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Para bien o para mal, #UberSeQueda

Estar a favor de este negocio privado en contra de unos 132,000 taxistas en el valle de México no parecería muy popular, pero la ciudadanía lo tiene claro.

10-05-2015, 11:35:45 PM
Para bien o para mal, #UberSeQueda
Jorge Arturo Monjarás, Editor de Finanzas de Alto Nivel

El fin de semana corrió en Twitter la petición de mantener a Uber en el negocio, y expresar el descontento por los operativos que el gobierno de la Ciudad de México comenzó a instrumentar en su contra la semana pasada.

Estar a favor de este negocio privado en contra de unos 132,000 taxistas en el Valle de México no parecería muy popular. Sin embargo, constituye un punto de vista muy claro por parte de la ciudadanía acerca de la desconfianza y el escepticismo con respecto de la regulación pública.

Simplemente, no existe una percepción de beneficio alguno por parte de la ciudadanía sobre la regulación de los taxis o en este caso los automóviles con chofer.

La saturación vehicular no puede ser un motivo, toda vez que las propias estadísticas señalan que el número de taxis en el Valle de México es muy pequeño en comparación con los 3 millones de autos particulares que circulan en la urbe.

El control de la contaminación pierde efecto por la misma razón, y también debido a que todos los vehículos de la ciudad deben –o deberían pasar por los mismos controles de verificación. Lo mismo sucede con la tenencia.

La seguridad, el único argumento de peso cuando se trata de vehículos que ofrece servicios a terceros, pierde efecto cuando la empresa misma tiene el incentivo de evaluar y capacitar a sus choferes para evitar problemas. La marca está en juego si algo sale mal.

Por último, los precios son un tema que también debería ser regulado por el mercado. Uber se dirige claramente a personas con tarjeta de crédito, es decir, de mayor poder adquisitivo, quienes no han dudado en pagar incluso más en horas pico por un servicio que se percibe como de mayor calidad y eficiencia.

De no sentirse plenamente atendido, o si aprecia como muy alta la relación costo-beneficio, el usuario sólo necesita llamar un taxi.

Así, llegamos hasta la competencia desleal. Los taxistas tienen razón en argumentar que el costo de sus placas, las revistas cotidianas y la regulación a la que están sujetos, incluyendo controles de precios, los pone en desventaja. El problema es que para la población todos estos trámites y costos no se perciben más que como un negocio del gobierno, sin beneficio alguno para el usuario.

Es cierto, las placas de taxi cuestan más y a menudo implican peores cosas, como la obligación de asistir a eventos políticos del partido en el gobierno local. Pasó con el PRI, pasa con el PRD, como lo pueden atestiguar los choferes de taxi cada vez que entran en confianza en un viaje largo.

Incluso, para algunos resulta un pedido natural, no lo ven mal pues para ellos asistir a una manifestación es sólo un requisito más para mantener su modo de vida.

La desconexión entre el trámite gubernamental y el beneficio a la población es clarísima en el caso de los taxistas de la ciudad. La compra de placas, la revista, están llenos de corrupción, como s también es cada vez más el caso en la verificación y el Hoy No Circula. Estos trámites se perciben como un negocio para el gobierno y sus burócratas en Semovi (otrora Setravi), en Sedue, etc.

Ante ello, la simpatía por Uber seguirá cundiendo, pues los mexicanos han aprendido a lo largo de las décadas que todo lo que toca el gobierno se vuelve corrupción. Como Pemex, como los segundos pisos, como las verificaciones, como la CFE, como el engendro desaparecido de Luz y Fuerza del Centro.

En México nos volvimos liberales o neoliberales, como le guste llamar, a punta de decepciones con los servicios públicos.

Por ello, mientras no haya un beneficio percibido real de tanto control a los taxistas, de no dejarlos a las fuerzas del mercado, Uber se queda.

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