. Entre ellos, se
habló de incrementar el número de vigilantes del sistema, con el fin de eliminar
el comercio ambulante.

Es obvio que la relación más policías, menos vendedores no
es real. Los vagoneros siguen tan campantes, como se puede apreciar en
cualquier trayecto. Las mejores materiales son poco evidentes, lo cual se
verifica por la inoperancia de ventiladores en buena parte de los vagones. El
calor es infernal.

Así es difícil estar a favor del precio del Metro, por más
que la eliminación de subsidios y el cobro de costos reales sea un buen
principio. Si se paga más, la gente quiere a cambio un servicio de calidad, con
menos interrupciones y fallas y, por supuesto, sin accidentes. En este sentido,
la denuncia mediante videos por parte del sindicato no es tan mala idea.

El actual gobierno se ha empeñado en su política de
movilidad urbana, matando ejes viales como Xola o Montevideo, a favor de un
sistema de Metrobús que deja a veces dos carriles a la circulación de
automóviles y que cuesta millones. El gobierno está logrando que circular en
auto en la ciudad de México sea infernal, sin ofrecer a cambio un sistema de transporte
público utilizable por todos.

La situación de la movilidad es miserable en esta ciudad.
Sólo faltaría que un colapso del Metro paralizara la ciudad para que el
descontento sea unánime.

Hoy que los restos del satélite Centenario descansan en
compañía de algunos osos siberianos, queremos ver más videos del Metro, que
ayuden a denunciar anomalías y rescatar una gloria del pasado que requiere más
inversión y una mejor administración para dar servicio en el siglo XXI.

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