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Los diamantes, una de las mejores inversiones

Un diamante incrementa su valor con el paso del tiempo. No obstante, su plusvalía es a largo plazo y debemos esperar al menos 15 o 20 años para vender.

12-09-2014, 11:24:00 AM
Los diamantes, una de las mejores inversiones
María Josefa Cañal

De
todos los lujos, se dice que los diamantes son la mejor inversión: son pequeños
–y fácilmente transportables–, indudablemente bellos, muy cotizados en el
mercado global y están en peligro de extinción.

Hace unos seis años, visitó a José Dávalos Mejía una señora muy mayor
a la que su abuela había heredado un diamante de más de 7 quilates. “Me
dijo que necesitaba $300 mil dólares para salvar la hipoteca de su casa. Había
llevado la piedra a varios lugares: en México le ofrecían $150 mil dólares; en
Estados Unidos, $200 mil, asegurándole que no valía más porque tenía un ‘corte
antiguo’.

Era un diamante con muy buen color y pureza; si se volvía a tallar
quedaría impecable. Le dije que se lo compraría en $575 mil dólares. Muy
sorprendida por la noticia, decidió confiar en mí. Mandé tallar la piedra en
Amberes, Bélgica,
y quedó un hermoso diamante de 5 quilates que se vendió en una semana.
Yo gané unos pesos y la señora me amó hasta su muerte”.

Esta anécdota ilustra lo complicado que puede ser el mercado
diamantífero del mundo, accesible solo para conocedores, pues “con la
llegada de los simuladores del diamante, resulta muy difícil precisar si una
piedra es auténtica o sintética. Por tratarse de un trabajo de expertos, a
cualquier hijo de vecino lo pueden engañar en la compra”, asegura el
director general de JD Joyeros.

No todos los diamantes son brillantes

A lo largo de la historia, el diamante ha maravillado al ser humano
por su belleza y misterio. Esta piedra, un recurso natural no renovable, es el
material más duro que existe en la naturaleza. Además es autónomo, individual y
único: ninguna piedra se parece a otra. Se trata de la gema más demandada y costosa del
mundo
.

Existen cuatro elementos a tomar en cuenta para determinar la calidad
y costo de un diamante tallado, conocidas como las cuatro “Cs” (en inglés):

1. Peso (carat). Se mide en quilates, y su abreviatura es ct.
Para saber el precio de un diamante, debe multiplicarse su peso por el precio
del quilate.

2. Color (colour). Cuanto más blanco, un diamante
tallado será más bonito, escaso y valioso. El Gemological Institute
of America
(GIA)
ha establecido un sistema alfabético para poder calificar
el color de los diamantes tallados: empieza por la “D”, la más blanca
(o, mejor dicho, incolora) y finaliza en la “Z”, que indica un
creciente nivel de tonos amarillos y/o marrones. Estos son diamantes de
inferior calidad.

3.
Corte (cut). Se refiere a las proporciones del diamante, sea cual sea su
forma. Dichas proporciones son: la profundidad de su pabellón, la altura de su corona
y la uniformidad y simetría de todas sus facetas.

4.
Pureza (clarity). Esta característica determina la ausencia o presencia
de defectos, y el tamaño y número de inclusiones (marcas internas) en el
interior o en la superficie de un diamante tallado. Cuanto más puro y limpio es
un diamante tallado, más brillo y luz refleja y –en consecuencia– más escaso y
valioso resulta.

Cuestionado sobre si realmente un diamante es para siempre o el corte
puede hacer que se deprecie, Dávalos –el primer gemólogo graduado de
México
por el GIA– explica que, efectivamente, “el corte es el único de
los cuatro elementos donde interviene la mano del hombre y se ha perfeccionado,
gracias a la tecnología”. Este cambió a partir de 1916, cuando
Marcel Tolkowsky inventó el corte que se conoce como
brillante, referente a cualquier tipo de gema con un corte redondo.

El experto
añade: “En Latinoamérica cometemos el error de llamar brillantes a todos los
diamantes, de forma genérica, cuando se trata solo de un tipo de corte”. Hoy
existen, además, los llamados cortes de fantasía: corazón, esmeralda, marquesa,
gota, pera, etcétera.

Los diamantes son portátiles

Datos de DeBeers –la mayor firma mundial productora y
comercializadora de diamantes– indican que, en 1980, México era el séptimo
importador de diamantes del mundo. Hoy el país ni siquiera aparece en las
estadísticas, a pesar de que, como proveedores de diamantes al mayoreo en
México, JD Joyeros ha podido constatar que, en épocas de crisis, la gente opta
por comprar diamantes.

“Su ventaja sobre otras inversiones es que no existe
nada tan pequeño en el universo que concentre tal valor y belleza”, precisa el
experto, quien añade que además se cotizan en el mercado internacional y pueden
transportarse con facilidad.

Una persona puede llevar consigo, en una pequeña
bolsa, diamantes con un valor superior a los $100 millones de dólares, pero no
puede hacer lo mismo con un inmueble, una obra de arte o metales preciosos -como oro, platino, etcétera-,
asegura Dávalos.

Un diamante incrementa su valor con el paso del tiempo. No obstante, “su
plusvalía es a largo plazo. Si alguien pretende vender la piedra un par años
después de comprarla, seguramente va a perder dinero. Para capitalizar su
inversión, debe esperar al menos unos 15 ó 20 años.

Eso sí, en el futuro, el
diamante será un bien mucho más valioso. Se calcula que para 2050 las minas
existentes
estarán agotadas. Hoy ya empiezan a escasear, sobre todo los de más
de 2 quilates”. Por eso, Dávalos recomienda comprar, antes que nada, un
diamante principalmente
por su tamaño, claro,
sin dejar de considerar las otras tres “Cs”.

El tamaño de los diamantes es muy importante

Dávalos hace las siguientes
recomendaciones a todas aquellas personas que desean comprar un brillante:

  • Definir su presupuesto, para saber cuánto quieren gastar.
  • Elegir el diamante
    tomando en cuenta: 

1) Que sea lo más grande posible. Además de que son más difíciles de hallar, el
precio por quilate en piedras más grandes crece de manera exponencial.

2) Que
sea lo más blanca (transparente) posible.

3) Que sea lo más pura posible, con
pocos defectos (es más difícil hallar piedras blancas que piedras puras).

4)
Que tenga el mejor corte. “No caigan en el anzuelo de elegir, antes que
nada, un corte atractivo porque, a lo mejor, el día de mañana puede cambiar y
perder valor”.

  • Acudir con un joyero de
    confianza.
    Este es un negocio de
    boca en boca y por lo general, un buen joyero no se arriesga a desprestigiarse.
  • Solicitar un certificado
    de la GIA
    o emitido por un tercero
    autorizado. Para evitar engaños y dejar constancia de que la piedra de que habla el
    certificado es esa y no otra, los diamantes se están grabando con rayo láser en
    el filetín (espacio que une el pabellón y la corona) con un número de serie que
    aparece en el certificado.
  • Ojo con las ventas por
    Internet.
    “Existen tres empresas que comercializan
     diamantes por la Red: No son de fiar. Me
    ha tocado ver piedras que no son auténticas y, una vez compradas, el cliente no
    puede reclamar si estas  incumplen con
    las características que le prometieron”.
 Más información disponible sobre este tema en nuestro número impreso de septiembre.


 

 

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