ActualidadHistorias

Venezuela: Estudiantes, atrincherados en la Universidad

La Guardia Nacional ocupó la plaza Altamira tomada por la oposición desde hace un mes, mientras que en la ciudad universitaria Mérida siguen las protestas.

18-03-2014, 11:09:23 AM
Venezuela: Estudiantes, atrincherados en la Universidad
Reuters


Un estudiante de ingeniería armado con
una honda comanda una barricada. Un PhD en biología organiza a los
residentes de un barrio sublevado. Una economista jubilada reza por los
jóvenes encapuchados que vigilan su edificio.

Bienvenidos a Mérida, una pequeña ciudad universitaria del
oeste de Venezuela donde estudiantes y profesores llevan más de un mes
alzados contra el presidente socialista Nicolás Maduro.

Hartos de la escasez de alimentos y los índices de violencia de
una zona de guerra
, los residentes de esta ciudad a los pies de los
Andes se parapetaron tras barricadas hechas con muebles, vallas, árboles
y hasta señales de tráfico.

“Esto es una olla de presión y por algún lugar tenía que
reventar”, dice “El Rojo”, un profesor de biología en la Universidad de
Los Andes que lleva una camiseta de Hard Rock Café y el pelo recogido en
una coleta.

Los vecinos de Humboldt, un barrio de clase media en el sur de
Mérida, bloquearon los accesos con planchas de metal sacadas de una
obra. Un muñeco de trapo con la camiseta roja de los seguidores del
gobierno cuelga de un semáforo.

“Decidimos cerrar por la inseguridad“, explica el profesor de
40 años, que como decenas de personas entrevistas en las barricadas usa
un seudónimo por temor a represalias. “Estamos absolutamente
organizados. Tenemos sistemas de alarma, médicos, farmacia, vigilancia
las 24 horas del día”.

Maduro dijo el domingo que “liberaría” focos de resistencia
como el de Humboldt, en un intento por sofocar de una vez y por todas
las protestas que han dejado 29 muertos. El presidente acusa a la
oposición de sembrar el caos para provocar un golpe como el que sufrió
en el 2002 su mentor, el fallecido Hugo Chávez.

Pero en las barricadas de Mérida dicen que reciben órdenes de nadie.

“Aquí no está metido ningún partido político”, dice “Abreu”, un
estudiante de ingeniería de 22 años encapuchado al frente de una
barricada en Los Sauzales, una urbanización un poco más al norte. “Esto
es resistencia civil. Es el pueblo cansado de hacer cola para comprar
papel higiénico
, cansado de que lo roben”.

“Estamos en guerra”

El detonante de las protestas más violentas de la última década
fue el intento de violación de una estudiante en San Cristóbal, una
ciudad al suroeste de Mérida.

Las manifestaciones se propagaron rápidamente al resto del país, ahondando la polarización en la nación de la OPEP.

Y con más de 60.000 estudiantes de la Universidad de Los Andes,
o una cuarta parte de su población, esta ciudad a una hora de vuelo de
Caracas se convirtió en uno de los mayores focos de las protestas.

Algunas de las mayores batallas entre vecinos y militares se
libraron en la avenida Cardenal Quintero, en el extremo nordeste de la
ciudad.

Aquí los residentes no sólo levantaron barricadas, sino que
atravesaron también alambres de púas a lo ancho de la calle para
protegerse de los motociclistas armados que, dicen, el gobierno usa como
tropa de choque.

Un joven custodia la entrada de un complejo de edificios con un
rudimentario mortero fabricado con un tubo de metal del que asoma un
petardo casero envuelto en papel de fotocopia. Junto a él hay varios
cubos llenos de piedras, por si acaso.

En el estacionamiento del edificio una docena de muchachos
comen papas asadas sentados en el piso. Desconfiado, un joven de barba y
torso descubierto googlea el nombre del reportero en su teléfono
celular.

“Estamos en guerra”, explica “El Arabe”, un estudiante de 23
años, mostrando la espalda llena de cicatrices causadas, dice, por los
perdigones disparados por la Guardia Nacional durante un reciente
asalto.

“Aquí está pasando lo mismo que en Ucrania, donde el pueblo se
hartó del presidente
“, añadió, aludiendo a las protestas que llevaron a
la destitución en febrero de Viktor Yanukovich.

En Venezuela, sin embargo, nada indica hasta el momento que Maduro pueda correr la misma suerte.

Unos metros más allá una decena de mujeres reza sentadas en la
acera. Son profesoras que cocinan para el “Arabe” y el resto de los
muchachos que vigilan la entrada del edificio.

“Si nos quitan la barricada, las volveremos a poner”, dice Belkis, una economista jubilada. “Vamos hasta el final”.




 

Acusan de intervención de extranjeros


El gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami, dijo el
lunes que las fuerzas de seguridad capturaron a un ciudadano de origen
chino nacionalizado venezolano, Cheng Kwan, cerca de donde fue asesinado
el capitán de la GNB, portando una pistola y un “arsenal” de
municiones
.


“Se trata de mercenarios que están a la orden de un golpe de
Estado
y que han asesinado a un capitán de la Guardia Nacional
Bolivariana
. Ahí está otra evidencia más”, dijo el oficialista El
Aissami, mostrando las armas.


En el pasado, el Gobierno ha denunciado la incursión de
mercenarios extranjeros
para planear un magnicidio en el país, pero no
ha mostrado pruebas concluyentes.


Maracay estaba en calma, dijo el Gobierno.


No obstante, en El Táchira, en el oeste del país, los
manifestantes volvieron a colocar barricadas removidas por la Guardia
Nacional
y seguían, firmes, en su protesta.

Mientras, en Puerto Ordaz, en el sur del país, testigos de
Reuters reportaron enfrentamientos entre la policía antimotines y
cientos de estudiantes.

Los manifestantes quemaron al menos dos vehículos oficiales, confirmaron las autoridades.

Tarde el lunes, el Tribunal Supremo de Justicia extendió a los
municipios Chacao, Maracaibo, San Cristóbal y Lecherías -todos con
alcaldes opositores- una medida que obliga a las autoridades a levantar
las “guarimbas” o barricadas con las que se atrincheran los
manifestantes, dijo un portavoz.

El máximo tribunal sancionó una medida similar para otros dos municipios del este de Caracas la semana pasada.

El Tribunal también convocó a Vicencio Scarano, alcalde del
municipio San Diego
, en el estado central de Carabobo, para que explique
“el presunto incumplimiento” de la decisión previa de la corte de
evitar la colocación de obstáculos en las vías.

Militares controlan feudo opositor

Maduro despachó el domingo a la Guardia Nacional a despejar una
plaza del este de Caracas transformada desde hace un mes en un bastión
de la oposición, en un intento por sofocar los focos de protesta.

La Plaza Altamira, en un barrio rico gobernado por la oposición, amaneció el lunes ocupada por unos 600 militares.

Los transeúntes que pasaron temprano por el lugar fueron
revisados exhaustivamente por militares
y obligados a abrir sus bolsos y
mochilas. Poco a poco los comercios cercanos a la plaza, sitiada por
más de un mes, volvían a la normalidad.

“Se puede manifestar pacíficamente, pero no estamos de acuerdo
con que destruyan las cosas“, dijo Cenaida Pavón, una secretaria de 40
años que esperaba un autobús en la plaza.

Pero la oposición respondió a la ocupación de la Plaza Altamira
asegurando que permanecerá en las calles y, como muestra, convocó a una
marcha el martes para pedir la liberación del líder opositor Leopoldo
López
, quien azuzó las protestas.

Cientos de opositores volvieron a llenar la plaza y su calles
cercanas
de manera pacífica en la tarde del lunes, con pitos y
pancartas, mientras los militares resguardaban de cerca el lugar.

“Podrán militarizar Venezuela, pero jamás tendrán la cantidad
suficiente de efectivos para apresar la conciencia del pueblo”, dijo
Freddy Guevara, miembro del partido de López.
 

 

 


Maduro ha culpado a la oposición de querer sembrar el caos para
luego desbancarlo, siguiendo el libreto de un golpe de Estado que alejó
brevemente del poder a Chávez en el 2002.


Algunos líderes de la oposición han intentado desmarcarse de
las protestas violentas y dicen que su meta es sacar a Maduro, pero
mediante un referéndum revocatorio que la Constitución permitirá en el
2016.

 

 


Relacionadas

Comentarios