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¿En qué capítulo de su crisis está Grecia?

El más reciente cambio de gobierno a favor de un partido de izquierda pone a Grecia de nuevo en los reflectores como el talón de Aquiles de la UE.

15-04-2015, 2:00:30 PM
¿En qué capítulo de su crisis está Grecia?
Gerardo Yong

Se cuenta que Tales de Mileto, el primer gran pensador de la cultura griega, demostró grandes aptitudes no solo como filósofo, sino como hábil comerciante. Aristóteles lo mencionó en su obra Política como un individuo que sabía predecir cambios astronómicos y climáticos, y describió cómo una persona analítica puede tener control sobre otros e incluso enriquecerse.

La oportunidad llegó cuando predijo un buen clima para el cultivo de olivo, pero ocultó estos datos y compró todos los molinos de aceitunas con los que se fabrica el aceite.

Cuando las cosechas rebosaron las bodegas, los productores no tuvieron más opción que acudir con él para moler las aceitunas, al doble del precio. Esta facultad de predecir el futuro no se ha mantenido en la Grecia de hoy.

Y hoy la economía griega recibe otro fuerte revés, ya que la agencia Standard & Poor’s decidió no esperar más y optó por castigar sus notas, al bajar las calificaciones de la deuda soberana de largo y corto plazo a “CCC+/C” desde “B-/B”, ante un deterioro de las condiciones económicas y las prolongadas negociaciones entre el gobierno griego y sus acreedores.

Golpe a golpe

En 1981, Atenas decidió integrarse al bloque europeo como una forma de evitar los gobiernos dictatoriales por los que había atravesado durante décadas. El más reciente había sido el golpe de Estado de “los coroneles”, en 1967, cuyo régimen concluyó en 1974.

El gobierno del partido Nueva Democracia, de Kostas Karamanlis, considerado como un político que podría lograr la reconciliación nacional, dio al país un breve periodo de estabilidad y una paz relativa, la cual permitió el crecimiento económico. 

Bajo la influencia de la Unión Europea (UE), Atenas atrajo inversiones que impulsaron los sectores industrial, de infraestructura, turismo, transporte y servicios.

Grecia logró un nivel excepcional de bienestar a partir de entonces, al grado que pudo cubrir los requisitos exigidos por la UE para adoptar el euro en cuestión de una década.

Esas exigencias piden a la economía de un Estado miembro estar suficientemente preparada para adoptar la moneda única e integrarse de forma armónica con la zona del euro. Además, se requiere una legislación nacional especial que permita compaginar el banco central nacional y sus políticas monetarias con el tratado europeo.

Esto es lo que Bruselas llama el proceso de convergencia, al que todo país que busca adoptar la moneda única debe someterse.

¿Caballo de Troya?

Grecia empezó a trabajar desde 1990 para lograr la meta del euro con tan gran afán que su economía reflejó una completa apertura y dinamismo.

Para 2001, el nivel de vida de sus habitantes había subido de tal manera que la Unión Europea la aceptó en la zona euro. Los primeros años fueron una auténtica bonanza, a tal grado que Atenas pudo llevar a cabo los Juegos Olímpicos de 2004, 108 años después de haber iniciado la era moderna del olimpismo. Todo parecía un regalo para la UE y su proyecto de integración continental.

El poeta romano Virgilio, en su obra poética, llamada La Eneida, cuenta que el sacerdote Laocoonte se opuso a que el famoso caballo fuera introducido a Troya, con la frase: Timeo Danaos et dona ferentes (Temo a los griegos, aun cuando traen regalos).

Hasta ese momento, la pertenencia a la Eurozona había sido muy favorable para el pueblo griego. Sin embargo, la estabilidad eurocomunitaria se vio afectada por un suceso externo: la crisis financiera de Estados Unidos en 2008 que, a su vez, destapó el fraude macroeconómico que Atenas había estado haciendo durante la primera década del siglo XXI.

Para Céline Antonin, asesora económica del Observatorio Francés en Temas Económicos, la crisis que agobia a la zona no fue ocasionada por la UE, sino por Estados Unidos. Según la especialista, este fenómeno no fue un caso de contagio, como había sucedido frecuentemente desde los 80, sino más bien de implicación. 

“En 2007 y 2008, los bancos europeos necesitaban realizar transacciones para empresas europeas que requerían de insumos o tecnología de Estados Unidos. Estas empresas exigían el pago en dólares, pero nuestro sistema solo opera con el euro”, afirmó Antonin.

“Los bancos europeos no tienen dólares, así que optaron por préstamos a corto plazo, lo cual –aun a tasa baja– resultaba ser un riesgo considerable. Cuando la crisis estadounidense estalló, el impacto en la economía europea fue inmediato, debido a las dificultades de financiamiento de los bancos europeos. Fue así como Estados Unidos desató una crisis en la Unión Europea.”

Se abre la caja de Pandora

Las naciones con economías más jóvenes, principalmente Grecia, fueron las primeras en ser afectadas. Un par de años más tarde, también le tocó ser la protagonista de la crisis del euro. La situación se agravó, sobre todo cuando se descubrió que el gobierno de Kostas Karamanlis, que en un principio había sido el creador del “milagro griego”, había ocultado la situación real de Grecia.

Este maquillaje también fue encubierto por Goldman Sachs mediante operaciones con derivados y falseando datos macroeconómicos, como el monto real de la deuda externa y el déficit presupuestario griego, considerado de 3.7% del PIB por el gobierno de Karamanlis, pero revisado hasta 12.7% por el entrante gobierno socialista del Pasok en 2009.

Para 2010, la situación era casi incontrolable, al grado que la agencia Standard & Poor’s rebajó la calidad de la deuda de ese país a un nivel de “bono basura”; hecho que le impidió al país helénico acceder a los mercados bursátiles para refinanciarse.

Fue así como Grecia se convirtió en el primer país europeo en solicitar ayuda externa, por el contagio financiero, que después siguió en Portugal e Irlanda, países que decidieron asumir las medidas necesarias para recuperarse y seguir en el bloque europeo.

“Cuando entramos a la UE hace más de 40 años, éramos un país muy pobre y aislado. Éramos una parte muy lejana de Europa –afirmó el ex embajador de Irlanda en México, Art D. Agnew–. Durante el tiempo que hemos permanecido en el bloque, Irlanda se ha transformado, de ser un país que exportaba productos agrícolas, a una economía muy avanzada en autopartes, metalmecánica, medicinas y software. Esa transformación fue el resultado de nuestra permanencia en la Unión Europea.”

Rescate a regañadientes

El bloque eurocomunitario, junto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), asignó un paquete de rescate financiero en marzo de 2010 por 206,900 millones de euros. 

Sin embargo, la línea de crédito no alcanzó para superar los problemas del país mediterráneo, por lo que fue necesario extenderle una nueva línea, a regañadientes, al tiempo que algunos protagonistas consideraban la posibilidad de abandonar a Atenas y dejar que se declarara en quiebra.

Entre lo más difícil para Grecia fue la amarga medicina que se le hizo tomar, con la amenaza de obligarla a abandonar la zona euro, lo cual hubiera implicado la primera fractura del proceso de integración, considerado como el más grande y ambicioso del planeta.

Entre las medidas exigidas estuvieron una serie de recortes presupuestales que permitieran un ahorro público de 3,300 millones de euros. El salario mínimo se redujo en 22 por ciento. El enorme aparato burocrático también fue reajustado, lo cual implicó el despido de 15,000 funcionarios.

Un año después de haber adoptado estas severas condiciones, el panorama seguía siendo negro:

El PIB se contrajo en 6.4 y las importaciones cayeron 8.1% durante 2012. En 2013, el PIB promediaba una reducción de 20.1% desde 2008, el desempleo rondaba 24.4% y seguía en aumento; el poder adquisitivo se desplomó en más de 30% y, según datos de sindicatos y organismos independientes, a finales de ese año más de 3.4 millones de personas ya vivían por debajo del nivel de pobreza.

Esto trajo como consecuencia el resurgimiento de problemas como delincuencia, protestas y manifestaciones populares violentas.

Corrupción a flor de piel

Para colmo, se destaparon casos de corrupción que implicaron a varios altos funcionarios, los cuales dimitieron, acusados de malversación de fondos públicos vinculados con el sector energético; entre los malversadores estuvieron: Georgios Mergo, secretario general del Ministerio de Economía; el alcalde de Salónica, que fue condenado a cadena perpetua por el mismo cargo, mientras que al ministro Akis Tsochatzopoulos se le sentenció a ocho años de cárcel por haber omitido su declaración de ingresos durante los cuatro años más difíciles de la crisis griega.

En un intento por recuperar la confianza del pueblo, el primer ministro Antonis Samarás, desafió las exigencias de la llamada Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI) de que se aplicara un nuevo despido masivo de 25,000 funcionarios y se comprometió a corregir las medidas de austeridad en cuanto el país comenzara a crecer.

En 2014, el gobierno griego logró, primera vez en cuatro años, colocar bonos por más de 3,000 millones de euros a una tasa de interés de casi 5%. La acción fue elogiada por Alemania, la principal potencia eurocomunitaria, y la canciller Angela Merkel se comprometió a disolver la presión de la Troika, si Atenas continuaba en el camino de la recuperación.

La promesa de Samarás todavía no había sido cumplida y el pueblo continúo padeciendo los efectos de una medicina de sabor amargo.

Cambio de vientos

En 2014, Grecia vivió dos hechos muy importantes: ese año le tocó en turno la Presidencia rotativa de la Unión Europea, lo cual traía consigo un fuerte compromiso de consolidar la recuperación a toda costa; por otro lado, se registraron las elecciones más polémicas de los últimos años.

En diciembre del año pasado, los mercados europeos operaron con cierto nerviosismo ante los temores de que las elecciones en Grecia pudieran dar como resultado una tendencia diferente a la de mantener la recuperación económica. 

Para el 25 de enero pasado, las cosas ya estaban completamente claras: ganaron las propuestas de Alexis Tsipras, del partido Syriza, el más votado con 36.3%; un resultado histórico, ya que por primera vez un partido situado a la izquierda de la socialdemocracia ganaba unas elecciones en el país.

Uno de los postulados de Tsipras es que el pueblo no puede seguir pagando algo que no creó y que le fue implantado desde el exterior; así que anunció que buscaría renegociar la deuda, que asciende a 293,000 millones de dólares, 175% del PIB nacional.

El líder de izquierda también quiere que la cantidad negociada se apegue a un sistema de condonación parecido al que Gran Bretaña dio a Alemania en 1953, mediante la Conferencia de Londres, después de la Segunda Guerra Mundial.

Si bien no ha dicho que suspenderá los pagos, el nuevo gobierno sí ha propuesto una moratoria que le permita al país salir de la crisis y reiniciar un crecimiento económico real.

En la medida que las peticiones se hacen reales, aumentan las voces que predicen la salida de Grecia de la Zona Euro, incluyendo al mismo Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal de Estados Unidos. Sin embargo, aún hay optimistas.

“A veces hay una percepción de Europa que no corresponde con la realidad. La Unión Europea tiene dificultades, pero también tiene una gran fuerza dentro de su proceso de integración. Está acostumbrada a superar situaciones difíciles y creo que saldremos más fuertes que antes”, afirmó la ex embajadora de la UE en México, Marie-Anne Coninsx.

Las negociaciones, por el momento, dan razón a los optimistas. Pese a un inicio duro por parte del nuevo gobierno griego, las posiciones se han relajado, en busca de un punto medio.

El 12 de marzo pasado, Grecia y la OCDE firmaron un acuerdo para analizar reformas estructurales que permitan salir de atolladero. Estimularon así la esperanza de cerrar la caja de Pandora.

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