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¿Por qué emocionan tanto las ofertas públicas?

Las IPOs son eventos financieros que levantan mucha expectativa. Pero entender qué son y para qué se hacen puede dar más pistas de si convienen o no.

27-02-2014, 3:48:15 PM
¿Por qué emocionan tanto las ofertas públicas?
Alejandra Palomares Barrios

Seguramente habrás escuchado hablar del momento en que las empresas salen a Bolsa, y de las famosas campanadas en Wall Street. Siempre que una compañía realiza una oferta pública inicial (OPI) de acciones hay cierta emoción de por medio, pues es como si se estrenara la última gran película de ciencia ficción. A veces, uno sale del cine satisfecho y conversando con los demás de lo mucho que la ha disfrutado y otras, simplemente uno quiere llegar a casa y olvidar el asunto. Lo mismo sucede con las llamadas OPIs.

Hablemos un poco más de en qué consisten estos eventos financieros y por qué causan esas reacciones, en ocasiones, meramente emocionales más que racionales.

Primera llamada

Las ofertas públicas iniciales (IPOs, por sus siglas en inglés) son transacciones financieras en las que compañías ponen a la venta una parte de sus acciones en el mercado primario. Es decir, es una operación que se da en el mercado de valores entre la empresa y los accionistas directamente.

Esta operación financiera también implica que a partir de ese momento la empresa se convierte en un organismo público, que debe rendir cuentas a quienes confiaron su dinero en ella.

Las IPOs son comunes en empresas medianas que pretenden expandirse, y para las que los créditos bancarios, la emisión de deuda o la inyección de capitales privados ya no le es suficiente.

Por eso, en operaciones de este tipo quienes realmente ganan son los accionistas privados que confiaron previamente en la empresa, antes de que se hiciera pública, y la compañía en sí misma, que es la que recauda el dinero derivado de esa primera emisión de acciones.

Es verdad que también se abre la posibilidad de ganancias para aquel público que compra acciones de la empresa en cuestión, pero en realidad se trata de una operación de compra de acciones que no rendirá frutos hasta que se vuelvan a vender; esta vez en un mercado secundario entre accionistas, sin que la empresa emisora sea vea inmiscuida.

¿Quién determina el precio?

Probablemente, ésta es la tarea más emocionante y esencial de una IPO, porque del precio depende la cantidad de dinero que recaudará el emisor y la cantidad que pagará un inversionista por una acción de la compañía en cuestión.

Unos días antes de su salida a bolsa, y después de haber cumplido con los requisitos que la ley exige para esos efectos, las compañías hacen simulaciones y encuestas entre un público cerrado para saber con la mayor certeza posible cuál es el valor que el mercado le da a la empresa.

Por supuesto que una de las herramientas más útiles para este propósito son los estados financieros de la compañía, pues son ellos los que pueden respaldar el éxito hasta ahora obtenido, pero también influye la “temperatura” del mercado; es decir, si existe mucho interés en la operación.

María del Pilar Rodríguez, autora de Factores determinantes en las OPI, de la Universidad de Nuevo León, señala que “para valorar una empresa es necesario emitir una opinión subjetiva que puede o no estar suficientemente fundamentada.

“Además, es necesario el conocimiento de la realidad económica del negocio, utilizar supuestos razonables de cuantificación y, por último, la valoración realizada debe contrastarse con la realidad. Una valoración correcta debe estar técnicamente fundamentada en supuestos razonables o concretos, considerando la perspectiva subjetiva adoptada”, apunta la especialista.

Entonces, una vez hecho ese análisis de la realidad, la empresa emisora determina el precio de salida de sus acciones, y es hasta ese momento que se puede medir qué tan errada o no fue la estrategia.

Si el precio de la acción está por debajo de lo que se esperaba, probablemente, aunque pueda existir un interés mayor por parte del público, la empresa habrá captado menos dinero de lo que pudo haber logrado.

Sin embargo, si sucede el fenómeno opuesto –esto es, que el precio de la acción sea demasiado alto– se corre el riesgo de ahuyentar al mercado y aun así no recaudar lo que se esperaba.

Un ejemplo claro fue lo que ocurrió en la salida de Facebook a bolsa. Como recordarás, el día que la empresa puntocom se estrenó en el mercado de valores, sus acciones se fijaron en 42 dólares, cerrando ese mismo día en 38. Pero después vino una caída sustanciosa, por las dudas que despertó la compañía al estar sobrevalorada, y le costó 14 meses volver a su precio de salida, y solo por un periodo corto.

Es decir, quienes realmente ganaron con la IPO fueron los accionistas originales de Facebook, y no fue sino hasta 14 meses después que algunos de los inversionistas comunes empezaron a observar alguna ganancia representativa.

¿Fue o no una mala idea invertir en Facebook cuando realizó su IPO? La respuesta depende de los objetivos que cada uno se haya trazado, si la estrategia era a corto plazo, probablemente no, pero si era al largo todavía puede que haya significado una oportunidad.

Fuente: Factores determinantes en las OPI de María del Pilar Rodríguez, UANL.

Emoción bajo control

Sin duda, una oferta pública inicial siempre será emocionante para los inversionistas y para los dueños de empresa, y también es cierto que siempre resulta interesante estar pendientes de ellas para analizar sus consecuencias y qué tanto nos puede beneficiar al portafolio que tenemos o queremos formar.

Pero una decisión de inversión debe ser tomada con la cabeza fría, no siguiendo modas ni rumores, sino con una estrategia sólida que nos permita soportar las subidas y bajadas.

En otra ocasión hablaremos de esa psicología del inversionista que muchas veces puede ser la mejor aliada o la peor enemiga. Mientras tanto, veamos que sucede con las IPOs que ya suenan en el mar financiero, por ejemplo, la de Spotify, entre muchas más.

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