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La cara incierta y tóxica del cigarro electrónico

¿Sabías que Marlboro, Camel y otras fabricantes de cigarros tradicionales, están ingresando con estos cigarrillos? Los expertos cuestionan su lado “saludable”.

20-09-2013, 1:14:46 PM
La cara incierta y tóxica del cigarro electrónico
dpa

Las organizaciones anti tabaco estadounidenses observan con preocupación el “boom” del cigarrillo electrónico en Estados Unidos, ante el temor de que los fumadores depositen demasiada fe en él, como una alternativa sana al tabaco tradicional.

Estos cigarrillos son similares a los normales, pero con la punta roja. Funcionan con batería y están diseñados para simular la sensación que produce el fumar, aunque en lugar de tabaco, sus cartuchos contienen sustancias químicas, entre ellas nicotina. El dispositivo calienta esta solución líquida, que se convierte en el vapor que inhala el fumador.

Los “e-cigarettes“, como se los conoce en Estados Unidos, nacieron en China hace alrededor de diez años y están haciendo furor en el gigante norteamericano. Se espera que este año las ventas de cigarrillos electrónicos alcancen los mil millones de dólares, un aumento de más del 50 por ciento frente a los 600 millones de dólares en ventas el año pasado, según el banco Wells Fargo.

Hace apenas dos años, las ventas de estos cigarrillos sólo alcanzaban los 300 millones de dólares. Pero ante las jugosas perspectivas, los grandes fabricantes de cigarrillos quieren asegurarse un trozo del pastel. Así, el grupo Altria, dueño del fabricante de Malboro Philip Morris USA, entró en junio en el negocio con su nuevo MarkTen, un cigarrillo electrónico que empiezan a distribuir este mes en Indiana.

Aunque los mil millones de dólares que el cigarrillo electrónico espera alcanzar este año son una pequeñez frente a las ventas de 46.000 millones de dólares del mercado del tabaco normal, ya se está notando su impacto, aseguró Marty Barrington, director ejecutivo de Altria. “Es obvio, porque los usuarios de estos productos con vapor son fumadores adultos”, declaró.

El grupo Altria no ha sido el primero en aterrizar en el mercado del cigarrillo electrónico. RJ Reynolds, el fabricante de Camel, Kool y Winston, comenzó a vender su Vuse el año pasado, aunque de forma limitada. Pero según los grupos antitabaco, el problema de estos cigarrillos es que pese a su estilizada apariencia siguen conteniendo algunos de los aditivos cancerígenos tradicionales.

Además, después de años de trabajo para eliminar la publicidad del tabaco en televisión, estos grupos se enfrentan a un nuevo desafío, pues actualmente no hay restricciones en la publicidad de cigarrillos electrónicos. Y eso después de 42 años sin anuncios que inciten a fumar en la pequeña pantalla.

La agencia estadounidense encargada de vigilar los alimentos y medicinas (FDA) regula también todos los derivados del tabaco, pero aún no se ha pronunciado sobre los cigarrillos electrónicos. Según la propia FDA, aún es necesario investigar tanto los potenciales beneficios para la salud como los riesgos de los cigarrillos electrónicos. Y entre tanto, la mayoría de observadores se muestran escépticos.

“Dicho simple y llanamente, los consumidores de cigarrillos electrónicos no pueden estar seguros de lo que están inhalando, pues estos cigarrillos no están sujetos a análisis integrales independientes“, señala el doctor Thomas Glynn en un blog de la Asociación Estadounidense contra el Cáncer.

La FDA encontró sustancias cancerígenas en la mitad de las 18 muestras de cigarrillos electrónicos que tomó de dos marcas líderes. Además, halló inconsistencias, como variación de los niveles de nicotina inhalados por calada, aunque en el etiquetado de los cartuchos figuraba la misma cantidad. En un cartucho se detectó Dietilenglicol (DEG), un líquido tóxico que se utiliza como anticongelante.

“No podemos decir que un fabricante de cigarrillos electrónicos use los mismos componentes que otro”, señala Erika Sward, de la Asociación Pulmonar Estadounidense. Aunque se clasifican como productos para dejar de fumar, algunos profesionales sanitarios advierten de su toxicidad. “Atención, consumidores”, señala.

Como los grupos antitabaco, también la Asociación Pulmonar Estadounidense hace frente a los mismos retos que planteaban los cigarrillos, además de en la publicidad a la hora de intentar evitar que atraigan a menores. Y es que los cigarrillos electrónicos tienen distintos sabores, como chocolate o mentolado, lo que los puede hacer llamativos para los más jóvenes. Además, hay pipas electrónicas que imitan a las tradicionales.

Donna Lindsey, de 33 años, disfruta de una pipa electrónica con sabor a melón durante una pausa en su jornada laboral en Washington DC. “Dura más de 300 caladas”, afirma, añadiendo lo mucho que le gusta poder fumar con su nueva pipa dentro de edificios públicos o restaurantes sin que nadie le diga nada.

No obstante, puede que eso también llegue a su fin, pues cada vez hay más preocupación por la nicotina residual de estos dispositivos. Según un informe de 2010 de Estadounidenses por los Derechos de los No Fumadores, al fumar con cigarrillos electrónicos se exhala una nube invisible de nicotina envuelta en vapor. La nicotina es una sustancia pegajosa que se mantiene días y semanas adherida a las superficies, señala la asociación, por lo que otras personas se ven expuestas a ella.

A Sward, este tipo de preocupaciones sobre nicotina residual, publicidad y comercialización a menores resultan más que familiares tras décadas combatiéndolas. “Espero que, al final, los cigarrillos electrónicos no tengan el mismo terrible impacto que tuvieron los derivados tradicionales del tabaco, pero está por ver.”

¿Usas o usarías el cigarro electrónico como método para dejar de fumar?

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