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En los zapatos de…Guillermo Arriaga

Conoce al autor de la trilogía Amores Perros, 21 Gramos, Babel , que además es padre, esposo, amigo y profesor universitario.

20-07-2010, 12:28:10 PM
En los zapatos de…Guillermo Arriaga
Altonivel

Sus historias de la trilogía Arriaga-Iñárritu (Amores Perros, 21 Gramos, Babel) le dieron la vuelta al mundo. Por el guión de Los tres entierros de Melquíades Estrada ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, siendo el primer escritor en lengua española que la obtiene. En Twitter ya tiene tres mil y pico de seguidores. Mide 1.88, sus pasiones son su familia y la cacería, es un prolífico escritor y este mes estrena Fuego, su ópera prima, la cual le valió 11 minutos de aplausos en el Festival de Venecia.

La idea de Fuego surgió cuando tenías 10 años y viste una casa en llamas. ¿Qué sucedió?

Estaba jugando en la calle y un amigo vino a decirme ‘¡Hay un incendio!’ Nos fuimos en nuestras bicicletas y cuando llegamos había más curiosos. Alguien llegó y nos dijo: ‘Hay alguien en la casa’. Todo cambió radicalmente. Me impactó pensar que alguien, ahí adentro, moría de una de las formas más horribles que puede haber.

De los títulos que tuvo tu ópera prima (Lejos de la tierra quemada, La tierra ardiente, Los cuatro elementos, Fuego) ¿Cuál es tu favorito?

El que elegí, The Burning Plain. Creo que refleja lo que es la película: una planicie en llamas y lo que conlleva. [Arriaga otorgó este título sin saber que The Burning Plain es el título con el cual se conoce en lengua inglesa a El llano en llamas, de Juan Rulfo]

Fuiste profesor por varios años. Fue así como conociste a José Maria Yazpik, uno de tus protagonistas.

Sí. Hace como 11 años en uno de los cortometrajes de mis alumnos vi a un tipo y dije: ‘¡Uta, qué presencia escénica! Un día voy a trabajar con él”. Y le mandé decir con todo mundo que quería conocerlo. Me rayó su presencia y su talento. Lo conocí en la premiere de El crimen del padre Amaro.

Tus películas nunca son lineales. Son fragmentadas. Alguna vez las comparaste con Mario Bros, que te manda del mundo 5 al 8 y de ahí al 7. ¿Cuál es el último videojuego que jugaste?

El Word Mole. Es ideal para un escritor. ¿Lo conoces? [Saca su teléfono celular y me explica: es una especie de ‘sopa de letras’]. Lo jugaba diario. Pero ya no, porque se descompuso la bolita [de su BlackBerry] y cuesta 400 pesos cambiarla.

De pequeño practicabas tu discurso de aceptación del Oscar con un envase de Coca-Cola.

[Suelta una carcajada] Sí; decía: “Quiero dedicar esto a mis hermanos, a mis papás…” [Mientras lo dice, simula estar sujetando un Oscar].

Cuando ganaste el premio en Cannes, ¿a quién se lo dedicaste?

A ellos, a mi mujer y a mis hijos. El premio no lo dediqué a la gente con quienes hice la película: lo compartí con ellos. Al final dije: “Dedico este premio a todos los mexicanos, de un lado y del otro de la frontera”.

¿Y de próximos proyectos?

Nunca los anuncio, hasta que salen. Se habla de una película cuando se va a estrenar en salas, antes no existe. Lo mismo pasa con los libros: escribí cinco antes de publicar el primero.

La frontera es un tema recurrente en tus películas, ¿por qué?

Me fascinan las zonas fronterizas; me dicen muchas cosas. Me emocionan por las personas, por el paisaje y [en el caso de México] por el hecho de que todo cambia a partir de un río.

¿Qué opinas de la ley 1070 de Arizona?

Las simplificaciones no ayudan. Este país no puede tirar la primera piedra porque somos súper ojetes con los centroamericanos. También es una realidad que los países del primer mundo fueron ingenuos: abrieron sus fronteras para los productos. ¿Creían que no se abrirían para la gente?

¿Cuáles son tus películas mexicanas favoritas?

Creo que son grandes películas Temporada de patos, Malos hábitos, Y tu mamá también, Viento Negro, Los olvidados, El esqueleto de la señora Morales, María Candelaria, La Perla, Canoa, Cadena perpetua, El lugar sin límites, Cascabel…

¿Te tocaron los autocinemas?

Sí, de muy chiquito. Me acuerdo que tenía como tres años. Mis papás nos ponían la pijama a mí y a mis hermanos y nos llevaban al cine.

¿Extrañas el intermedio?

¡No! Porque de repente estabas acá con la galana y te echaban la luz encima. Te arruinaba la tarde.

¿Por qué debemos ver Fuego?

Porque es una película que emociona, que te confronta, que te cuestiona, que te involucra y te permite entender el amor como una posibilidad real.

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