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4 claves de liderazgo de una corredora de desiertos

A sus 50 años, la mexicana Beatriz Camiade, consiguió completar casi 1,000 kilómetros a través de los terrenos más inhóspitos del mundo, ¿Cómo lo logró?

22-12-2014, 5:42:51 AM
4 claves de liderazgo de una corredora de desiertos
Javier Rodríguez Labastida

La jalisciense Beatriz Camiade comenzó a correr unas cuadras
en el fraccionamiento de su casa casi a los 40 años. Ha pasado más de una década y
esta deportista fue llevando su gusto por las carreras de las calles de Guadalajara,
hasta los circuitos más extremos del mundo.

El último logro de esta madre de cuatro hijos fue completar cuatro ultramaratones a través de los cuatro desiertos más hostiles: el del Sahara,
en 2011, el de Gobi (China), en 2012, Atacama (Chile), en 2013 y en noviembre
pasado el de la Antártida.

“Inicié corriendo para bajar de peso. Así inicié de poquito
una cuadra y caminaba porque me cansaba, me apliqué a hacerlo todos los días y
poco a poco empecé a tener condición, a bajar de peso y a interesarme por
carreras cortas, luego medios maratones y luego maratones”, dice en entrevista
con AltoNivel.com.mx.

Aún recuerda su primera carrera: la de la Eucaristía de 10.5
kilómetros
. Desde entonces ha completado varias carreras de largas distancias
que le han dejado enseñanzas que ha compartido en conferencias motivacionales
ante empresarios, alumnos y académicos
de México. Estas son algunas de sus
enseñanzas derivadas del último reto en la Antártida:

1.- Preparación

Beatriz Camiade señala que entrena todas
las mañanas; dos horas cuando no tiene competencia y el doble cuando se prepara
para una prueba, como fue la última por el desierto de la Antártida, en donde
corrió a menos 28 grados Celsius.

“Tienes que pensar mil cosas, desde cómo vestirte, hasta qué
llevar y en qué mochila o bolsa. En la primera etapa me quedé corta en cuanto a
la protección para la cabeza y cara, estuve respirando durante 7 horas y media,
si no mal recuerdo un frío brutalmente extremo, me dio en toda la torre, mi
asma de hace 20 años que no me daba se me detonó, terrible, nunca pude tomar
ritmo, me sentí muy mal, muy exigida y ya llevaba fiebre”, así explicó en su
página de Facebook la primera etapa de su recorrido.

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El ultramaratón en la Antártida está dividido por varias
etapas que se van concluyendo según lo permite el clima. Los corredores llegan
a distintas islas a través de pequeños botes llamados zodiac.

2.- Si te quedas quieto te congelas

Al llegar al barco,
después de la primera etapa, Camiade asegura que no podía respirar bien por el
asma y empezó a experimentar ceguera. “Cuando llegué a la habitación y me quito
los lentes y veo todo absolutamente borroso, yo pensaba que eran los lentes
sucios, pues no, eran mis ojos (…) ya que me revisó el doctor me dijo que era
normal por el aire frío que recibí y que en un par de horas volvía a la
normalidad”.

Otra dolorosa experiencia fue al terminar la segunda etapa, “cuando
llegué a mi habitación, literal congelada de pies y manos, me asusté bastante,
fue un dolor que nunca antes experimenté, los dedos de manos y pies total
congelados que cuando puse agua tibia para que volviera la circulación es un
dolor bárbaro y a controlar, la mente que ya me gritaba que me cortarían los
dedos”.

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3.- Competir ante la incertidumbre

“Lo más difícil en estas
etapas fue la incertidumbre de no saber durante cuánto tiempo estarías
corriendo, si no lo sabes es imposible dosificar tu carrera, planearla.  Sólo nos bajaban a iniciar y te decían que
cuando el capitán del barco decida
, según vea el clima, entonces se decide
parar y regresar, así que estás vuelta y vuelta sin saber si estarás 5, 6 o
hasta 12 horas manteniendo en el circuito. 

Si decides parar, quedas eliminado.

Claro puedes parar un momento en
check point a cargar agua o tomar algún energético, solo ahí, puesto que está
prohibido comer algo durante el recorrido por las restricciones de la Antártida
para proteger la fauna”.

En varias ocasiones, las condiciones del clima impidieron a
los corredores bajar a completar la etapa correspondiente. Camiade señala que,
a diferencia de los otros tres desiertos, la competencia de la Antártida difícilmente
cubre la distancia de los 250 kilómetros, debido a las modificaciones que deben
hacerse sobre la marcha para proteger a los corredores del clima.

4.- Adaptarse a los cambios

En varias de las etapas, la
deportista asegura haber corrido en distintas superficies: “nieve en todas sus
presentaciones
: desde hielo tal cual como raspado, hielo duro, hielo como
vidrio que se quebraba, nieve tan suave como talco y una más densa en la que te
hundías hasta media pantorrilla.  Y buena
parte del recorrido era en desnivel una pierna más arriba que la otra y de
subida, se te doblaban los tobillos a cada rato”.

“Muy difícil en cada etapa calcular la ropa, hubo veces que
me sobrepasaba y en medio circuito sentía que moría de calor y si me detenía
todo ese calor se sentía en minutos como hielo, muy extrañas y extremas
experiencias.  El simple hecho de abrir
un cierre de chamarra implica quitarte uno a uno los tres guantes que llevas
puesto, y además valorar si lo haces porque en cuanto te quitas los guantes ya
sientes congelados los dedos y encima la mochila con unos seis kilos de peso,
literal éramos astronautas en esta última etapa”.

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En la entrevista, Camiade asegura que no ha recibido ningún
apoyo externo
, por lo que asegura que ha sido un reto realizar sus carreras, a
las que la acompañan sus cuatro hijos.

“Me siento afortunada y doy gracias a Dios por permitirme
esta experiencia sin duda alguna extraordinaria y que algún día ya me veo
contándosela a mis nietos cuando los lleve a su cama para dormir, serán las
hazañas de su abuela
y no los mismos cuentos que todos ya conocemos.  Quizá a ellos les toque ir a una expedición a
otro planeta y recordarán que pueden hacerlo, porque su abuela les dijo que no
tengan miedo y que cumplan sus sueños…”, concluye su último relato en su página
de Facebook.

¿Qué te parece esta historia? ¿Te atreves a seguir su ejemplo?

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