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Impuestos en México, ¿cambios para 2016?

Especialistas y empresarios esperan que Gobierno revise temas de la reforma fiscal, pero los comicios y la baja de los precios del crudo complican el panorama.

07-01-2015, 8:31:36 AM
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Equipo Altonivel

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Desde que entró en vigor, la Reforma fiscal ha obstaculizado la vida de los empresarios. Al alza de impuestos y la imposición de obligaciones formales adicionales se suma un exceso de controles, que dificulta el ya de por sí complejo pago de obligaciones.

Mariano Calderón, socio director del área de Impuestos, Litigio Fiscal, Administrativo y Constitucional de la firma de abogados Santamarina y Steta, dice que el escrutinio y fiscalización permanentes por parte del Sistema de Administración Tributaria (SAT) ha generado gran molestia entre los empresarios, porque además del confuso entorno económico del país (devaluación del peso, caída de la mezcla mexicana de petróleo y un endeble crecimiento del PIB), que ha impactado negativamente en sus ventas y planes de crecimiento, temen formar parte de la “lista negra” de contribuyentes incumplidos.

La disminución en las estimaciones de crecimiento del PIB es, a todas luces, un efecto de la reforma: como deben pagar más impuestos, las compañías tienen menos dinero para invertir. Y, lo peor de todo, es que el empresariado percibe que la autoridad no está haciendo nada para reactivar la economía.

Los especialistas consultados por Alto Nivel esperan que el gobierno federal reconsidere su postura y realice cambios para 2016. La mala noticia es que este es un año electoral y eso empeora las cosas. Además, si los precios del petróleo mantienen su tendencia a la baja, el gobierno recibirá menos ingresos por este concepto y las probabilidades de disminuir los impuestos serán nulas.

Sin embargo, el experto de Santamarina y Steta considera que siempre hay margen de maniobra. “El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a los refrescos y productos de alto contenido calórico otorga recursos que el gobierno antes no tenía y que podrían compensar la reducción del ISR y el IVA. También podría modificarse el impuesto a los dividendos generados por las utilidades. Son medidas que podrían pasar de forma natural en el Congreso y darían un respiro al empresariado y a la industria.”

Una actitud flexible de la autoridad fiscal hacia los empresarios, que son contribuyentes cautivos, también podría relajar su malestar, así como tomar medidas radicales para hacer que pague quien no paga. Aunque el Régimen de Incorporación Fiscal ha tratado de captar al sector informal de la economía, en realidad la reforma se enfocó en atraer recursos adicionales de los mismos tributarios.

Los especialistas aseguran que el verdadero impacto de la nueva ley se verá cuando las empresas presenten su declaración anual del ejercicio fiscal 2014 y se enfrenten a las limitantes en las deducciones sobre los beneficios que conceden a su empleados.

Hace unas semanas, el Consejo Coordinador Empresarial propuso revisar estas limitantes, reconsiderar el tema de la deducción inmediata para las empresas que inviertan en el país y replantear también las restricciones a la deducción de las aportaciones realizadas a los fondos de pensiones.

Para Fausto Hernández, profesor de economía en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), la deducción completa de las contribuciones a la seguridad social es indispensable para que los negocios y las inversiones mantengan su dinamismo.

Agustín Vargas, socio de Impuestos Corporativos en la Práctica de Impuestos de la firma de consultoría KPMG, dice que estas propuestas no se oponen al Acuerdo de Certidumbre Tributaria (vigente hasta el 30 de noviembre del 2018 y que promete que no habrá más impuestos ni se incrementarán las tasas de gravámenes existentes ni se eliminarán los beneficios fiscales ni las exenciones vigentes) y, por lo tanto, el Ejecutivo podría revisarlas.

Además, si una vez que realicen su declaración anual las empresas se amparan contra la Reforma fiscal, se crearía un entorno ideal para que estas propuestas se integren a la agenda y puedan materializarse a través de un decreto presidencial o durante el siguiente periodo de sesiones.

Pero no hay que echar campanas al vuelo. Los expertos coinciden en que más que una reducción, el actual entorno económico obligaría a un incremento de impuestos en 2016. Para Oscar Ortiz, socio de Impuestos de Ernst & Young, el aumento en la recaudación no necesariamente implicaría un aumento de tasas, sino un recrudecimiento de los mecanismos de fiscalización.

CONCLUSIÓN:

Sea cual sea la decisión del gobierno, es un hecho que una modificación fiscal reflejaría la crisis de debilidad del Estado y el reconocimiento de su error. Pasarán muchos años para que vuelvan a darse las condiciones y pueda desarrollarse una verdadera reforma fiscal. Es una lástima. Se desperdició una gran oportunidad de incentivar la economía, la formalidad y la inversión, disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso y reducir la pobreza.

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