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II Informe: Los cinco monopolios que EPN cimbró

En 20 meses el Presidente trastocó los intereses de los 5 monopolios que frenaban el desarrollo. Hoy la pregunta es si tendrá a los hombres para ejecutar.

02-09-2014, 9:07:59 AM
II Informe: Los cinco monopolios que EPN cimbró
Ramón Alberto Garza / Ilustraciones Eddie Macías

Cuando Enrique Peña Nieto asumió la presidencia en diciembre de 2012, las expectativas de un cambio radical en el rumbo político, económico y social de México eran escasas. Y no era un asunto de menospreciar capacidades. Los tres presidentes anteriores –Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón– buscaron ese cambio de rumbo, el gran golpe de timón.  Lo anunciaron, lo intentaron, se frustraron y,  por una u otra razón, al final no lo lograron.

Por eso cuando hoy se hace el primer corte de caja del retorno del PRI a Los Pinos, nadie puede ignorar que en menos de cuatro semestres Peña Nieto tiene en sus manos un diseño muy distinto del país al que recibió en noviembre del 2012.

Producto de pactos, de acuerdos con otros partidos, de confrontar al orden político y económico establecidos, el inquilino de Los Pinos tiene ya en su récord el haber desafiado a los cinco monopolios que de una u otra forma frenaron por décadas la evolución de México.

Al concluir el primer tercio de su administración, Peña Nieto puede presumir que creó las condiciones para trazar el diseño de un nuevo México, en un conjunto de planos que hoy solo buscan la existencia del talento político y financiero que los concrete.

Y es que lo que el presidente podría lograr al terminar su sexenio, solo podría ser comparado con el giro que en su tiempo dieron –unos para bien, otros para mal- presidentes como Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán o Carlos Salinas de Gortari.

Fueron esos los sexenios que en su momento plantearon una modificación sustantiva de los privilegios de las élites política, financiera,  sindical, mediática y de la droga en México. Con la diferencia de que las reformas Peña Nieto se vislumbran más profundas, con menos privilegios para las mismas eternas élites política y económica.

Son reformas que dejan menos intocables y mas espacios para crear oportunidades. Claro está, si la ejecución se acerca siquiera un poco al exitoso trazo de la estrategia.

Tomemos como ejemplo el primero, el monopolio político, significado en una partidocracia que tras 70 años de priismo terminó coludida en un silencioso pacto de partidos de centro, de derecha y de izquierda que garantizan los cambios necesarios para que nada cambie.

Es la partidocracia reforzada por el hecho de que, contra el derecho constitucional, ningún mexicano podía ser votado si no tenía el amparo de las siglas de alguno de los partidos políticos registrados.

Con la reforma política impulsada por Peña Nieto, consensuada con todos los partidos, emerge al fin la figura de los candidatos independientes. Ya no es necesario tener el padrinazgo de un partido. Se tiene vida electoral en libertad, en la independencia que da “la minoría de uno”. La partidocracia ya no es garantía.

No se diga en el monopolio económico, el del puñado de capitanes de empresas y financieros cuyos nombres aparecen cada año en la listas mundiales de multimillonarios. Sus intereses solían ser intocables.

Hasta que la nueva legislación anti-monopolios validó y puso en práctica el concepto de dominancia y preponderancia. Y el primer damnificado fue a quien México consideraba el primer intocable.

Carlos Slim debió aceptar su condición de dominante y anunciar que saldría a vender activos de su emporio de telecomunicaciones para eludir regulaciones y tener el derecho a jugar al crecimiento en otros sectores clave de la economía.

La preponderancia también alcanzó a otro jugador clave, Televisa, que además de verse obligada a desinvertir poco mas de un 20 por ciento de sus activos tendrá que renunciar al cómodo duopolio que hoy ejerce de la mano de TV Azteca.

La puesta en marcha de la licitación de dos nuevas cadenas de televisión abierta a nivel nacional impondrá nuevas reglas del juego para fomentar la competencia con lo que hoy opera como un duopolio mediático.

Un sector que fue creado al amparo de dos concesiones: una, Televisa, otorgada por el presidente Miguel Alemán y otra, TV Azteca, por el presidente Carlos Salinas.

Del monopolio sindical –dominado por los maestros y los petroleros- la detención y encarcelamiento de otra intocable, Elba Esther Gordillo, cimbró las estructura del  poder político nacional.

Y de paso doblegó las exigencias de un Carlos Romero Deschamps que, al margen de consumar en los próximos meses la entrega del liderazgo del sindicato petrolero, ya fue obligado a jugar desde afuera del Consejo de Administración de Pemex.

Y qué decir del monopolio de la droga. Si el viejo PRI alentó en sus años de gloria a los cárteles de Tijuana, Juárez y el Golfo, los presidentes del PAN acabaron por liberar y fortalecer a Joaquín “El Chapo” Guzmán. Y lo instalaron en la lista de los hombres mas ricos del mundo en las famosas  listas de Forbes.

La increíble captura del jefe del Cártel de Sinaloa acabó con 10 años de violencia en Estados, convertidos en campos en los que se libraban sanguinarias batallas para acabar a sus  rivales.

Eran los días en los que El Chapo buscaba sin recato consumar su dominancia absoluta en la producción, importación, exportación y venta de la droga en México. Por eso es digno de análisis el primer tercio del sexenio de Enrique Peña Nieto. Porque ya se atrevió a tocar los intereses que parecían intocables.

Los apellidos Slim, Gordillo, Romero Deschamps y Guzmán Loera, jamás volverán a ser lo mismo.

Pero para cerrar el círculo, hace falta algo más que trazos estratégicos sobre un plano muy bien concebido. Y ese algo es que exista la capacidad no solo ejecutora para reemplazar lo que frena, sino para propiciar nuevas opciones.

Y eso solo será posible si Peña Nieto puede consumar el reparto de privilegios a esas nuevas élites capaces de relanzar a México en la ruta del crecimiento y desarrollo. Un reto mas allá de lograr su inscripción con letras de oro en esas listas de multimillonarios de Forbes.

¿Crees que EPN tiene a los hombres para ejecutar sus planos con los que se edifica el
nuevo proyecto de Nación?

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