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Crónica: Bélgica a través de su arquitectura y cerveza

En un viaje de 72 horas, la mejor manera de conocer este país es a través de su arquitectura gótica y, por supuesto, catando sus mejores cervezas.

20-03-2015, 12:51:32 PM
Crónica: Bélgica a través de su arquitectura y cerveza
Jessica Servín

Cuando
despertamos, el cielo seguía azul, el jet lag
nos había cobrado las siete horas de diferencia con la ciudad de México. Eran
las dos de la tarde en la ciudad de Bruselas,
el tiempo perfecto para salir y degustar unos mejillones con papas fritas y
nuestra primera cerveza. “Es domingo y cerca de la Torre del Ayuntamiento se
pone un mercado de comida y de
antigüedades
”, nos sugiere el concierge,
y nosotros no perdemos el tiempo.

Como
solo teníamos tres días para conocer la ciudad y sus alrededores, aceptamos
inscribirnos en un tour
de arquitectura gótica, donde
conoceríamos lo más representativo del país y visitaríamos las ciudades de Tournai y Amberes, la primera al suroeste de Bruselas y la segunda al
norte. 

Caminamos
hasta la plaza principal de Bruselas, donde los turistas tomaban fotos y selfies
con vista a la Torre del Ayuntamiento, un monumento histórico que culmina en la
escultura de un ángel. El grupo ya nos esperaba. “Es más linda de noche, cuando
se llena de luces”, nos decía una mujer en francés, uno de los tres idiomas oficiales de Bélgica; los
otros dos son el flamenco
(neerlandés) y el alemán

“Miren
la composición. Es muy interesante el gótico brabanzón que se observa en la
torre y todo el edificio. Se le llama así porque data del siglo xiii, cuando existía el ducado de Brabante, que integraba a
Bruselas, Amberes, Lovaina y Breda, entre otras ciudades. Su característica
principal es la anchura del edificio y, en caso de ser una iglesia, presenta
capillas al interior”, nos decía el guía, además de insistirnos en que este
estilo siempre conserva una torre en su centro. “Como pueden ver, la torre está
coronada por el arcángel san Miguel”.

Luego
de unos minutos, caminamos un par de cuadras para ir hasta el autobús. Mientras
tanto, el guía nos contaba que los orígenes de este tipo de arquitectura se encuentran
en la herencia francesa.

Tras
una hora de camino, llegamos a la ciudad de Tournai, una de las regiones más
antiguas de Bélgica, razón por la que conoceríamos la mayor muestra de
arquitectura gótica: la catedral de
Tournai
, que data de 1243 y es Patrimonio
de la Humanidad
. La edificación se caracteriza por sus piedras azuladas.
“Lo más espectacular es su coro”, nos señalaba el guía. Antes de entrar
contemplamos su nave, de imponentes proporciones, sus cinco torres y sus
vidrieras. Al interior, su altar elaborado en mármol nos robaba el aliento.

Luego
de 20 minutos de caminar rápidamente por los alrededores, subimos al autobús
para dirigirnos a Amberes,
aproximadamente a dos horas de camino.

Al
llegar visitamos la iglesia de San Pablo,
así como la catedral dedicada a la
Virgen María. El templo se caracteriza por una torre incluida también como
Patrimonio de la Humanidad. Las capillas que se encuentran alrededor de la nave
principal conservan el tan característico arco ojival.

Los
calados ventanales, de dibujos floreados, son muy grandes. Quizá fueron
construidos así para que se pudiera ver mejor lo que guarda el interior.

Pero lo
más espectacular fue ver su techo o
bóveda
. Es como si lo hubieran tejido. Los trazos son perfectos y su
decoración forma enormes prismas. “No pierdan detalle de las pinturas, todas obra de Rubens. Ya que lo menciono, si
tienen más tiempo pueden regresar a Amberes, ya que muy cerca de aquí está la
vieja casa del artista, que es de estilo barroco, otro tipo de arquitectura que
también abunda en el país”, nos explica el guía.

¡Curioso nombre!

Visitamos posteriormente la
vastísima plaza principal, irregular y empedrada, llamada Grote Markt, donde se encuentra el ayuntamiento. Frente a este se
levanta, en bronce, la Fuente de Brabo,
obra del escultor local Jef Lambeaux, la cual ensalza el legendario nombre de
Amberes.

La
escultura representa el momento en que el soldado romano Silvio Brabo le corta
la mano al gigante Druon, personaje que amputaba la mano de todos los capitanes
de los barcos que navegaban por el río Escalda sin pagarle; hasta que el romano
le dio de su propio chocolate. Este sería el origen del nombre Amberes en
flamenco, que es Antwerpen: ant
‘mano’ y
werpen ‘lanzar’.
Entramos a uno de los bares que se recorren en la ruta de la cerveza, el Den Engel, donde Abby, la encargada del bar
y experta en el tema, nos atendió.

“Las
especialidades son las trapenses: cervezas de fermentación alta y limitada
producción. Se elaboran en la abadía de
La Trappe
, cuyos monjes son llamados trapenses y son de disciplina muy
rígida”, explica Abby. Desde 1665, el abad implantó las reglas para la
elaboración de cerveza, ¡pero los monjes solo pueden beber agua! Para degustar
varias, cada quien pide una diferente: Achel, Chimay, Orval, Westmalle,
Rochefort y Westvelteren.

Algunas
abadías se pueden visitar, como la de Notre Dame de Scourmont. En ella hay un
pequeño museo, así como un bar para degustar
los distintos tipos de Chimay
que allí se preparan.

Seguimos
nuestro recorrido y visitamos la iglesia de San Carlos. “Este lugar es
importante por la transición entre el gótico y el barroco. El edificio fue
construido por los jesuitas y, aunque su fachada hoy luce barroca, conserva
temas clásicos del gótico, como sus bóveda”, explica el guía. Además, todas las
casas que están a la orilla del río Escalda (Schelde) poseen tejados terminados
en punta.   

Paisajes armónicos

Regresamos a la ciudad de
Bruselas. Esta vez visitamos la iglesia de Nuestra
Señora du Sablón
, que fue construida a principios del siglo xv y que consta de cinco naves,
separadas por pilares redondos y ventanales o vidrieras de gran tamaño. Se
recomienda entrar a las capillas, decoradas con mármol blanco, las cuales, al combinarse con la luz de las
ventanas, se transforman en interiores muy iluminados.

Después
entramos al edificio del ayuntamiento –llamado Hôtel
de Ville
en francés y Stadhuis
en flamenco–, ubicado a un lado de la Grand
Place
y donde termina nuestro paseo. Su estructura tiene unos 300 años y
fue la única que logró sobrevivir al incendio que ocurrió en 1695, cuando las
tropas francesas atacaron la ciudad.

Muy
cerca de esta plaza se encuentra la famosa fuente
del
Manneken-Pis, que representa
a un niño orinando. Se cuenta que posee 900 trajes. Cada vez que le visten uno
diferente, hay una celebración.

Para
cerrar el día fuimos a cenar a otro clásico de la ciudad de Bruselas: À la Mort
Subite. Se trata de una brasserie
muy tradicional, donde además de servirte el clásico stoofvlees,
que es un guisado con carne, mostaza, hojas de laurel, papas y cebollas
picadas, ofrecen cervezas regionales, como la Faros o la Kriek, bebidas de
gusto amargo. El plan para el día siguiente es la ciudad de Lovaina, situada en una región de orígenes vikingos y
donde se ubica la fábrica de la cerveza
Stella Artois
. Para ir es necesario hacer una reservación por lo menos con
24 horas de anticipación.

Sabores inolvidables

Interbrew
es nuestro destino. Está en el número 94 de la calle de Vaartstraat. Llegamos a
Lovaina alrededor de las 12 horas. Desde Bruselas hicimos una hora y media,
aproximadamente. Ahí nos contaron sobre el origen de la cerveza Stella Artois. La cervecería data de 1366, cuando se
conocía con el nombre de Den Horen, pero en 1717 se vendió al cervecero
Sebastien Artois, cuya familia aún sigue el sistema de elaboración de la
cerveza ideada por él.

Si bien
el apellido ya tiene varios siglos, el nombre de Stella no es de una época tan
antigua, sino de 1926, cuando la cervecería de Sebastien Artois sacó por
primera vez al mercado una cerveza de cebada, que llamó Stella Artois. Hoy es
una de las marcas más populares en el mundo.

El
recorrido por esta planta dura aproximadamente una hora y termina con una
degustación de cerveza, por supuesto.

Después,
se puede visitar la tienda de souvenirs o
acudir directamente al centro de la ciudad, que también es de estilo gótico y
donde se encuentra otra cervecería,
esta totalmente artesanal; se llama Domus y se ubica en la calle de
Tiensestraat.

Entre otras, aquí se puede degustar una Nostra Domus, una cerveza ámbar, o una Nen Engel, obscura y elaborada para las
fiestas navideñas. Nosotros pedimos la ámbar y un lugar en la terraza con vista
a la plaza. Ahí permanecimos para disfrutar de los rayos del sol que ya
anunciaban la llegada de la primavera…

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