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En busca del próximo héroe

Invertir en arte no solo multiplica el dinero: al coleccionista se le considera una persona ‘de mundo’ y de prestigio. No solo eso: gracias a él sobreviven algunas obras e incluso algunos museos.Por Alejandra Palomares Barrios, corresponsal MadridHace poco tuve la oportunidad de conocer una gran colección privada, de fama internacional: la del barón Hans […]

29-01-2014, 9:32:22 AM
En busca del próximo héroe
Inversionista

Invertir en arte no solo multiplica el dinero: al coleccionista se le considera una persona ‘de mundo’ y de prestigio. No solo eso: gracias a él sobreviven algunas obras e incluso algunos museos.Por Alejandra Palomares Barrios, corresponsal MadridHace poco tuve la oportunidad de conocer una gran colección privada, de fama internacional: la del barón Hans Heinrich von Thyssen-Bornemiza y Carmen, su última esposa. Ellos mismos impulsaron la construcción del museo que lleva su nombre en Madrid.Esta visita me llevó a plantearme una pregunta que quizá a más de un amante del arte le ha cruzado por la mente: ¿cómo formar una valiosa colección propia o cómo iniciarse en esta forma apasionante de invertir?

Todos los grandes coleccionistas comenzaron con un cuadro, un mueble o una escultura; algunos con más suerte heredaron más de una pieza y de ahí decidieron continuarla. Como sea, no fueron catálogos que se formaron de la noche a la mañana, sino que llevaron tiempo y, sobre todo, amor por una gran afición.Coleccionar arte es una manera de invertir que siempre será rentable, pues los precios de las obras difícilmente se devalúan si se saben conservar. Es un mercado que siempre va al alza, de acuerdo con el curador Carlos Aranda.Pero no solo tiene que ver con el dinero, sino también con la ostentación y prestigio que suele dar este mercado al coleccionista… sobre todo si se está bien asesorado y se busca dejar un legado que puede convertirse no solo en un patrimonio personal, sino nacional. En 1993, el Gobierno español decidió comprar la colección del barón Thyssen para convertirlo en un acervo de todos los ciudadanos.Por dónde empezar: dos escenariosUtilicemos dos supuestos de los más comunes para iniciarse en el mercado del arte como coleccionista.El primero es partir de cero; cuando se desea comprar esa primera pieza pero se desconoce cuál será y dónde buscarla. “Antes de empezar debemos definir nuestro gusto personal. No se trata de imitar a nadie o seguir una moda, sino de reflexionar qué corriente o época artística es la que mayor placer nos causa y por lo tanto nos gustaría atesorar”, comenta Aranda, quien además es catedrático de la escuela de pintura de Bellas Artes “La Esmeralda”Conocer todos los detalles del mundo artístico es esencial para adentrarnos en él. Una buena forma de hacerlo es asistir a museos, galerías de arte de todo tipo y a las distintas ferias culturales que se organizan cada año. Así, podremos tener un panorama sobre autores, corrientes, técnicas, galeristas, curadores y subastas.El segundo escenario es cuando se desea continuar una herencia. Quizá nuestro abuelo tenía algunas piezas que apreciábamos y ahora más que guardarlas en la casa, sin saber lo que valen, queremos formar una colección. “En ese caso, lo primero es conseguir asesoría de un curador o experto en arte, o hacerlo por propia cuenta, lo que implicará un tiempo de investigación –explica Aranda–. Por ejemplo, si la herencia consta de dos cuadros de algún artista famoso, lo primero es ver si esas piezas aparecen en el catálogo razonado del mismo”. Este documento es la memoria que guarda las fichas técnicas de todas las obras creadas por un artista. Normalmente se publican a manera de libros o catálogos y se albergan en museos; también en bibliotecas o en línea. Esta información  suelen ser de dominio público.Esta búsqueda se hace con el fin de comprobar la autenticidad y existencia oficial de las obras que nos heredaron. Otra forma de hacerlo es acercándose a valuadores de casas de subastas, galerías o museos, quienes determinan las características de la obra. Incluso, es importante conservar ese tipo de certificados y documentos pues son los que más adelante servirán para cotizar la obra, asegurarla, prestarla o arrendarla.Aquí es importante evitar otro riesgo al iniciarse en este tipo de inversión: los charlatanes. ¿Cómo se minimiza el riesgo? Pidiéndoles sus credenciales. Sin embargo, también debes tomar en cuenta si estás comprando una obra de arte o una firma de autor, asegura Ricardo Reyes, coleccionista y galerista mexicano. “Cuando compras una obra de arte, a veces no te interesa tanto el artista sino la obra, y así, el certificado pasa a segundo término.La valuación es distinta, ya que tiene que ver directamente con lo que pagas por ella. “Si compras una obra de un artista de renombre, lo quieres asegurarte que todo esté en regla y que la obra tenga un certificado de autenticidad”, asegura Reyes, quien tiene más de 15 años en el mundo del arte.Ardua tarea: fijar precios“No existen manuales de qué es buen arte o mal arte. Se trata de un apreciación personal. Lo que sí existen son libros didácticos sobre cómo formar colecciones y catálogos de precios para saber cómo se cotiza una obra o un artista”, explica el curador de arte, autor de famosas exposiciones nacionales e internacionales.La red ha facilitado esta tarea: ahora existen sitios de internet serios y al alcance de cualquiera, donde se pueden obtener precios, rankings, records de subastas y demás información de cotizaciones en el mercado del arte. Algunos de ellos son artindex.com, artreview.com o artprice.com, aunque también las casas de subastas manejan sus índices de precios de acuerdo con el tipo de puja que estén organizando.Contrario a lo que muchos piensan, por ley los museos no pueden comprar o vender arte, ni fijar precios; adquieren obra a través de Amigos del Museo, una figura que hace operaciones de compraventa y donaciones. Caso aparte son las colecciones donadas al Estado (muy en boga en los años 60), donde artistas y coleccionistas como Rufino Tamayo y el Dr. Carrillo Gil donaron sus colecciones al pueblo mexicano. De ellas nacieron sus respectivos museos, ahora administrados por el INBA y Conaculta.Cómo “operar” con arteEn este mercado existen varias maneras de cotizar una obra; es decir, de comprar o vender. Revisemos algunas de ellas.

  • Casas de subastas. Esta es la forma tradicional por excelencia y la más conocida. En ellas se llevan a cabo pujas que pueden ser anónimas, aunque muchas veces de lo que se trata es de ostentar riqueza, por lo que suelen ser públicas y en ellas participan gente asesorada o conocedora del mercado. Existen subastas para todos los perfiles, incluso para los que se van iniciando. Las más famosas, tanto en México como a nivel internacional, son Christie’s y Sotheby’s. También existen las organizadas por el gobierno derivadas de incautaciones, y la tendencia más reciente son las que se llevan a cabo en línea, donde algunas ocasiones se eliminan los intermediaros y es el artista quien trata con el coleccionista directamente. Las que más ruido han causado en este canal son Artnet, Heffel, SaffronArt, Paddle8, Auctionata, The Auction Room (creada por ex director de Sotheby’s), Subastas Imperio y Setdart.
  • Ferias de arte y galerías. A diferencia de los museos, las galerías de arte sí tienen un fin comercial claro y permitido. Una parte de su función, en efecto, es dar a conocer la obra de un artista, sobre todo en el mundo del arte contemporáneo, pero también es el lugar ideal para comprar obra. No suelen ser transacciones económicas, pero existen para todo público. Algunas de las más reconocidas en México son Proyectos Moncloa, Alfredo Ginocchio, Fifty24MX, Myto o Labor, entre otras.

Las ferias también son un buen sitio para iniciar colecciones. Carlos Aranda las recomienda, pues existe una gran variedad reunida en un mismo lugar con expertos y curadores capaces de asesorar a visitantes y coleccionistas, y en muchas ocasiones hasta se puede tener contacto con el artista. Normalmente en estas ferias participan las propias galerías de arte. La más famosa en México es Zona Maco (febrero de 2014), y a nivel internacional destaca Art Basel, cuya próxima edición se celebrará en junio. Otra feria internacional que desde 1996 ha procurado acercar el mercado del arte (con presencia en México) es Affordable Art Fair, que se llevó a cabo en octubre. Esta feria busca mostrar obras a precios más bajos que los que suelen darse en otros espacios de exposición, abriendo espacio para nuevos talentos y coleccionistasLas anteriores son las formas más convencionales de adquirir o vender arte, incluso si no se tiene experiencia. Otras, pensadas para coleccionistas con un catálogo medianamente formado, requieren más especialización. Aranda reflexiona: “así como el dinero llama dinero, el arte llama al arte”. Se trata de transacciones que muchas ocasiones ya se dan entre coleccionistas o instancias culturales. Las más conocidas son:

  • Comodato. Es una figura legal en la que un coleccionista presta su obra por un periodo prolongado a un museo (como la colección del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC). Esto puede resultar beneficioso para ambas partes, pues por un lado el museo se hace de un acervo poco conocido, y por el otro, el coleccionista al exhibir su obra hace que aumente su valor. “Cada que un coleccionista presta su obra para exposición, la pieza sube en el ranking de precios –asegura Aranda–. Esto va formando un registro histórico de exhibiciones de la obra valioso si en algún momento el coleccionista decidiera venderla”.
  • Fotografías y catálogos. Algunos coleccionistas prestan sus obras para ser fotografiadas y el producto de esas sesiones generan regalías. Es decir, es otra forma de exhibir la obra, sin necesariamente venderla o prestarla, que hace que cobre mayor valor y le genere cierto rendimiento al coleccionista.

Recuerda: muchos acuñadores de las colecciones privadas de arte más importantes del país comenzaron con un cuadro del abuelo y hoy son lo que son gracias a una fórmula que incluye pasión, conocimiento y paciencia. “Invertir en arte no es solo multiplicar el dinero, generar plusvalía y formar un patrimonio artístico. También se trata de comprar prestigio, pues tu nombre queda grabado en la sala de algún museo o en los anales de la historia cultural de un país”, concluye Carlos Aranda.

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