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Falta de inversión en cárceles: mala reinserción social

Vivir en una cárcel es carísimo, no hay inversión ni programas reales de reintegración social. ¿Cuáles son las consecuencias? El CIDE lo analizó. Conócelo.

15-12-2014, 4:11:49 AM
Falta de inversión en cárceles: mala reinserción social
Javier Rodríguez Labastida

La falta de inversión en las cárceles de la Ciudad de México
y la ausencia de un programa efectivo de reinserción social para los reclusos,
generan un clima propicio para el incremento en la reincidencia delictiva.

“Las personas no están dispuestas a invertir más dinero para
que la gente sentenciada viva mejor. Lo que quieren es un castigo. Son
poblaciones muy reacias a mejorar las condiciones de vida de los reclusos. No
hay un programa que atienda el problema de la reincidencia o atienda
abiertamente el tema de la reinserción social”, señala en entrevista con AltoNivel.com.mx el
académico del CIDE, Gustavo Fondevila.

Él y una serie de académicos del Centro de Investigaciones y
Docencia Económicas
realizaron la cuarta edición del reporte histórico Delito y
cárcel en México. Deterioro social y desempeño institucional
, que se ha venido
realizando cada tres años y retoma datos desde 2002.

Según este estudio, la Ciudad de México gasta
aproximadamente 10 dólares diarios en un recluso
, mientras que en Estados
Unidos, son más o menos 85 dólares; y en algunos países de Europa hasta 110.

“Solo el 2% de las personas privadas de la libertad tiene cobijas
y el 4% tiene ropa
. Y sí, en prisión se puede conseguir todo, pero 1,000 veces más
caro que en los mercados con competencia (…) Lo que hacen los reclusos es
delinquir y aumentan las extorsiones telefónicas y aumenta el número de
personas que exigen dinero a su familia”, dice Fondevila.

El académico señala que estas dinámicas generan abandono
familiar, lo que a su vez deriva en una mayor integración de los reclusos a las
redes delictivas para mantener un estilo de vida.

“La gente cree que es un castigo nada más, pero genera
dinámicas realmente perversas para la sociedad, cuyo costo es mucho más alto
que tener buenas condiciones de vida en prisión. Una visita a un penal le sale
a un familiar entre 300 y 500 pesos
”.

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Reincidencia en aumento

El estudio del CIDE indica que la tasa de reincidencia se
incrementó de 36.5 a 44.9%
y “a esto se suma que la población carcelaria crece también en la región, lo que indica que no está funcionando el sistema de
reinserción social”.

Fondevila señala que ni el gobierno, ni la iniciativa
privada han establecido mecanismos efectivos para apoyar a que la población
carcelaria pueda reintegrarse a la sociedad, y que las únicas que acompañan a
los reclusos son las asociaciones civiles.

Esto se debe, en gran medida a que
lo que interesa en México es que el recluso sea castigado por el delito, sin
importar el seguimiento que se le dé después, además de la sobrepoblación en
las cárceles, derivado de un exceso de reclusos remitidos por delitos mínimos.

En las cárceles del Distrito Federal y el Estado de México,
la gran mayoría de los individuos están presos por algún tipo de robo en el que
el monto del delito era, en 50% de los casos menor de 11,600 pesos.

“El hacinamiento de las cárceles es evidente en prisiones
como el Reclusorio Oriente, diseñado para 1,300 presos y que actualmente está por arriba de los 2,000 (…) Todo esto se resolvería no enviando a prisión a
personas que han cometido un delito de bajo impacto social. Por ejemplo, robo
simple de valores patrimoniales mínimos, o consumo de mariguana”, asegura
Fondevila.

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Un entorno familiar negativo

Según el análisis del CIDE, la edad promedio de detención es
alrededor de los 30 años para hombres y mujeres
. El promedio de
escolaridad de los reclusos es entre siete y nueve años, y la ocupación más
frecuente es el autoempleo.

En este punto, el estudio recalca que en los últimos años
han disminuido los reclusos con experiencia policial, aunque señala que el 20%
de las personas acusadas de algunos delitos, como secuestro, tienen relación con alguna institución de procuración de justicia.

El 26.8% de los reclusos abandonaron su hogar antes de los 15 años, y la violencia familiar es su motivo principal. “Este indicador
habla de que hay descomposición social y familiar importante que repercute en
la prevención de la delincuencia”, explica el reporte.

Consulta aquí el reporte completo del CIDE.

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