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5 lecciones de mi madre para ser un buen líder

La cercanía con nuestras madres durante la infancia nos deja un cúmulo de lección que nos ayudan a formarnos como buenos líderes.

11-05-2016, 10:55:16 AM
5 lecciones de mi madre para ser un buen líder
Héctor Meza

La figura materna siempre será una de las personas de mayor influencia en la vida de los seres humanos. Supongo que es porque ellas están presentes desde el comienzo, siempre allí, atentas y sin despegar su mirada.

Esto, sin duda, no puede pasar desapercibido en la vida de cualquiera, no sólo porque a final de cuentas tienes a alguien que te cuida desde que vienes a este mundo, sino también porque esta cercanía e interacción genera, de alguna u otra manera, un cúmulo de experiencias que se pueden convertir en lecciones para todos los aspectos de nuestra vida.

Bajo esta reflexión quiero compartirles algunas vivencias que, en mi experiencia, se han convertido en auténticas lecciones para ejercer un mejor liderazgo y ayudar a otros a convertirse en verdaderos líderes.

1. Sin miedo a tomar riesgos 

Tenía cinco años de edad cuando por primera vez me subí a una bicicleta y aprendí a pedalearla sin perder el equilibrio. Conseguirlo fue todo un reto para mí, pues recuerdo que me daba miedo hacerlo luego de un par de intentos fallidos que me ocasionaron una que otra raspadura de codos y rodillas, además del susto. Si no hubiera sido por esa figura maternal, nunca lo habría vuelto a intentar. Ella fue tajante y me dijo: “Héctor, si no lo intentas otra vez, jamás vas a saber si lo puedes lograr… lo peor que puede pasar es que te caigas otra vez… y ya te has caído dos veces”.

¿Quién de nosotros no sabe que para ser exitoso en la vida y en los negocios, muchas veces se tienen que tomar grandes riesgos? Como CEOs o líderes en cualquier organización sabemos que esto es el pan de cada día y aunque hoy disponemos de estrategias impulsada por datos (data-driven) que nos permiten tomar decisiones informadas, a final de cuentas nada está escrito y debemos aprender a tener confianza y tomar los riesgos necesarios si queremos generar buenos resultados y hacer avanzar el negocio.

2. Cada miembro cuenta en una organización exitosa

Cuando era niño, me lastimé una pierna jugando futbol y tuve que estar en cama alrededor de dos semanas. Aunque al principio sonaba bien la idea de no ir a la escuela, pronto comencé a fastidiarme de tener que estar en casa, pues no podía más que permanecer acostado o sentado y tenía que pedir ayuda para moverme.

Sólo había pasado una semana y ya me sentía como león enjaulado. Recuerdo que mi madre me dijo, “ya ves, hay que tener cuidado”; y me recordó que cada parte de mi cuerpo es de tamaño y forma distinta y posee una fuerza y habilidad diferente e imprescindible.

Con el tiempo, esas palabras me sirvieron para entender que un cuerpo humano sano es como una organización exitosa, que se construye con varios miembros cuya diferencia le da ese toque único a nuestra compañía; así que entender y considerar a cada uno de ellos, como miembros únicos que hacen caminar a la empresa, es esencial para alcanzar las metas del negocio.

3. Ni los hijos ni los colaboradores son nuestros amigos

¿Quién de nosotros no se enojó alguna vez cuando recibieron la negativa a un permiso para hacer algo? Yo recuerdo que alguna vez me prohibió salir a jugar al patio justo minutos antes de que comenzara a llover; ya sabes, cuando somos niños no nos importa nada más que hacer nuestra voluntad. Recuerdo que además de enojarme, pataleé la puerta hasta que me quitaron de allí con un jalón de orejas.

Aunque en su momento no lo entendemos, el tiempo nos enseña que el papel de los padres no es ser amigo de sus hijos –que si bien sucede más tarde cuando los hijos crecen, es algo muy diferente-, sino más bien el de ser guías y educadores.

Pues bien, eso mismo pasa con nuestros colaboradores en la compañía; ya que el exceso de confianza puede hacer que se rompa la línea que separa la relación laboral de la personal. Desde luego que esto no quiere decir que tus colaboradores no pueden ser tus amigos, sino más bien que tratándose de cuestiones de trabajo, no hay de otra que enseñarlos a ser responsables y a no exceder los límites.

4. Lo primero es lo primero

Cuando Miguel, un amigo que vivía al lado de mi casa, tocó la puerta; yo ya estaba con el balón en la mano más que listo para salir a jugar. Todo habría salido como estaba planeado si no hubiera sido porque ella me detuvo justo en la puerta y me hizo la clásica pregunta: “¿Ya terminaste la tarea?”. Desde luego que la tarea no estaba hecha, así que a regañadientes me tuve que quedar en casa.

Estoy seguro que esto es algo con lo que las madres de cualquier tiempo han tenido que lidiar de manera frecuente: hijos que quieren salir a jugar sin haber hecho antes la tarea. Esta simple situación me enseñó que en la vida hay prioridades y como tal se deben atender.

Como líderes, sabemos que un buen liderazgo solamente es posible cuando tenemos la habilidad de establecer nuestras prioridades y hacemos lo necesario para cumplirlas, aun cuando ello signifique “no salir a jugar hasta terminar la tarea”. 

5. Cuidemos los modales

Eran casi las 8:30 pm y uno de mis programas preferidos de televisión estaba a punto de comenzar, así que me levanté de la mesa y tomé el plato de mi cena para irme a “plantar” frente a la pantalla. Acababa de sentarme en el sofá cuando escuché: “¡A ver Héctor, o vas a cenar o a ver televisión! ¡Los platos no se ponen en el sillón y lo pies no se suben a la mesa!”. Cómo recuerdo aquella escena… debí haber tenido alrededor de 15 años.

De la misma manera en que cualquier madre lo hace en su casa con los miembros de su familia; nosotros como líderes debemos crear una cultura corporativa y hacer que esos valores y pautas de conducta sean aceptados y compartidos por los integrantes de nuestra organización. Nuestro trabajo como CEO y líderes es establecer límites claros de lo que está y no permitido en la compañía y hacer que se cumpla tal cual.

Quiero cerrar con una frase célebre del famoso militar francés, Napoleón Bonaparte, dice: “El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre”; y aunque sería un error generalizar, la cita nos da una idea acerca del gran rol que tiene la figura materna en la vida de los hijos y de toda la sociedad.

El autor es Director General de InfoSol. MBA y Consultor en Comunicación. Fue Vicepresidente en IBM México y Presidente y VP Corp en Motorola México-Centroamérica-Caribe.

 

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