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Materias primas tendrán época de abundancia

La producción de materias primas clave, desde el cobre hasta el petróleo, experimenta un constante incremento.

16-01-2014, 9:18:07 AM
Materias primas tendrán época de abundancia
Ole S. Hansen, analista Senior de Materias Primas de Saxo Bank

Inicia 2014 con el antecedente de tres años consecutivos en los que las materias primas arrojaron un rendimiento relativo menor que los mercados de renta variable.

El índice de materias primas Dow Jones-UBS, el que refleja el comportamiento de una amplia cartera de materias primas, y que además representa una cifra superior a 70 mil millones de dólares, ofreció una rentabilidad negativa en todos los ejercicios desde 2011, y con mayor fuerza en 2013.

El importante repunte que experimentaron los precios de las materias primas desde la crisis financiera de 2008 puede ser utilizado para explicar la debilidad actual, ya que una vez más se presencia el fenómeno que se explica con la frase: “precios altos son el mejor remedio para precios altos”.

Aumentos en la producción

La producción de materias primas clave, desde el cobre hasta el petróleo, experimenta un constante incremento ya que la subida de precios ha hecho viable, desde una perspectiva económica, excavar más profundo y utilizar técnicas de producción más caras.

Al mismo tiempo, el aumento de la demanda se ha estabilizado ya que las tasas de crecimiento económico en naciones emergentes, incluyendo a China, han pasado a ser de sólo un dígito.

La previsión a corto plazo de mayor crecimiento, sumado a un incremento en la demanda de China, sigue encontrando limitantes después de que el gobierno se embarcara en la tarea de migrar el crecimiento del país desde la inversión, hacia una economía eminentemente de consumo.

Por su parte, otros factores concretos que tuvieron un impacto negativo sobre los metales preciosos fueron la recuperación estadounidense y la sensación de que se han reducido considerablemente los riesgos.

Una mejora en las previsiones de crecimiento en Estados Unidos llevó a la Reserva Federal a anunciar en diciembre el comienzo del tapering, o la retirada de las medidas de relajación cuantitativa. Al empezar 2014, los mercados financieros tendrán que adaptarse a esta nueva situación, tras disfrutar durante cuatro años de una excesiva liquidez.

En nuestra opinión, 2014 no será un año fácil para las materias primas. Existe incluso la posibilidad de que los precios continúen cediendo terreno.

Por ejemplo, los metales industriales dependerán del crecimiento para ver estimulada su demanda ya que, de otro modo, ante la disponibilidad de altos niveles de suministro, existe el riesgo de que los precios se mantengan bajos.

Por su parte, los metales preciosos seguirán adaptándose a un mundo en el que la demanda física busca compensar el menor interés por parte de los inversionistas institucionales.

Este escenario dependerá en gran medida de las expectativas que apuntan a que los diferenciales de los bonos se incrementarán mientras que la inflación sería controlada.

Asimismo, destaca la perspectiva que 2014 podría ser el ejercicio del dólar. De cumplirse esta expectativa, aumentaría la posibilidad de debilitamiento para las materias primas y, en especial, los metales preciosos.

Los precios récord de 2012 para las materias agrícolas clave, como el trigo, maíz y soja, provocaron una respuesta masiva de los agricultores de todo el mundo en 2013.

Esta excesiva tendencia a plantar, junto con unas condiciones óptimas de cultivo, derivaron en niveles de producción casi históricos, lo que significó que los precios hayan sucumbido ante las fuertes ventas.

Comenzó 2014 con los inventarios globales en niveles máximos. En este escenario, es plausible pensar que el riesgo de crisis alimentaria ya solo es un recuerdo lejano.

A medida que se acerque la próxima temporada de siembra, los precios dependerán del volumen de la demanda para las exportaciones de cultivos estadounidenses, así como de las perspectivas para las cosechas del hemisferio sur.

La OPEP se enfrenta a un año desafiante

El sector energético tendrá que lidiar con la posibilidad de que el incremento de la oferta de crudo global sea superior a la demanda, hecho que sería el primero registrado en la historia reciente.

El cambio se llevaría a cabo también por medio del aumento continuado de la producción en países ajenos a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), como Canadá, Estados Unidos, Kazajstán y Brasil. En este escenario, la OPEP podría verse afectada por esta perspectiva, ya que cabe la posibilidad de que finalmente tenga que decidir recortar su producción con el fin de mantener la estabilidad y un precio por barril sobre los 100 dólares.

Por otro lado, el esperado regreso a los mercados de petróleo libio, junto con la posible vuelta del crudo iraní si se levantan las sanciones, supondría que los consumidores contasen con más de dos millones de barriles extra diarios.

Además, el aumento previsto de más de un millón de barriles diarios por parte de los países no miembros de la OPEP conlleva una posible caída de precios bajo las previsiones, esto en caso de que el aumento de la oferta no vaya acompañado por reducciones en la producción.

La OPEP, responsable de casi un 40% de la producción global de petróleo, podría encontrarse un desafiante 2014, ya que tendrá que lidiar con la perspectiva de una oferta global mayor a la demanda por primera vez en años, y asimismo, con un importante aumento de la producción de los países ajenos a la organización petrolera.

Todo ello supondrá cada vez una mayor presión para la OPEP y para su capacidad al momento de controlar los precios en el futuro.

Por otra parte, Irán afirmó expresamente que, de levantarse las sanciones que pesan sobre sus exportaciones de crudo, situaría su objetivo en una producción diaria de cuatro millones de barriles. De manera similar, Irak manifestó una intención.

De prosperar la idea de ambos países, otros miembros tendrían que reducir su producción en dos millones de barriles al día para garantizar la estabilidad de los precios.

Queda por ver si ambas naciones logran cumplir sus objetivos, aunque todo apunta a una lucha constante por el poder en el seno de la OPEP.

Arabia Saudita concentra gran parte de la atención, como por ejemplo por su capacidad para dirigir el cartel, sin complicar la estabilización del precio del crudo. En definitiva, se prevé que la necesidad de petróleo procedente de la OPEP disminuya ante el aumento de la producción en otros países.

Nuestras previsiones apuntan a que el precio medio del referencial del Mar del Norte, Brent, en 2014 fluctuará a la baja hacia los 105 dólares por barril.

Aunque se comenta un aumento en la oferta, diversos acontecimientos recientes muestran cómo el riesgo en la cotización se inclina al alza ante sucesos geopolíticos o interrupciones en el suministro.

Partiendo de esta premisa, se considera que el riesgo de caer bajo los 100 dólares es limitado y se estima que los precios de dos dígitos suponen oportunidades de compra estratégica.

Aunque se prevé que, por lo general, los principales mercados de crudo fluctúen en rangos estables, la debilidad del Brent, derivada de una mayor oferta, podría beneficiar a aquellos que operan en corto respecto del barril WTI.

Se espera que en adelante disminuya la prima sobre el referencial WTI, ya que gracias a la mejoría de las infraestructuras de transporte en Estados Unidos, las refinerías costeras podrán contar con más crudo estadounidense.

Metales preciosos

El oro, bajo observación de los inversionistas, ha perdido atractivo estrepitosamente desde 2013, lo que derivó en las primeras pérdidas anuales en 13 años. La corrección desde el máximo de septiembre de 2011 se sitúa cerca del 40%.

Por su parte, la plata, que alcanzó niveles máximos a principios de 2011, experimentó desde entonces una importante corrección de 63% y cerró como una de las materias primas con peor rendimiento del año pasado.

En este punto de análisis, la compra de metales preciosos requiere una gran dosis de temple, paciencia y grandes cantidades de dinero, esto porque son variados los factores fundamentales negativos que limitarían la recuperación.

A medida que avance el 2014, el metal dorado seguirá enfrentándose a riesgos bajistas. Toda la atención seguirá centrada en el tapering y en el incremento de diferenciales reales en una economía con menos riesgos rezagados.

Ante este contexto, se mantendrá la constante batalla entre la importante demanda física por parte de los inversionistas minoristas y los bancos centrales, y el debilitamiento de la demanda por parte de la comunidad de inversionistas.

Es importante estar atentos a los flujos de fondos cotizados en bolsa, con vistas a detectar cualquier cambio en el sentimiento del mercado. Asimismo, es relevante seguir la pista a los flujos de los futuros y opciones que dependen de los fondos de cobertura.

Las tenencias en productos cotizados cedieron en 2013 en mayor medida de lo que subieron en los tres años anteriores.

Por tanto, se podría afirmar que ya se observa una reducción considerable y, a la vista de su magnitud, puede argumentarse que aquellos que optaron por dejar el metal a un lado ya lo hicieron, con lo que las perspectivas para el oro serían mejores.

Por último, nuestra perspectiva para el primer trimestre oscila entre neutral y bajista, ya que el tapering seguirá alimentando el sesgo negativo y contribuirá a que los que operan en función del momento mantengan su posicionamiento negativo.

No obstante, hacia finales de año, las perspectivas del oro, apuntan hacia un moderado optimismo. Parece que ya se han tomado en cuenta muchos de los actuales factores y cualquier cambio sorpresivo en las perspectivas podría desencadenar cierta demanda, hasta ahora contenida, que en última instancia forzaría a los que operan según el momento a replegarse y reducir su exposición corta neta.

En definitiva, para el primer trimestre, se situaría la media al oro en los 1,225 dólares por onza, con un sesgo a la baja. Una ruptura del mínimo de 2013 en los 1,180.50 dólares, apuntaría a un posible movimiento hasta los 1,088 dólares, lo que marcaría un repliegue del 50% en el repunte desde los 254 dólares por onza registrados en 2001.

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