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Más pequeños que el Guggenheim

Viernes, en la noche, después de una semana de cierre en la revista y algunas tensiones de primera y última hora… llego al teatro Milán esperando que valga la pena ver una obra a las 10 de la noche. Claro que ya me la habían recomendado, pero todos conocemos los riesgos de las recomendaciones.Más pequeños […]

20-08-2014, 10:29:27 AM
Más pequeños que el Guggenheim
Inversionista

Viernes, en la noche, después de una semana de cierre en la revista y algunas tensiones de primera y última hora… llego al teatro Milán esperando que valga la pena ver una obra a las 10 de la noche. Claro que ya me la habían recomendado, pero todos conocemos los riesgos de las recomendaciones.Más pequeños que el Guggenheim, que se exhibe en su última temporada (concluye este fin de semana), te recibe de manera inesperada. El inicio nos hizo pensar a mí y a mi acompañante que, quizás, mejor debíamos habernos ido por unas copas. Pero no, el tiempo que transcurrió antes de identificarnos con la obra y los personajes es breve.Está escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, y actuada por Adrián Vázquez (Sunday), Austin Morgan (Gorka), Hamlet Ramírez (Jam) y Miguel Corral (Al).Cuatro hombres han decidido, a pesar de todos los contratiempos -edad, falta de dinero y de talento- hacer una obra de teatro. En las tablas buscan trastocar las soledades, los fracasos. Diez años antes, Gorka y Sunday se habían ido a España a descubrir un camino que se les perdió demasiado pronto.Una década más tarde, sin haberse visto desde el regreso, pretenden volver a la escena, pero el tiempo ha pasado, la vida… Los acompañan Jam, un empleado de minisuper medio tonto, y Al, un albino bizco y huérfano. Todos, de alguna manera, comparten y sueñan el sueño del actor.La experiencia fue gratificante. Disfrutamos la tragedia, disfrutamos el desdoblamiento de las personalidades de sus protagonistas y a la vez narradores, la interrelación entre los personajes, los espacios de tensión extrema y los de humor desbordante. El dolor se convierte en comedia, y la obra termina por ser más divertida que triste, con instantes que no convencen del todo y momentos cumbres en que no es necesario más que la complicidad con el actor para no poder parar de reír.(Teatro Milán: viernes, sábado y domingo, dos funciones por día)GGR

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