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Pobreza, factor que agudizaría los problemas de México

Los expertos coinciden: no hay crecimiento económico y este tema es el gran pendiente que profundizaría el ánimo de ingobernabilidad, violencia y desesperanza.

19-11-2014, 9:14:59 AM
Pobreza, factor que agudizaría los problemas de México
Sergio Castañeda Montiel

Jacinto tiene una esposa y dos hijos a los que saca adelante con 50 pesos diarios que gana volanteando en el Metro, salario que complementa con los 100 o 200 pesos que recibe por la recolección de envases de plástico y aluminio. Como Jacinto y su familia existen en México 53.3 millones de personas en condición de pobreza.

45.5% de la población total del país en pobreza, que actualmente asciende a poco más de 117 millones, de la cuales 41.8 millones vivía en pobreza moderada (población cuyo ingreso es mayor o igual a la línea de bienestar mínimo –valor de la canasta alimentaria-, pero inferior a la línea de bienestar –valor de una canasta de alimentos, bienes y servicios- y padece una o dos carencias sociales) y 11.5 millones en pobreza extrema (población que padece tres o más carencias sociales y cuyo ingreso es inferior a la línea de bienestar mínimo), de acuerdo con el Informe de Pobreza en México 2012, realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la política de Desarrollo Social (Coneval).

La cifras son alarmantes, pues el número de pobres en el país supera la población total de naciones como Chile (16.8 millones), Ecuador (15 millones), Perú (29.2 millones), Canadá (34 millones), Argentina (41.7 millones) y España (46.7 millones).  

Además, la población vulnerable por carencias sociales en México suma 33.5 millones (28.6%) y las personas vulnerables por ingresos 7.2 millones (6.2%), lo cual también es preocupante, ya que en cualquier momento estos pueden engrosar el número de pobres en el país. Sólo una quinta parte de la población (23.2 millones) no tenía problemas de ingresos ni carencias sociales, es decir, no eran pobres ni vulnerables.

El panorama no es nada halagador para este y los próximos años.

José Luis de la Cruz Gallegos, director general del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC), prevé que la pobreza por ingresos seguirá aumentando en el país, debido a que los salarios no están recuperando su nivel adquisitivo, como consecuencia del bajo crecimiento económico.

“A partir de agosto de este año 2014, se realizará la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, ENIGH 2014, que muy probablemente arrojará una cifra de cerca de 61 millones de mexicanos en pobreza por ingresos (cuando no se tiene la capacidad para obtener una canasta básica alimentaria y efectuar gastos en salud, vestido, vivienda, transporte y educación), un millón más que hace dos años; mientras que la pobreza multidimensional (cuando se tiene al menos una carencia social –educación, servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación- y su ingreso es insuficiente para adquirir bienes y servicios) alcanzaría 54.5 millones, 1.2 millones más que en 2012”, explica.

Esto, subraya De la Cruz Gallegos, refleja que cada vez es más indispensable el gasto del gobierno para mantener a raya la pobreza, pero sin que exista una reducción de la misma. “De no resolverse este problema, las finanzas públicas se verán cada vez más comprometidas.”

El director general del IDIC reconoce que al final del día, la solución está en el crecimiento económico, la generación de empleo y la mejor distribución de la riqueza vía mejores salarios.  “Sin embargo, en el corto plazo esto no está sucediendo”.

Para Enrique Hernández Laos, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y Doctor en Economía por East Anglia University, School of Social Studies, la situación actual de la pobreza es, de acuerdo con las mediciones oficiales del Coneval, desgraciadamente muy lacerante.

“Las nuevas metodologías empeladas por esa institución, que agregaron a la medición por carencia de ingreso, otras carencias igual o más importantes (educación, acceso al cuidado de la salud, etc.), no hace sino mostrar de manera cuantitativa (y por lo tanto aproximada) las condiciones generales de privación en las que vive parte muy importante de la población de México”, señala.

El especialista en temas de pobreza, distribución de ingreso, productividad y competitividad coindice con De la Cruz Gallego, al mencionar que la salida para las condiciones de pobreza y carencia de más de la mitad de los hogares mexicanos, radica, principalmente, en retomar el crecimiento sostenido de la economía nacional.

“Sobre esto mucho se ha dicho, escrito y hablado; y en general hay un extendido consenso entre profesionales y (hasta cierto punto) entre políticos, de que no hay camino alternativo más que acelerar el crecimiento de la economía, para poder aprovechar las dos décadas que nos quedan en las que continuará vigente el bono demográfico que, hasta ahora parece que le hemos endosado a los vecinos del norte”, apunta.

Por su parte, Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Coneval, destaca que en las últimas dos décadas han mejorado las coberturas de servicios básicos en el país, pues cada vez más niños asisten a la primaria y la secundaria, gracias a las becas que otorga el gobierno; la calidad de las viviendas ha mejorado considerablemente, al contar con agua potable, electricidad y drenaje; se han instalado más pisos firmes en casas de zonas rurales; sin embargo, el ingreso de las familias no ha crecido y en algunos años este ha bajado, afectando su capacidad de compra.

Lo anterior, explica, como consecuencia de un bajo crecimiento económico. “Un país que no crece lo suficiente, como el nuestro, es muy difícil que reduzca la pobreza. La economía mexicana ha estado estancada los últimos 20 años, mientras que países como Chile, India, Brasil, Corea del Sur e Irlanda, que en los noventa estaban igual o peor que México, han crecido a tasas superiores a la nuestra, reduciendo notablemente los niveles de pobreza de su población”.

El pasado cobra factura

Bajo este escenario, la pregunta que surge es ¿qué hemos hecho mal como país? La respuesta es clara y contundente: malas decisiones de política económica, como sucedió en la administración de José López Portillo, donde se apostó todo a los precios del petróleo.

Durante los cuatro años que duró el auge petrolero, la estrategia de crecimiento basada en la expansión del gasto público produjo resultados espectaculares. Entre 1978 y 1981, el PIB creció a un promedio anual de 8.4%, pero cuando los precios internacionales empezaron a bajar y las tasas de interés internacionales alcanzaron niveles muy altos, México se volvió muy vulnerable.

En el estudio “México: Evolución económica, pobreza y desigualdad”, elaborado por Nora Claudia Lustig y Miguel Székely, en 1997, se señala que la falta de una política de ajuste produjo una gran fuga de capitales que inicialmente financió con endeudamiento externo de corto plazo. Sin embargo, en 1982, ya no había acreedores dispuestos a seguir prestando a México y el gobierno tuvo que declarar una suspensión involuntaria de pagos en agosto de ese año, fecha en que comenzó la larga y desafortunada crisis de la deuda, que aumentó la pobreza y desigualdad en el país.

Desde entonces, comenta Hernández Licona, del Coneval, México no se ha podido reponer, no ha sido capaz de tener una economía fuerte, que crezca y que lo haga independientemente del petróleo.

“Tenemos petróleo, que en teoría significa una ventaja, pero no lo hemos sabido aprovechar, en lugar de utilizarlo para fomentar el desarrollo del país, los recursos obtenidos en los últimos 15 años se han destinado, en su mayoría, al gasto corriente. ¿Qué hubiera pasado si no lo tuviéramos? Quizá estaríamos peor, pero hubiéramos tenido que ser más productivos”, subraya.

Al respecto, Hernández Laos, de la UAM, indica que en algún momento de los ochentas “nos vendieron la idea de que la apertura de la economía (comercial, financiera, etc.) nos llevaría a un crecimiento acelerado, pero la torpeza de quienes llevaron a cabo ese proceso, nos condujo a una economía fragmentada, fundamentalmente maquiladora por muchos años, que en la actualidad subsiste.

Tenemos un sector exportador, avanzado en tecnología de punta, en su mayoría  maquilador pero que también incluye grandes empresas manufactureras (una parte importante extranjeras); un sector manufacturero orientado al mercado interno, con menores capacidades tecnológicas y escasos niveles de productividad, y un extenso sector terciario, plagados de informalidad, que ha crecido de manera desproporcionada porque constituye el sector que no compite con el exterior”, detalla.

En resumen, añade el especialistas en pobreza, un país sectorialmente desarticulado, que no ha registrado aumentos sustantivos en su productividad y en sus salarios reales, y por lo tanto, está sujeto a los vaivenes del ciclo económico.

Programas sociales: un paliativo

Los programas sociales que hasta ahora se han aplicado para combatir la pobreza en México, como Solidaridad en la administración de Carlos Salinas de Gortari, que trataba de lograr mayor justicia social y en el que se invirtieron 18,000 millones de dólares (mdd); Progresa en el gobierno de Ernesto Zedillo, cuyo objetivo era atender las diferentes causas de la pobreza; el Seguro Popular de Vicente Fox; Oportunidades, 70 y Más, y el Seguro Universal para recién nacidos, de Felipe Calderón Hinojosa, que buscaban apoyar económicamente a las familias y adultos mayores en situación de pobreza y mejorar sus niveles de nutrición, educación y salud; Cruzada contra el hambre y la Pensión para Adultos Mayores de Enrique Peña Nieto, está última aún no aprobada por el Congreso; han sido paliativos para atenuar los afectos de las crisis que se han presentado de manera repetitiva, coindicen los especialistas consultados por Alto Nivel.

“No hay evidencias claras que esos programas hayan contribuido a la erradicación de la pobreza. Las intensiones de esos programas (Progresa, Oportunidades, Cruzada contra el hambre, etc.) podrán ser muy importantes desde el punto de vista de las personas que reciben transferencias, pero es evidente que no van a las causas de la pobreza, que son, insistiría, los bajos niveles de productividad, salarios e ingresos, y la muy limitada creación de empleos formales, producto todo ello del estancamiento económico que padecemos desde hace más de tres décadas” sostiene Hernádez Laos, de la UAM.

Lo mismo piensa De la Cruz Gallegos, quien señala que no se puede afirmar que las políticas públicas aplicadas son eficaces en la atención de la marginación en la que viven millones de mexicanos.

“La razón es simple de entender: existen dos metodologías para medir la pobreza que generan dos resultados distintos. Entonces, ¿con cuál de las dos mediciones (una vinculada con los ingresos que perciben los mexicanos y la otra que atiende a una serie de derechos sociales) se elabora la planeación de la lucha contra la pobreza, se asigna el presupuesto correspondiente para el desarrollo social, se genera la red para administrarlo, se focalizan los recursos de manera adecuada y se evalúan sus resultados?

Al no existir una respuesta clara a la anterior interrogante, queda la duda sobre si los avances o retrocesos en las cifras de pobreza son producto de una política orientada o un evento fortuito”, menciona.

El director general del IDIC refiere que las políticas públicas han sido consideradas como factor de solución al problema, esto a pesar de que en todos los niveles de gobierno se ejerza un gasto público altamente ineficiente y que casi no genera valor agregado.

Incluso, Ernesto Nemer Álvarez, subsecretario de Desarrollo Social y Humano de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), reconoció recientemente en un evento con la Comisión de Desarrollo Social de la Cámara de Diputados, que “si seguimos entregando sólo apoyos económicos, no vamos a abatir la pobreza; tenemos que hacer un gran esfuerzo porque combatirla no es una tarea exclusiva del desarrollo social; tiene que ver con el crecimiento económico, la generación de empleos y la distribución de la riqueza”.

Actualmente, existen 268 programas sociales federales, 2,800 estatales y a nivel municipal no se sabe, pues no existe información oficial, según Hernández Licona, del Coneval, quien señala que un reto de la política social es mejorar la coordinación entre Secretarías y órganos de gobierno, para que dichos programas sean más efectivos con el mismo presupuesto. 

“Hay recursos que no llegan a las personas que lo necesitan, que son utilizados por los gobiernos estatales y municipales para comprar vehículos, para arreglar parques, para obras que no tienen nada que ver con el desarrollo social y que deben de terminar. Afortunadamente, esta administración está poniendo candados, etiquetando recursos para evitar estas prácticas; en el caso del campo, una gran parte de los recursos se destina a los grandes productores, lo cual no es malo si se toma en cuenta que países como EU y Francia el gobierno subsidian a sus productores, pero creo que es necesario apoyar más a los pequeños, a los más pobres, no sólo con recursos o financiamiento para adquirir maquinaria, semilla, fertilizantes, sino también en la parte de la  comercialización, de nada sirve el recurso si al final no tienen donde vender sus productos”, comenta.

Corrigiendo el camino

El 29 de julio del año pasado, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, y el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, señalaron en una conferencia de prensa en Palacio Nacional, que para este gobierno la única forma de abatir la pobreza que aún afecta a millones de mexicanos es mediante un mayor y más solido crecimiento de la economía, acompañado de un Sistema de Seguridad Social Universal, que permitirá de manera generalizada dar los mínimos de bienestar en materia de pensiones, cobertura de salud e incluir por primera vez de manera generalizada el seguro de desempleo.

“Debemos elevar no solo el crecimiento de un trimestre a otro, sino la capacidad de crecer de forma sostenida y elevada; es ahí donde reformas estructurales como las de competencia económica, telecomunicaciones y energética, son elementos esenciales para que México pueda crecer de manera sostenida y a un paso más acelerado y constante, para entonces si abatir los niveles de pobreza”, sostuvo en su oportunidad Videgaray Caso.

De la Cruz Gallegos señala que se requiere un programa de desarrollo industrial bien planeado a nivel sectorial y regional, que se vincule con el empleo productivo formal y bien pagado.

“El gran desafió es potenciar la generación de empresas que tengan un nivel de desarrollo alto, que sean competitivas a nivel nacional e internacional, y que permitan generar encadenamientos productivos con empresas medianas y pequeñas, que es lo que sucede en los países desarrollados.”

El director general del IDIC cree que la reforma energética, recientemente aprobada, y las leyes secundarias en la materia, que están siendo analizadas y discutidas en el Congreso, puede ser una pieza clave para reducir la pobreza en el país, ya que gracias a esta se generarán 10,000 mdd en inversiones al terminar el sexenio, y entre 90,000 y 100,000 mdd en los próximos 10 a 12 años. “¿Qué significa esto, creación y llegada de nuevas empresas, generación de empleos bien remunerados”.

Finalmente, menciona, es necesario generar una visión de largo plazo, que le de coherencia a los programas de desarrollo social federales, estatales y municipales, que estos sean evaluados de manera sistemática para ver qué está funcionando y qué no, y en base a ello hacer los ajustes necesarios. Esto es, reducir el número de programas, destinar más recursos a programas productivos, poner candados, etc.

Para Hernández Laos este crecimiento no podrá hacerse en las condiciones en que se llevó durante la etapa de sustitución de importaciones (1948-1973), ni durante el crecimiento con importante presencia estatal (1977-1981); simplemente porque el mundo ha cambiado: ahora se tiene que buscar una estrategia de crecimiento en un mundo globalizado, en el cual la competencia, la tecnología, los conocimientos, al educación avanzada, son algunos de los parámetros que deberán orientar la política pública en materia económica.

De manera paralela, agrega el Doctor en Economía, deberán mantenerse las políticas sociales de carácter asistencial, para apoyar a las regiones y hogares con mayores carencias, durante el largo periodo que tomará el proceso de retomar el crecimiento.

“Sin dejar a un lado el optimismo, en mi opinión, de no avanzarse por esa senda, podría el país profundizar un escenario más siniestro de ingobernabilidad, violencia y desesperanza como ahora lo observamos en muchas partes de nuestro territorio”, concluye el especialista en pobreza de la UAM.

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