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Reality check, realidad de las reformas estructurales

Éste es el proceso en el que las expectativas toman dimensión real y las promesas se convierten en hechos, o no.

07-08-2014, 12:18:15 PM
Reality check, realidad de las reformas estructurales
Pedro Alonso Angulo

“La creación de expectativas es un negocio riesgoso. En el reality check, las expectativas toman dimensión real y las promesas se convierten en hechos, o no”. 

Cuando mi hijo Pedro estudiaba los primeros semestres de Ingeniería Civil, en 1990, y tenía que hacer una tarea de economía, sostuvimos el siguiente diálogo:

Él: ¿Oye papá, sabes qué son las reformas estructurales?

Yo: Creo que tú lo sabes mejor que yo, pues estudias ingeniería. ¿Si te pido que cambies la estructura de nuestra casa, qué tenemos qué hacer?

Él: Tirar la casa y luego volver a construirla de acuerdo con un nuevo diseño. Si no, ¿para qué tirarla?

Yo: ¿Y al final, va a ser mejor la nueva casa?

Él: Pues depende del diseño, los materiales, la tecnología que se use y lo que se pueda aprovechar de la original, siempre que todos estemos de acuerdo con la idea y el diseño.

Yo: ¿Qué más tendríamos que considerar; qué crees que pase?

Él: Pues nos vamos a meter en una broncota. Va a costar un montón de dinero, a tomar tiempo, vamos a tener que vivir en otro lado mientras tanto y, cuando se termine, alguien va a decir que no se puso una ventana en tal o cual pared, o que la puerta que da a la calle es demasiado grande o falta un cuartito que podía estar en donde estaba aquella terraza que era tan linda o…lo que sea.

Eso son las reformas estructurales. Mi hijo, que hoy vive y construye en Dubái, sí lo tenía claro. 

La anécdota anterior ocurrió en 1990; el asunto de las reformas no es algo nuevo, lo que significa que tú, como yo, has escuchado sobre los rezagos de México como obstáculos para detonar nuestro potencial.

Si la explicación de mi hijo respecto de lo que significa un cambio de estructura es correcta, entonces se puede entender por qué han tomado tanto tiempo en llevarse a cabo (incluyendo el último tramo en estos meses de 2014 y lo que queda por delante): es difícil admitir los costos sin tener garantías del resultado, cuando siempre hay quien esté en desacuerdo. 

Durante 2013, y producto de un hábil proceso de negociación política, se aprobaron cambios constitucionales para reformar áreas de la vida nacional: energía, telecomunicaciones, educación, relaciones laborales, sector financiero

Como parte de la negociación, y para posicionar la imagen del nuevo gobierno, se tuvo una frenética actividad mediática: una campaña de publicidad (más bien mala) para crearles “buen ambiente” a las reformas (a la de energía particularmente). Se impulsaron esfuerzos de imagen a fin de darle al presidente la connotación de “líder transformador”, y al país la de “el lugar de las oportunidades” dentro del “Mexican Moment”.

Pero se les pasó la mano sobrevendieron el “producto”. Calcularon mal la dimensión de las consecuencias, los costos de las reformas, los “entregables” y lo que proporcionaría el medio ambiente, que siempre importa, pero no es del todo controlable ni ofrece los resultados que se espera.

Así, vimos cambiar la postura del Gobierno desde el festejo del “MeMo” al “No estamos en recesión”.

Sí, la creación de expectativas es un negocio riesgoso. Tiene como único referente la realidad, que es lo que es, más allá de cómo se le quiera interpretar. De tal modo, lo que hoy estamos viviendo es un reality check. Es el proceso en el que las expectativas toman dimensión real y las promesas se convierten en hechos, o no.

Así, se pasa de un ambiente de negociación a otro de legislación y después a uno de instrumentación. Por las características de las reformas estructurales y por la forma en que hacemos las cosas en México, los cambios constitucionales no bastan para que funcione.

Se necesitan las legislaciones secundarias. Una vez listas, se pasará al nivel de la cancha, con todo lo que implica: la instrumentación real y práctica de lo que la legislación tendrá que operar.

Esta columna la escribo en el primer tercio de junio, a punto de iniciar el Mundial de Fut, que ha sido explotado para aplazar las legislaciones secundarias con un objetivo muy claro por parte de los partidos de oposición (PAN y PRD): perder tiempo. Así, la fase de instrumentación real estaría más cerca de las elecciones de 2015 y el PRI perderá credibilidad. 

Es posible que dentro de varios años –si todo sale bien– con el riesgo inherente, México sea una mejor economía en el más amplio sentido del término. Lo será, más allá de las reformas estructurales, si logramos hacer un esfuerzo fructífero para abatir la inequidad que nos aqueja. Conseguirlo no solo es cosa de legislación, sino de voluntad política. 

Tampoco incumbe nada más al Gobierno y los partidos políticos, que hasta ahora han demostrado ser incapaces de avanzar de manera seria y eficaz en este campo, por las razones que sea. La lista es larga, ustedes la conocen y yo ya no tengo mucho espacio. Tiene que ver con todos.

Por lo pronto, queda claro que el tema de las reformas estructurales requiere algo más que negociaciones políticas, legislación y, por supuesto, campañas mediáticas

Demanda más que esos discursos que hemos escuchado desde hace décadas y que cuando mi hijo Pedro era estudiante de ingeniería, y tenía que hacer sus tarea de economía, ya habían sido pronunciados. Son viejísimos e inútiles.

No permitamos que nos traten igual que hace 10, 20, 30 o 50 años atrás. Mucho han cambiado, con el paso del tiempo, el mundo y México. Pero no es suficiente. Quizá la insuficiencia está en la escasa participación de la ciudadanía en los procesos de cambio. Metan mano.

No se vale decir: “No sé cómo llegamos a dónde estamos”, “yo no sabía, no me di cuenta”, “venía dormido en el asiento trasero del automóvil”. Es hora de tomar el volante y poner los pies en el acelerador sin descuidar el freno. Suerte.

El diablo trabaja en los detalles

Las regulaciones secundarias son lo más complicado: definen dónde, cuándo y cuánto se afectan los intereses. Como suele decirse: “El diablo trabaja en los detalles”, y ahí estamos y estaremos por algún tiempo. 

Este es también el período donde se gestan los ganadores y perdedores de las reformas estructurales. Es parte de la “sobreventa”, pues las campañas decían que todos ganaríamos algo y las cosas cambiarían para mejorar.

Les faltó decir que la eventual mejoría toma tiempo, y en una primera etapa más de uno sale perjudicado, así ha sido siempre, contradiciendo aquel pasaje de la canción que dice: “Como México no hay dos”. Hay como cincuenta. O quizá debería escribir: “sin cuenta”.

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