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Freelance en México, ¿negocio legal o ilegal?

Para el profesionista que se dedica al freelance, la Reforma Laboral dejó suficientes huecos legales para escabullirse de trámites que merman sus ingresos.

09-03-2015, 11:07:14 AM
Freelance en México, ¿negocio legal o ilegal?
Edgar Apanco / Jesús Franco

Él solo quería abrir un restaurante. Un barecito español, en realidad. Pero las cosas no siempre terminan como uno las planea, y acabó inaugurando el primer restaurante historicista del mundo.

Filósofo de formación y español de embalaje, José Antonio Pérez-Robleda llegó a México hace seis años, y aquí transitó por multitud de “empleos Godínez”, como él los llama. Fue diseñador web (“Lo tomé por el permiso de trabajo”, asegura), design thinker, coordinador de comunicación en la Universidad Panamericana y, de forma paralela, se estrenó como docente en la Superior de Gastronomía.

“Daría una clase al día: Ética de la empresa. Terminé impartiendo seminario de tesis, porque el señor cocinero no acostumbra redactar ese tipo de textos; él hace otro tipo de investigaciones.” 

Su choque con la gastronomía no sucedió hasta este punto. “De niño pedí a mis padres una cocinita. ¡Me compraron la menos rosa que encontraron!”, asegura entre risas. En realidad, a nadie sorprendió: todos cocinaban en casa y desde pequeño él amaba observar a su tía preparando pasteles en el horno de leña o a su abuela cocinando puchero. 

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“Hace 12 años fue que me di cuenta de que a la gente le gustaba mi sazón. En Irlanda, mis roomies limpiaban la casa, a cambio de que yo les cocinara.” Una vez en México organizó infinidad de cenas con amigos, quienes terminaban reclamando lo mismo: “¡Estás loco! ¡Deberías abrir un restaurante!” Incluso tuvo un mecenas: uno de sus amigos pondría una parte del capital, conseguiría a otro inversionista y Pérez-Robleda pondría la otra parte. 

Así empezó la titánica tarea de conseguir un local en la colonia Roma. Halló uno, caro y pequeño. El presupuesto ya arañaba los 2 millones de pesos… pero faltaba lo peor: al tratarse de un edificio de más de 100 años de antigüedad, este exigía control de plagas.

“En ese momento me cayó el veinte de que un restaurante no es solo cocinar, y las ganancias llegan –si bien te va– luego de un año, durante el cual debes pagar sueldos, marketing, renta… Es una presión gigantesca. Además, si yo lo que quiero es cocinar, ¡qué demonios hago persiguiendo ratas y cucarachas!”.

Allí nació la idea de Arjhé, restaurante genuinamente clandestino en la ciudad de México. 

“Aprovecho los huecos legales”

Pérez-Robleda dio tres pasos atrás para ver el cuadro completo. ¿Genuinamente quería abrir un restaurante? No: él quería darle de comer a la gente y ver su cara de satisfacción

“El restaurante fue el único formato que se me ocurrió de inicio; luego me di cuenta que solo sobreviven los changarros, los de cadena y los de alta cocina. Empecé a pensar en formatos como los ‘paladares’ de Cuba… y allí me decidí a abrir clandestinamente”, comparte. “Abrirlo” es un decir: el espacio solo se transforma en restaurante los sábados, al cual se accede por reservación

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Para promocionar Arjhé, el chef empírico recurre al boca-en-boca. Para operar, se vale de todos los huecos legales existentes: “Para empezar, esto no es un restaurante. Yo soy una asociación civil que promueve la comida historicista y ofrece degustaciones. En segundo lugar, no es un expendio de alcohol: la comida se marida. Y lo más importante: no me pueden cerrar porque no estoy abierto”. 

Las ganancias se manejan como recuperación de gastos. La asociación puede dar recibos –todo es legal–, pero hasta el momento ningún comensal lo ha pedido. Pérez-Robleda recibe su sueldo al entregar un recibo de honorarios a la asociación, que está a nombre de unos amigos.

Los pinches, sus alumnos de Seminario de Tesis, trabajan como freelances, sin recibos de honorarios, pero a cambio de una buena paga, experiencia y un detalle ‘cool’ para incluir en su currículum: haber trabajado en el primer restaurante historicista* (¡y clandestino!) del mundo. 

“Estoy seguro que es el único: yo inventé el concepto”, concluye el empresario en ciernes. [*Para quien se pregunte ¿qué es historicista?, Alto Nivel abre este corchete informativo: es un concepto tomado de la arquitectura, que consiste en proyectos arquitectónicos que en épocas pasadas no habrían podido llevarse a cabo por falta de medios tecnológicos, respetando su esencia. Lo mismo pasa en Arjhé: se cocinan platos antiguos con técnicas actuales.]

Vericuetos legales

Pérez-Robleda no es el único que aprovecha los vacíos legales (o su carácter obsoleto) para hacer negocio. Hay quien lo hace a nivel macro y logra que su empresa valga más que cualquier firma, cotizando en la Bolsa Mexicana de Valores, con la excepción de América Móvil.

Nos referimos a Uber, firma californiana con presencia en cerca de 50 países. El número varía en función de las naciones que suspenden su actividad, siendo Francia y España dos de las más recientes, pues allí se argumentó que compiten de forma desleal con el gremio de taxistas, pues sus conductores carecen de licencia de transporte público. Y aquí inician los vericuetos legales.

En su página web, la firma asegura: “Uber por sí mismo no presta servicios de transporte y no es un transportista. El proveedor es quien decide ofrecer servicios de transporte, que se solicitan mediante la aplicación. Uber solo actúa como intermediario”.

Luis de Uriarte, director de Comunicación para México y Centroamérica de Uber, dice: “En todos los países en donde Uber ha sido regulado, fue considerado como un servicio de transporte privado”. 

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Entonces, ¿es o no es un servicio de transporte? Si se lee con detenimiento su afirmación, lo relevante no está en la palabra “transporte”, sino en “privado”. La manera en que está redactado el artículo 10 de la Ley de Movilidad del Distrito Federal le permite operar a la firma, ya que sí existen legalmente los acuerdos entre particulares de transporte.

Dicho lo anterior, su modus operandi se simplifica: “Uber no es dueña de ningún coche, ni empleadora de ningún chofer. Nos asociamos con choferes privados en todas las ciudades, dándoles absoluta flexibilidad sobre horarios, números de horas y zonas en las que trabajan”, precisa De Uriarte.

En cuanto a lo anacrónico de la ley, Uber lo sabe y lo aprovecha.

“Por definición, la innovación tecnológica siempre va un paso adelante de las regulaciones, y esto no es la excepción en México”, asegura el directivo, quien agrega que la ley de Movilidad vigente en el DF está sujeta a adaptarse a las nuevas necesidades en servicios de movilidad.

“Tenemos un chofer pirata”

Para ser chofer de Uber se requiere un auto de placas particulares, tamaño mediano o completo, en el que quepan cómodamente cuatro pasajeros o más. De Ugarte precisa que para garantizar un viaje “tranquilo, elegante y seguro” (existe una reputación de marca por cuidar), los choferes son sometidos a revisiones “comparables con las pruebas que pasan pilotos de aviación”.

Ello incluye un examen de conocimiento de la ciudad, revisión de no antecedentes penales, exámenes toxicológicos y psicológicos y entrevistas presenciales.

Una vez admitido, el chofer se convierte en “contratista independiente” y puede llevarse el 80% de los ingresos de cada viaje (eso sí: nada de cash; todo es por tarjeta de crédito). Uber usará el 20% restante para tareas como crecer la base de usuarios y mejorar la experiencia. Del 80% obtenido, el chofer-freelance debe encargarse de gasolina, reparaciones y la contratación obligatoria de un seguro de cobertura amplia.

¿Se puede ‘poner a trabajar’ solo el auto? Sí. En este caso, los mismos gastos corren por cuenta del propietario, y se pueden obtener ganancias de hasta 10,000 pesos mensuales.

A esa situación personal (cero prestaciones) se suma de forma intermitente el fantasma que ronda a la empresa: ¿el servicio del chofer de veras es legal? 

Al menos para el grupo Taxistas Organizados de la Ciudad de México, no es así. Apenas en diciembre de 2014 presentaron ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) una denuncia contra el secretario de Movilidad, Rufino León Tovar. Argumentan que el funcionario permite operar a Uber y firmas similares con choferes ‘pirata’, pues no cuentan con licencia ni placas de taxi. Días atrás, León Tovar se había comprometido a que existiría una reglamentación precisa para estas aplicaciones. Eso no sucedió

Para no esperar sentados a que la autoridad ponga orden, De Ugarte asegura que Uber busca trabajar de la mano con ella para realizar las adecuaciones necesarias a la ley: “Así lograremos que la gente tenga libertad de decidir, con opciones seguras y confiables de movilidad”.

Su disposición no es gratuita: sus planes incluyen generar entre 15,000 y 20,000 nuevos empleos en Distrito Federal, Tijuana, Guadalajara y Monterrey. Sin prestaciones, con incertidumbre legal, con choferes quizá sobrecalificados… pero empleos, al fin y al cabo.

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La empresa, ¿ilegal?

Este tipo de empleos no son unidireccionales. Junto al chef historicista y el chofer desagremiado, cohabitan empresas con el modelo de outsourcing.  

A diferencia del freelance, el outsourcing no nace por generación espontánea: lo crearon las empresas ante la ausencia de reglas. “Hasta hace algunos años seguíamos con una ley laboral de la época de la Revolución”, precisa Felipe Zugarramurdi, socio consultor de ePeople Consulting. “La desventaja de quienes trabajaban por outsourcing era el vacío legal que permitía abusos. ¿El más común? Que tú trabajas para una empresa… sin pertenecer a ella”. 

Aun cuando el outsourcing ya ofrece ventajas para empleador y empleado [ver recuadro], su primer obstáculo a sortear sigue siendo el tema de la percepción. Para Zugarramurdi, este tipo de contratación es visto de manera negativa, “en parte, porque en México tenemos una cultura laboral paternalista. Por décadas nos inculcaron que el mejor trabajo era en una empresa grande que ofreciera crecimiento a largo plazo”. Por tanto, trabajar por periodos cortos, por proyecto o por contrato era visto como síntoma de inestabilidad laboral. 

¿Buscan chefs y choferes? No

“Una empresa no necesariamente debe tener el talento dentro de su estructura”, dice Griselda Hernández, directora general de Kelly Services, firma de outsourcing en Recursos Humanos. Esta realidad abre las puertas a talentos que quieren trabajar de manera temporal, y en varias empresas a la vez. 

Zugarramurdi, de ePeople Consulting, revela que los sectores que más buscan estos “talentos on-demand” son automotriz y alta tecnología, en empresas con picos de actividad y acostumbradas a trabajar por proyectos. 

Si pensamos en tendencias de trabajo a nivel global, la Organización para la Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE) apunta que los nuevos empleos estarán basados en el conocimiento y en profesionales con capacidades técnicas, habilidades directivas y espíritu emprendedor.

Las modalidades de contratación: outsourcing por proyectos y derechos laborales, y freelance ganan terreno entre los millennials y la generación Z, quienes ya no ven tan atractivos los planes para hacer carrera en una empresa y prefieren moverse de una organización a otra, buscando un estilo de vida que se adapte a sus necesidades.

El Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social concluye que apenas una décima parte de los profesionistas tiene pensado continuar en su trabajo actual por más de cinco años; la mayoría está a la expectativa de otras opciones.

“¿Qué extrañas de tu ‘trabajo Godínez’?” Preguntamos a José Antonio Pérez-Robleda, ese chef que ya transitó por todos los estadios laborales: “Extraño la convivencia; el freelance te hace muy solitario –reflexiona– y también la seguridad de saber que, pase lo que pase, llega tu quincena. Pero ahora soy dueño de mi tiempo y, sobre todo, me dedico a lo que realmente me gusta“. 

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