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EPN, un año para arreglar el tablero. ¿Funcionará?

Mal que bien, la actual administración ha obtenido todas las reformas que pidió. Ahora deberá probar que funcionan o el PRI sufrirá un revés en 2015.

02-12-2013, 9:09:44 AM
EPN, un año para arreglar el tablero. ¿Funcionará?
Jorge A. Monjarás

El presidente Enrique Peña Nieto tendrá poco más de un año para demostrar que puede dar resultados con su proyecto. Después de ello, entraremos en el proceso de las elecciones intermedias. Si para entonces no lo queda claro a una buena parte de la población que todo lo realizado este primer año en el papel vale la pena en la realidad, el PRI sufrirá un revés en 2015.

Ese año se disputará no sólo una nueva Cámara de Diputados (con o sin reelección, eso ya lo sabremos pronto), sino también las gubernaturas de Colima, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Querétaro y los congresos locales y alcaldías de Campeche, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Tabasco, Morelos, Jalisco e Hidalgo. En el DF serán también electos los delegados y la Asamblea de Representantes, o como se les llame entonces, ya que no queda claro si esta reforma política traerá cambios para el gobierno de la capital.

Este año pareció haber sido un gran tiempo fuera, en donde el gobierno federal detuvo hasta la economía y se dedicó a contener a todos los sectores y facciones de la población mientras arreglaba el tablero para ajustarlo a su propio proyecto político y económico.

El enfoque en las reformas laboral, educativa, en telecomunicaciones, fiscal, financiera, política y energética ha sido total, casi obsesivo. Para ellas se construyó y se mantuvo a marchas forzadas el gran logro del año: el Pacto por México, un vehículo que, como lo dijimos aquí hace meses, tenía que morir al momento de llegar a la reforma energética. El PRD simplemente no iba a poder transigir en nada al respecto.

En el camino de este año de reformas quedaron, como daños colaterales, el liderazgo del SNTE, la rebelión de la CNTE y dos meses perdidos en educación en por lo menos Oaxaca y Chiapas; el estado de guerra en Michoacán e infinitas dudas sobre la estrategia de seguridad.

Los daños en lo económico: dos puntos y medio del PIB, la industria de la construcción entera, pero con énfasis en la vivienda, la Cofetel, la Cofeco, el descontento de los empresarios de gran tamaño por aquello de la consolidación fiscal, el de los pequeños comerciantes por los cambios en el Régimen para Pequeños Contribuyentes, el de los contribuyentes en general por las restricciones en deducciones y por el endurecimiento de la fiscalización; la preocupación de la banca por la idea de que alguien “calificará” su aportación al desarrollo económico, whatever that means, y la crítica sobre un apego demasiado rápido a las normas de Basilea III.

Los descontentos que vienen por la reforma política que resulte se conocerán pronto y los opuestos a la apertura energética siempre han estado aquí. Esto, para no hablar de los que siempre han desechado todo lo relacionado con el PRI y con Peña Nieto. A ello tal vez haya que agregar las agrupaciones defensoras de deudores de la banca, dependiendo de cómo comiencen las operaciones de cobranza.

Esta determinación por completar el bosquejo, el plan entero nos lleva a pensar que en días próximos veremos la Reforma Energética contra viento y marea, cercos al Senado o cualquier otra acción por parte de la izquierda. De hecho, la otra razón por la que creemos que esto sucederá es porque la última reforma es también una piedra angular del modelo económico que plantea este gobierno. Sin ella los números nada más no cuadran.

El año de acomodar el tablero está por terminar

El capital político se gastó a manos llenas, la popularidad del presidente, dicen las encuestas recientes, ha bajado apenas a niveles de 50 por ciento y falta el sanquintín de la energética. Lo que sigue para la administración es probar que todo esto tiene sentido, que el nuevo modelo de México es funcional y significativamente mejor. Habrá que echarlo a andar todo, incluyendo a la economía, sobre todo a ésta.

Es posible también que en 2014, el segundo año de Peña Nieto, veamos menos contención y más ofensiva en relación con los graves problemas desatados este año, empezando por Michoacán, pero incluyendo a los maestros de la CNTE, cuya imagen ha quedado completamente desgastada.

Es posible que por diversas razones el crecimiento del PIB alcance niveles superiores a 3%, es probable que se generen más de los 700,000 empleos formales que, al parecer se crearon este 2013. Es muy probable que se incremente el crédito bancario, si bien lo hará poco a poco, en la medida que se prueben los nuevos marcos legales de la reforma financiera.

Es francamente esperable que existan diversas turbulencias financieras en 2014, en la medida que los países desarrollados salgan de la crisis y la FED retire los famosos estímulos artificiales. Las tasas en el mundo tenderán a subir, los flujos financieros podrían revertirse hacia Estados Unidos. Es cierto que el país tiene forma de enfrentar estas circunstancias, pero también que esto retrasará una caída en las tasas de interés a niveles comparables con las naciones desarrolladas.

En 2014 no tendremos suficientes efectos (inversiones y utilidades) resultantes de la reforma energética. Así lo prevé el propio presupuesto federal, por esto el déficit planteado.

Sin embargo, los tiempos políticos no siguen esta lógica. El nuevo régimen tiene un año, uno sólo, para probar que funciona. De lo contrario, podría perder terreno en 2015. Sus inversiones se convertirán en cuentas por pagar.

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