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Libérate de la culpa y conviértela en tu aliada

El sentimiento de culpa también puede ser un aliado para mejorar varios aspectos de tu vida, aprende cómo utilizarla para impulsar tu crecimiento.

20-02-2015, 7:39:06 AM
Libérate de la culpa y conviértela en tu aliada
Marcela Hernández y Hernández, Coach Empresarial y de Vida

Vivir con culpas puede ser muy doloroso. Es así que cuando se trata de asumir nuestras responsabilidades, preferimos buscar culpables antes que enfrentar el sufrimiento que conlleva el sentimiento de culpa.

Sin importar lo molesta que sea, la culpa también puede ser un aliado para mejorar varios aspectos de nuestra vida. Es como la luz roja de un semáforo, que aunque nos detiene por momentos y nos frustra, también nos da tiempo para hacer un alto y nos ayuda a llegar a nuestro destino.

Así como los países;  estados; empresas o cualquier tipo de organización requieren de normas y políticas para funcionar de manera adecuada y equilibrada, los seres humanos también tenemos un sistema de normas internas que rigen nuestro comportamiento. Y el sentimiento de culpa funciona como una especie de guardián de dichas normas.

La culpa puede ser funcional o disfuncional según la forma en que la vivamos. Por una parte es esa voz interior que nos indica que estamos actuando mal; y del otro lado de la moneda se encuentra la culpa que –lejos de ayudarnos–nos llena de sufrimiento y no conduce a ninguna resolución.

Como dos caras de una misma moneda, este sentimiento está integrado de dos partes principales: el culpador y el culpado

El primero es el encargado de resguardar el código moral y ético de cada persona y el segundo es aquel que ejecuta una acción que transgrede las normas. 

En su libro La Sabiduría de las emociones, Norberto Levy nos brinda diversas perspectivas para convertir la culpa disfuncional en un aliado para nuestro crecimiento:

1. Sé bueno contigo

Cuando nos sentimos culpables, solemos “autoflagelarnos” con pensamientos que nos descalifican o castigan. 

Por ejemplo: “No merezco ser feliz porque he sido una mala persona”. Este tipo de mensajes son característicos de la culpa disfuncional. 

La idea es que a partir de la culpa no te tortures, sino que cuides y respetes tu código de ética y moral –en caso de estar de acuerdo con éste– o bien que lo flexibilices y actualices en caso de que para ti ya sea obsoleto. 

Quizá puedas modificar o agregar algún nuevo elemento a tu norma, para generar un nuevo acuerdo que restablezca la paz entre el culpador y el culpado. 

2. Las reglas cambian

Verifica si tus normas internas aún están vigentes o si mantenerlas así te genera más costos que beneficios. Quizá sea tiempo de que inventes nuevas normas o ajustes las que tenías a un contexto más actual.

Date cuenta de que las normas evolucionan con el tiempo. El problema con el culpador disfuncional es que vive su esquema de reglas como definitivas e inamovibles, dando por resultado inflexibilidad, estancamiento y sufrimiento.

Por ejemplo, si una de mis normas internas es que no debo de contradecir a mis superiores, es posible que en mi situación actual esta norma esté trayéndome más problemas que ventajas. Más allá de decidir contradecir a mis superiores de ahora en adelante, podría especificar en qué momentos me sirve o me afecta utilizar esta norma.

3. ¿Quién dijo?

Cuestiona las normas y creencias que han regido tu vida. Es posible que tras la pregunta “¿Por qué actúo como actúo?” descubras que –lamentablemente– la respuesta tiene que ver con el “deber ser” que otras personas te inculcaron: “porque así me lo enseñaron mis padres”; “porque eso es lo correcto”.

4. Toma lo bueno

El problema no está en las normas, sino en nuestra apatía por cuestionarlas. Es importante que luego de confrontarlas, manténgamos aquellas que son funcionales y benéficas para nosotros. 

Cuando hemos debatido lo suficiente con nuestro culpador, es posible que encontremos que la regla que está defendiendo sea adecuada para nuestra vida y nos advierta de consecuencias negativas que obtendremos sí continuamos actuando así.

5. Aliados estratégicos

Los dos componentes de la culpa: el culpador y el culpado, no son “enemigos esenciales”,  por el contrario, son “tripulantes del mismo bote”, sus funciones son complementarias y su mayor objetivo es detectar la transgresión de una norma y poner en marcha una respuesta que lo reequilibre.

¿Qué puedes aprender de tus culpas? ¿Qué acciones necesitas emprender para generar un nuevo acuerdo que satisfaga a ambas partes? ¿Cuáles de tus normas internas necesitan ser actualizadas?

La autora es coach ontológico, especializada en coaching de vida y empresarial. Directora de Cae-el20, empresa de coaching y capacitación. Puedes seguirla en Twitter en su cuenta @March_coach.

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