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El ‘Maracanazo’, una lección de estrategia directiva

Cuando todo parecía ganado y el terreno del festejo estaba listo para Brasil, la historia cambió en un instante. Hoy, nadie quiere dar un ‘Maracanazo’.

12-06-2014, 10:46:46 AM
El ‘Maracanazo’, una lección de estrategia directiva
Edgar Apanco

La terminación “azo” (aço en portugués) puede tener tres significados: un valor aumentativo (carrazo, golazo), uno despectivo (brochazo) y uno más coloquial, relacionado con un golpe: costalazo, bastonazo, almohadazo… y maracanazo.

Eran las 16:45 horas del 16 de julio de 1950. El Estadio Maracaná, en Río de Janeiro, estaba a tope: 173,850 aficionados al futbol, una cifra sin precedentes, y que nunca más se repetiría.

Todo estaba listo para el festejo: 500,000 playeras con la inscripción “Brasil Campeão 1950”. Centenares de carrozas decoradas al pie del Corcovado y el Pan de Azúcar, dispuestas para el carnaval.

Los periódicos ya tenían sus titulares del 17 de julio. Acuñados en monedas conmemorativas, los nombres de Augusto, Barbosa, Zizinho y el resto de los seleccionados. El mismo Maracaná –recién inaugurado– desplegaría dos pancartas con la leyenda: “Homenaje a los Campeones del Mundo”.

Brasil y Uruguay estaban empatados, marcador que bastaba a los locales para ganar. Pero justo cuando Rimet caminaba por los túneles del estadio, de vuelta al campo, los gritos de euforia cesaron.

Eran las 16:45 horas y Alcides Edgardo Ghiggia anotaba el segundo tanto para Uruguay. El Maracanazo se convertía en la peor derrota deportiva de Brasil. No hubo playeras, carrozas ni carnaval. Tampoco himno o discurso para el ganador.

¿Qué si hubo? Aprendizaje. Brasil no volvió a festejar una victoria antes de tiempo. La revancha llegaría pronto: en Suecia 1958 obtuvo su primer título –remontando en el marcador ante los locales– y a este seguirían los de 1962, 1970, 1994 y 2002.

Hoy nadie quiere dar un maracanazo, ni en el deporte ni en el ámbito de los negocios. ¿Se puede evitar? Sí, el secreto está en no excederse en confianza ante el enemigo, quien puede sorprendernos y derrotarnos, aun teniendo todo en contra.

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