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Transgénicos, los polémicos cultivos del futuro

Se dice que son dañinos para la salud, que contaminan y ponen en riesgo a las especies nativas, pero la producción global de alimentos empobrece.

29-04-2015, 1:15:26 PM
Transgénicos, los polémicos cultivos del futuro
Altonivel

La especie humana se enfrenta a uno de los mayores retos en su historia: el abastecimiento de alimento. ¿Serán los cultivos genéticamente mejorados o transgénicos la solución viable a ese desabasto?

A escala global, existe una problemática que se intensifica con celeridad: mantener el abasto alimentario. Las presiones agroalimentarias por expandir los cultivos modificados genéticamente o transgénicos se contraponen con propuestas que buscan soluciones para alimentar a los 9,000 millones de personas que habitarán este planeta en 2050, como los programas de intensificación agrícola sostenible, los cuales son conocidos por los científicos sociales como la agricultura ecológicamente intensiva, tal como lo refiere el Informe sobre la pobreza rural, editado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la producción de alimentos agrícolas tiende a agudizarse en 33 de los Países de Bajos Ingresos y con Déficit de Alimentos (PBIDA), sobre todo en África y Asia.

Las importaciones totales 2013-2014 de cereales para estas naciones presentaron niveles récord, debido a una merma de las cosechas en África, así como por una producción interna estancada, además del aumento en la demanda.

La producción mundial de cereales en 2014, según la FAO, se situó en 2,542 millones de toneladas, 8 millones de toneladas más de lo previsto en febrero pasado (2015), lo cual se debió al aumento de la producción de trigo en Argentina y Canadá, y la de cereales secundarios en los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la India y Nigeria. Con ello, la producción mundial en 2014 representa un crecimiento de aproximadamente 1% (20 millones de toneladas), en comparación con 2013.

Sin embargo, el pronóstico sobre la producción de trigo para 2015 se sitúa en 720 millones de toneladas, incluida la previsión inicial respecto de los países del hemisferio sur, donde se comenzará a sembrar en agosto. De confirmarse dicho pronóstico, la producción sería un 1% inferior al récord de 2014; principalmente, por una reducción prevista en Europa, ya que se espera que los rendimientos en la Unión Europea (UE) y la región de la CEI desciendan hasta sus promedios desde el máximo registrado el año pasado.

En América del Norte y Asia, las perspectivas son más favorables, sobre todo a causa de la mejora prevista de los rendimientos, aunque no compensará la reducción en Europa.

Ante las variantes que presenta el mercado de cereales, surge el debate sobre el papel que podrían ejercer los organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos, sobre todo en granos como el trigo, arroz, maíz soya y sorgo, para incrementar su rendimiento y resistencia a las diversas condiciones climáticas y naturales, con el propósito de disminuir el desabasto, así como el incremento en los precios internacionales de estos commodities.

Syngenta, empresa dedicada a los agronegocios, señala que la humanidad enfrenta un gran desafío, pues cada año en el planeta hay 75 millones de nuevas bocas que alimentar y más campos perdidos debido a la erosión.

“Muchos productores de alimentos en el mundo viven en la pobreza, mientras que la biodiversidad desaparece cada vez más rápido. Solo tenemos un planeta, y estamos utilizando sus recursos un 50% más rápido de lo que puede soportar. Lo que le pedimos que proporcione, simplemente no es sostenible”, indica la empresa en el documento The Good Growth Plan (El plan de buen crecimiento).

José Sarukhán Kermez, coordinador nacional de la Comisión Nacional para Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), durante el foro “El Futuro de la Comida”, señaló que “debería haber regulaciones sobre lo que se puede y no se puede hacer; pero no existen porque todo está encaminado al beneficio privado y de la manera más rápida posible. Mientras esta norma sea la base en criterios y permisos, vamos a tener problemas”.

Una nube de incertidumbre

Los alimentos transgénicos pelean por entrar a los mercados agrícolas. Aun con datos que indican sus beneficios, solo 10% de los terrenos cultivables a nivel mundial utilizan algún OGM.

El Informe sobre la situación mundial de la comercialización de cultivos modificados genéticamente 2014, elaborado por el International Service for the Acquisition of Agri-Biotech (ISAAA), señala que la siembra de semillas modificadas genéticamente (MG) creció un 3.6% en todo el mundo, alcanzando los 181.5 millones de hectáreas.

El año pasado, 18 millones de agricultores de todo el mundo cultivaron semillas biotecnológicas, 90% de los cuales son pequeños agricultores de países emergentes y en vías de desarrollo. De las 28 naciones que cultivaron alimentos genéticamente modificados, ocho son industrializadas, como es el caso de Estados Unidos, país que con 40% de los cultivos MG del mundo, fue el que mayor incremento presentó, arrebatando el lugar a Brasil.

Por su parte, Syngenta destaca que en los últimos 50 años, la demanda de recursos naturales se ha duplicado. “Si continuamos usando recursos y generando desechos al ritmo actual, para 2030 necesitaremos el equivalente a dos planetas.”

En busca del liderato

El empleo de semillas transgénicas en la producción agrícola cobra mayor auge y, por primera vez desde hace 18 años, un 52% de la superficie cultivada en todo el mundo se encuentra en países en vías de desarrollo, en donde la adopción de estos cultivos es hasta tres veces más rápida que en los países desarrollados.

México, por ejemplo, con  200,000 hectáreas de estos cultivos (algodón y soya), se ubica entre los 19 países con mayor crecimiento de cosechas biotecnológicas, mientras que Brasil sobresale como el país de América Latina con mayor proporción: 42,2 millones de hectáreas (en 2014).

En este contexto, los 10 países con más hectáreas cultivadas fueron: Estados Unidos, 73.1 millones de hectáreas; Brasil, 42.2 millones de hectáreas; Argentina, 24.3 millones de hectáreas; India, 11.6 millones de hectáreas; Canadá, 11.6 millones de hectáreas; China, 3.9 millones de hectáreas; Paraguay, 3.9 millones de hectáreas; Pakistán, 2.9 millones de hectáreas; Sudáfrica, 2.7 millones de hectáreas; Uruguay, 1.6 millones de hectáreas, y Bolivia, 1 millón de hectáreas.

La larga cadena alimentaria

De acuerdo con un especialista de la Red Mexicana de Monitoreo de Organismos Genéticamente Modificados (Red MOGM), quien prefirió mantenerse en el anonimato, “el incremento en el uso de las semillas transgénicas se debe al aumento de la población mundial, la disminución de la disponibilidad de tierra per cápita y el retorno de la inversión”.

Según datos de la FAO, un país garantiza su seguridad alimentaria cuando es capaz de producir 75% de lo que consume; en ese sentido, explica el experto, “México genera entre 40 y 50% de lo que come, lo que nos pone en una situación de dependencia”.

Un ejemplo es el maíz, del cual se producen alrededor de 21 millones de toneladas al año, cuando lo que se requiere son 31 millones de toneladas para cubrir la demanda. Entonces compramos 10 millones de toneladas al exterior (principalmente al continente africano), lo cual nos pone en una situación de dependencia.”

Granos como el maíz, la soya, el trigo, el arroz son utilizados como forraje en las granjas avícolas, porcícolas y, en general, en la industria ganadera. Por ello, no solo los agricultores, sino también los productores pecuarios y la industria procesadora de alimentos han resentido la baja obtención de insumos, dado que se condicionan tanto los costos de producción, como los precios de los alimentos hacia el productor final.

México depende de las importaciones de maíz, pues se emplea como forraje para ganado y, por otra parte, se contrapone con los costos asociados a las políticas restrictivas para transgénicos en el cultivo de este grano.

Los argumentos que se oponen a la producción de alimentos OGM, sobre todo en semillas como el maíz, el trigo y la soya, van desde el descontrol en los cercos de los sembradíos con biotecnologías, debido a la contaminación de los campos agrícolas cercanos por los efectos de la polinización, hasta el impacto en la salud humana; además de la desaparición de algunas especies nativas. Sin embargo, existen análisis científicos que señalan que el uso de los transgénicos no incide en la salud de quienes los consumen o al menos no se ha comprobado.

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