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Riqueza de pocos, acabose de muchos

Thomas Piketty volvió a poner el dedo en la llaga. Tenemos un riesgo enorme en el futuro si la riqueza continúa concentrándose en unos pocos.

16-10-2014, 10:42:26 AM
Riqueza de pocos, acabose de muchos
José Manuel Valiñas

Algunos aparecían rodeados de Ferraris y
Bentleys, diciendo que eran de su colección. Otros, en suntuosos yates o con botellas
de champaña. Pero lo que dejaba claro que era poseedores de una gran fortuna, y
no simples invitados, fueron las cuentas que pagaron en lugares de la Riviera
Francesa y paraísos similares.

Como prueba de su supremo delirio, tomaron la
foto de la factura de un restaurante en Saint-Tropez. La cuenta total era de
$109 mil dólares. Se apreciaba el consumo de caviar de Beluga, junto con
algunas cocas light. Esta foto le dio la vuelta al mundo en Instagram a través
de la cuenta “Los súper ricos”.

Eran simples niños de papás hipermillonarios,
que querían generar envidia con sus expresiones de derroche. Pero su inconciencia
y arrogancia
(algunas de las fotos eran con fajos de billetes al lado del
inodoro, denotando que los utilizaban como papel higiénico) se han convertido
en un signo de nuestro tiempo, uno que está definido por la discusión sobre la
desigualdad.

El 1% de
la población tiene el 40% de la riqueza en Estados Unidos

Esta discusión lleva décadas, sobre todo en
países en vías de desarrollo. A raíz de la crisis de 2008 y 2009 surgieron
movimientos como el Occupy Wall Street.
Sus integrantes lamentaban que la riqueza del 99% de la población se quedara en
manos del 1%, según las cifras que manejaban. Aunque en realidad el 1% tiene el
40% de la riqueza en Estados Unidos y algo así como el 50% a nivel mundial, los
son datos suficientemente escandalosos.

Desde el ámbito académico, uno de sus
inspiradores en este debate fue el economista Thomas Piketty, quien hoy está en
boca de todos. Algunos economistas serios analizaron a fondo su libro, El capital en el siglo XXI, y
encontraron en él distintos fundamentos para la crítica. A pesar de que es un
bloque de más de 600 páginas lleno de fórmulas y disertaciones matemáticas, el
volumen se convirtió en un fenómeno cultural y el autor en una especie de rockstar.

¿La razón? Este autor francés, que antes no tuvo
repercusión mayor, fue comentado por los principales académicos de Estados
Unidos. En aquel país, el tema de la desigualdad está llegando al mainstream, a la corriente principal de
opinión. Este tema ya no solo lo tocan los activistas o estudiosos, sino
cualquier persona, incluidos los empresarios e inversionistas. Algunos de ellos
entre el famoso 1%.

No por nada el mismo Warren Buffet se convirtió
en un adalid de las causas igualitarias con sus comentarios a favor de gravar
con más impuestos a los ricos. Empezando por él mismo. 

El
capital se desliga de la productividad

La tesis del libro de Thomas Piketty se resume
en el siguiente punto: “Si la ganancia del capital es mayor que el crecimiento
de la economía (r>g), el capital se irá incrementando continuamente”. Esto
conlleva un riesgo enorme para el futuro.

Según el autor, cada vez se desliga
más el capital de la productividad, y la brecha seguirá ensanchándose. Por lo
demás, afirma el francés, el capital está concentrado en pocas manos, y la
desigualdad es negativa para la economía y la democracia.

Diversos autores han encontrado incorrecciones
en El capital en el siglo XXI, sobre
todo en la metodología y en los cálculos matemáticos. La obra se basa en la
comparación de las declaraciones de impuestos y en el valor de las propiedades
en países de primer mundo a lo largo de 200 años.

Macario Schettino, reconocido economista y
columnista de este medio, analizó a detalle el libro, encontrando una gran
cantidad de desaciertos y premisas no bien sustentadas. En su análisis, cita
los numerosos estudios que se han hecho (www.macario.mx). El mismo Piketty aceptó que hay
incorrecciones en su obra, y dijo que nunca trató de decir la última palabra,
sino generar más discusión. Y lo logró.

Eric Liu, fundador de la Citizen University, y
anterior consejero de Bill Clinton, escribió: “Hay una cultura patológica” en
la sociedad americana que amenaza la fibra social.

“Vivimos en un tiempo de
extrema concentración de la riqueza y el problema no es que el 1% más
acaudalado se las haya ingeniado para triplicar el porcentaje de la renta en
las últimas tres décadas, sino que ese porcentaje se esté quedando cada vez más
aislado del resto de la gente”, Liu.

Comenta que los ultraricos tienen cada vez más
dinero, pero hacen cada vez menos por ganarlo. Lo que va en sentido contrario
de las tendencias democratizadoras de la humanidad. Precisamente, esa es la
tesis de Piketty: la desigualdad es algo negativo para la democracia, puesto
que las mayorías se ven afectadas, mientras que una franca minoría concentra el
poder económico.

A Liu le preocupan las manifestaciones
antisociales
que dañan la convivencia y el tejido social. En otras épocas esto
alimentó el odio de clase y la violencia revolucionaria. Por ejemplo: recuerda
que cuatro de las 10 personas más acaudaladas de Estados Unidos son hijos de
Sam Walton (fundador de Walmart y Sam´s Club). Esto para dejar claro que es un
fenómeno generalizado que los herederos hagan poco o nada por detentar esas
fortunas, que para otros son, simplemente, inmorales.

Por supuesto que no es una suma cero (lo que
tienen los ricos no se les resta necesariamente a los pobres), pero sí es un
hecho que la desigualdad amenaza los fundamentos del sistema liberal como lo
conocemos. Esta realidad creó una “cultura disfuncional” que favorece “la
incomunicación entre los distintos sectores de la población, el pensamiento
cortoplacista, la irresponsabilidad a nivel personal, el cinismo, la aversión
al trabajo productivo, el materialismo desvergonzado, la inhabilidad de diferir
la gratificación y la falta de preocupación de todo lo que esto causa en las
nuevas generaciones”.

La organización Oxfam
Intermón
presentó en el pasado Foro Económico de Davos su estudio Gobernar para las élites. Secuestro
democrático y desigualdad económica
. Advirtió que 85 ricos tienen el mismo
dinero que 3,750 millones de pobres en el mundo.

Refiere cómo se concentró la
hacienda en pocas manos desde 1980 hasta el día de hoy, y cómo en EU el 1% más
rico concentró el 95% del crecimiento posterior a la crisis financiera. Recalcó
que en Europa los ingresos de las 10 personas más acaudaladas superan el costo
total de las medidas de estímulo aplicadas para rescatar las economías de la
eurozona.

La
concentración se ha verificado desde los años 70, cuando terminó un periodo que
algunos economistas llaman “la Gran Compresión”. Este inició justo después de la
Segunda Guerra Mundial, y significó un aumento importante de la clase media.
Fue ahí donde se dieron los fundamentos de las sociedades más igualitarias que
conocemos en la actualidad, las escandinavas (con sus sistemas de welfare y su socialismo solidario).

En
aquella época, en la parte americana, el ingreso medio alcanzaba para que un
padre de familia mantuviera a su esposa (sin que trabajara) y a tres hijos. Con
el mismo ingreso podía comprar una casa en los suburbios, tener un auto y todos
los aparatos domésticos propios de la época.

Esa
tendencia empezó a revertirse en los años 70, y el instante crucial, según
otros investigadores, fue la presidencia de Ronald Reagan. En ese momento se
desgravaron las grandes fortunas.

Oxfam
señala que las condiciones que pueden ayudar a crear una nueva “compresión” son
la transparencia financiera, la regulación, la eliminación de los paraísos
fiscales, los impuestos progresivos y el gasto en servicios e inversiones
públicas.

¿Creamos
más riqueza o repartimos la que hay?

Uno de los puntos centrales de la discusión es
si lo mejor es fomentar el crecimiento para que llegue tarde o temprano a todas
las capas. Aquí nos remitimos a la teoría de Simón Kuznets, quien argumentaba
que el crecimiento de la economía estaba relacionado con la distribución del
producto de un país, y que el crecimiento por sí solo puede reducir la
desigualdad. Pero, ¿el problema es que haya poca riqueza o poca igualdad?

Los estudios sugieren que en el mundo existen
elementos específicos que favorecen la desigualdad en sí. Algunos de ellos
fiscales, como la no proporcionalidad de los impuestos; otros del mercado, como
el altísimo valor agregado que genera la economía de internet. Esta hace mucho
más ricos a los más preparados tecnológicamente y fomenta la duplicación del
mercado laboral. Ello provoca salarios más bajos para los trabajadores menos
calificados.

Aunque se diera ese efecto indeseable (que baje
la cantidad de riqueza), la sola disminución de la desigualdad sería un efecto
extraordinariamente positivo. Es lo que piensan algunos mercados emergentes,
francamente azotados por la pobreza.

En EU, el presidente Barack Obama dijo que el
problema de nuestro tiempo es “la desigualdad y la reducción de la movilidad
social”. Recordemos: esa era la gran promesa del sistema capitalista en sus
inicios. También fue la razón de por qué la Unión Americana fue, por siglos, el
lugar de arribo de grandes cantidades de inmigrantes, donde si nacías pobre, no
necesariamente debías terminar pobre.

Hoy sus datos no son alentadores: los niños
nacidos en familias dentro del 20% más acaudalado, tienen 60% de posibilidades
de permanecer ahí; mientras que los nacidos en el 20% más pobre, tienen el 95%
de posibilidad de no moverse de ese peldaño en toda su vida.

“En la visión americana tradicional, es más
importante aumentar la riqueza total que dividirla de manera más simétrica. Pero
a mayor desigualdad, el debate se decanta hacia mejorar la distribución sin
reducir el crecimiento de la riqueza”, escribe Ángel

“El problema es que, si eso fracasa, el siguiente paso será mejorar
la distribución, aunque se reduzca la riqueza total”, Ubide para El País.

Los analistas que examinaron el libro de Piketty
concuerdan en que efectivamente se concentró la riqueza desde hace más de tres
décadas. Este periodo, iniciado por Reagan, es llamado por algunos economistas “la
Gran Divergencia”.
El fenómeno se está intensificando y la mayoría piensa que es
nocivo para la democracia.

Por lo pronto, las ideas de Piketty inspiraron
la propuesta del socialista François Holland: gravar con el 75% a los más ricos
en Francia. Medida calificada por muchos como “confiscatoria” y que tiene pocas
implicaciones a nivel recaudatorio. Sin olvidar que desincentiva la iniciativa
privada, como han criticado muchos.

Quizá no sean propuestas perfectas, pero algo debemos
hacer.

En este mundo hay pocos casos como el de Yu
Youzhen
, la mujer china que tiene un imperio de bienes raíces valuado en
cientos de millones de dólares. Ella insiste en trabajar como barrendera (tres
kilómetros al día, con un sueldo de 480 dólares al mes). ¿El objetivo? Darle un
buen ejemplo a sus hijos: “No quiero que tengan la impresión de que conseguir
dinero de las rentas es una forma de vida”.

Dado que en el futuro es más probable que se
multipliquen los ejemplos de los “Niños súper ricos” de Instagram, es mejor
tomar cartas en el asunto…

Ed
Miliband impulsa una nueva izquierda

La redistribución de la riqueza ha resultado
fallida en muchas ocasiones, así que ahora algunos proponen hacer una predistribución.
Las propuestas de Piketty y de otros economistas de izquierda, como Paul
Krugman
o Joseph Stiglitz, no son las únicas que se esgrimen para solucionar
las cosas.

En Gran Bretaña, el líder del partido
laborista, Ed Miliband, está impulsando una nueva izquierda con nuevas
propuestas conceptuales. Proclamó la necesidad de que el mercado distribuya, no
el gobierno. ¿Cómo lograrlo? Con medidas regulatorias que aumenten los ingresos
de los menos favorecidos, desde el mismo salario que reciben, para que no tenga
que venir después el gobierno a repartir.

Esto se puede lograr, dice Miliband, estableciendo
un promedio entre los sueldos de los que más y los que menos ganan; haciendo
que los bancos tengan un tope en sus transacciones y su participación de
mercado.

Que sea ilegal ganar 30 veces más que el que
hace la limpieza, como sucede en México, puede sonar a herejía o a “comunismo”.
Somos el país más desigual de la OCDE. Estas ideas, junto con las de Piketty,
serán cada vez más discutidas en el futuro. El mundo exige tomar medidas reales
para establecer un equilibrio en la distribución de la riqueza.

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