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Muere el escritor Vicente Leñero; recibirá homenaje

El también periodista falleció a los 81 años de edad; recibirá un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes.

03-12-2014, 12:37:55 PM
Muere el escritor Vicente Leñero; recibirá homenaje
Altonivel, con información de agencias

El escritor y periodista Vicente Leñero falleció esta tarde en la Ciudad de México, padecía desde hace varios meses un enfisema pulmonar.

Por un lado, El Universal indicó que Eugenia, una de las hijas del autor, confirmó el deceso del autor jalisciensemientras que la dirección del semanario Proceso, del que fue uno de sus fundadores, también afirmó a CNNMéxico este suceso.

Hasta el momento se ha dado a conocer que el autor recibirá un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, el cual se realizará al mediodía de mañana. 

A través de su cuenta en Twitter, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), lamentó la muerte de Leñero:

Semblanza

Ésta es la semblanza del autor realizada por el Conaculta, que emitió con motivo de su cumpleaños número 81 el pasado 9 de junio, a través de las voces del dramaturgo Flavio González Melo, el crítico Alejandro Toledo y el poeta Eduardo Lizalde:

Vicente Leñero, un autor que ha abordado todos los géneros literarios con agudeza

Novela, teatro, crónica, cuento, guión cinematográfico, son los géneros a los que hay que referir cuando se habla de la obra de Vicente Leñero, uno de los escritores y dramaturgos vivos más importantes de la generación del medio siglo XX mexicano.

Vicente Leñero es autor de casi 20 guiones de cine, una decena de novelas, 14 obras de teatro y tres compilaciones de cuentos. Es autor de obras tan destacadas como Los albañiles (1963); Estudio Q (1965); Los periodistas (1978) o La gota de agua (1984); en teatro ha escrito Pueblo rechazado (1968); La mudanza (1979); Nadie sabe nada (1988), entre otras. El periodista e investigador Alejandro Toledo señala que “si en el Carlos Fuentes de La región más transparente vemos al país en que nos tocó vivir, en Leñero aparece el mexicano que nos tocó ser”.

Su amplia obra inicia con La polvareda, en el año 1959, y llega hasta Más gente así, apenas del año pasado, por lo que este autor y cronista, nacido el 9 de junio de 1933 en Guadalajara, Jalisco, tiene una larga trayectoria que le ha valido diversos reconocimientos como el Premio Biblioteca Breve en 1963, por Los albañiles; la beca Guggenheim en 1967; los premios Xavier Villaurrutia y el Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura en 2001, además de que es a partir de 2010 miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, y obtuvo la Medalla Bellas Artes otorgada por el INBA, en 2011.

Para su amigo y colega, el poeta Eduardo Lizalde, la tenacidad literaria de Vicente Leñero ha quedado documentada por él mismo en alguna de las muchas entrevistas que ha concedido, donde dio a conocer que además de ingeniería, comenzó a estudiar periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, porque pensó que ahí le enseñarían a escribir, pues según dijo, le costaba un gran esfuerzo hacerlo.

No soy un escritor, dijo en esa entrevista, siempre me ha costado mucho hacerlo, de hecho aunque he escrito muchas cosas, la mitad debí no haberlas escrito, y sí, aprendí a escribir, porque había clases de redacción y fui autodidacta, me esforcé por aprender los secretos del lenguaje escrito.

Dijo también en ese entonces que además de ingeniería civil en la UNAM, estudió periodismo en la Escuela Carlos Septién para que le enseñaran a escribir, porque al principio simplemente quería escribir cuentos.

Tanto en su prosa como en el teatro, el guion de cine y en el ámbito periodístico, que ejerció en publicaciones como El Heraldo de México y Excélsior; las revistas Claudia y Revista de Revistas, de las que llegó a ser director, así como en el semanario Proceso, donde es actualmente subdirector, Vicente Leñero ha expresado su talento, por lo que, continuó Eduardo Lizalde, es un hombre inteligentísimo, tratable y agudo, que ha abordado temas muy variados.Compañero de Leñero en la Academia Mexicana de la Lengua, Lizalde consideró que los premios que ha recibido su amigo están plenamente justificados por la relevancia de obras como la novela Los albañiles, pero también por su trayectoria en el teatro, ya que es un dramaturgo excepcional que ha montado una gran cantidad de obras, y en general “un excelente periodista y escritor del que siempre he celebrado su trabajo”.

Añadió: “los temas populares son su especialidad, pero ha tratado con inteligencia, agudeza y originalidad una gran cantidad de problemas de México y del mundo. Vicente Leñero es un intelectual destacado, me parece muy justo que se le haga un homenaje y lo celebramos todos sus colegas y compañeros”.

Para el crítico Alejandro Toledo, el autor de novelas como Estudio Q, El garabato, Los periodistas, La gota de agua y La vida que se va, cuenta con una mirada sarcástica, irónica, que nos ha ayudado a observar a México de otra manera, sin solemnidades ni patrioterismos.

En su obra, dijo, “nos vemos como somos, a veces quizá demasiado cruelmente, con un énfasis malévolo en nuestras miserias. Si en el Carlos Fuentes de La región más transparente vemos al país en que nos tocó vivir, en Leñero aparece el mexicano que nos tocó ser; en su obra se refleja una lucha entre nuestras incapacidades, que son muchas, y nuestras aspiraciones, inalcanzables las más de las veces o hasta ridículas, pero también posibles”.

Lo más importante en Leñero, agregó el especialista, es que sabe contar, sabe narrar y lo hace en diversas formas literarias. “Es un escritor plural que ha abarcado casi todos los géneros y en todos ha sido más que sobresaliente, desde el periodismo hasta la narrativa, el teatro o su labor como guionista. Sólo le ha faltado escribir poesía y ensayo, que al parecer no se le dan. No es un hombre de metáforas ni de reflexiones, va directo a la historia”.

Se dice que Leñero ha hecho un retrato cabal de la sociedad mexicana, lo cual, según Alejandro Toledo, está presente en toda su obra, como en Los albañiles, donde se manifiestan las jerarquías sociales y donde se refleja, también, ese mal de todos que es la corrupción. Otro de sus libros importantes es Los periodistas, retrato de ese gremio y sus relaciones sórdidas con el poder”.

Sin embargo, apuntó, “también en los trabajos periodísticos sabe retratar el modo de ser del mexicano, desde la chica ilusionada que verá al cantante español Raphael en La Alameda o el auge, en los años sesenta, de la Zona Rosa como un espacio para la gente chic, o su viaje a ciegas, en el comienzo del zapatismo, para entrevistar al Subcomandante Marcos. Es un hombre de su tiempo, un testigo de su tiempo”.

Por su parte, el dramaturgo Flavio González Melo coincidió al señalar que lo llamativo en la obra de Leñero es “la diversidad de géneros que aborda y la manera, siempre desde un ángulo interesante, desde una perspectiva diferente. Se inicia en el campo de la narrativa cuando ha ido abordando otros campos de la escritura, al menos en el teatro y en el cine también, siempre ha habido una fuerte experimentación”.

Se trata de un rasgo definitorio en el trabajo de Leñero, pues “siempre está probando el juego con estructuras, con puntos de vista, es algo que ha enriquecido la tradición de la novela, el teatro y el cine, en momentos en que a veces pesaba demasiado la tradición con estructuras ya muy sabidas y exploradas”.

En teatro, apuntó el dramaturgo, Leñero ha hecho muchos experimentos interesantes con los límites del realismo buscando las fronteras, “como La visita del ángel o Nadie sabe nada, donde juega a casi casi explorar y borrar las fronteras entre el tiempo de la ficción y el tiempo de la representación y, por lo tanto, el tiempo del espectador”.Justamente en Nadie sabe nada, agregó González Melo, el autor hace la representación simultánea de nueve obras juntas “y de pronto el interés pasa a una de ellas y se vuelve una escena de la gran obra, pero en rigor son nueve obras que corren simultáneamente. Me parece que es un caso muy especial en la literatura mexicana”.

Las obras de Leñero, según el dramaturgo, van más allá de la coyuntura política en que fueron escritas y debido a su oficio de periodista “alimenta sus ficciones de una gran dosis de realidad, que conoce muy bien Leñero; me parece interesante porque lo lleva a explorar estos límites entre la realidad y la ficción, ese es uno de los rasgos muy claros de su obra, desde sus primeras obras narrativas y desde luego quizá llevado a su límite en obras teatrales como La mudanza, por ejemplo”.

Aunque se le ha encasillado dentro del teatro documental, González Melo advirtió “que sus aportaciones al teatro van más allá de lo meramente documental, en el sentido de poco imaginativo, porque siempre hay una gran imaginación al lado de la investigación de los eventos”.

De Leñero también destacó su enorme valor como cronista, tanto en la política como en teatro, desde la perspectiva de su experiencia como dramaturgo que la hace fundamental para entender el teatro en la segunda mitad del siglo XX en México.

“De hecho, me parece raro y un poco triste que no se le monte mucho. Los albañiles, La mudanza y otras obras de Leñero deberían estar constantemente en los escenarios, representadas de manera muy distinta; como ocurre con los clásicos de cualquier lengua y no forzosamente con la estética en la que fueron estrenadas o las que pensaba su autor cuando las escribía”.

Los albañiles, dijo, es una dramaturgia mexicana con otros vuelos, con otras ambiciones e incluso con una complejidad en el manejo de personajes y sería interesante verla de nuevo en los escenarios, quizá de manera iconoclasta.

Además, refirió, está “ese libro esplendido, inigualado, Los pasos de Jorge, donde de manera muy sintética revisa el paso de Jorge Ibargüengoitia por el teatro; es un libro fundamental para entender incluso la propia dramaturgia de Leñero. De lo que está hablando es de su generación, con sus inquietudes. Creo que tiene una manera muy amena de hablar de una realidad, pero con una prosa que lo vuelve casi casi un cuento muy bien contado”.Esa facilidad para contar historias llevó a Leñero a incursionar en el cine, como guionista en películas de la talla de Los de abajo (1978), El callejón de los milagros (1995), La ley de Herodes (1999), El crimen del padre Amaro (2002) y El atentado (2010), trabajos que para González Melo lo hacen el guionista vivo más importante del país y que ha dejado escuela, tanto en cine como en su dramaturgia.

Por ello el crítico Alejandro Toledo aseguró que Leñero “es un escritor profesional, además formador de escritores que no se toma demasiado en serio. No ha construido altares para sí mismo. Observa la vida con ironía y se observa a sí mismo de la misma forma. En un país de consagraciones súbitas y absurdas, Leñero ha sabido jugar un juego distinto y lo que lo sostiene no es su personalidad pública, sino su trabajo”.

En unos momentos más información…

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