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EPN y la tentación del populismo

El plan de reactivación económica está bien, pero... el gobierno federal empieza a hablar de gastar más, en lugar de gastar mejor. Aquí el análisis de riesgos.

17-09-2013, 7:29:04 PM
EPN y la tentación del populismo
Jorge A. Monjarás, editor de Valor Corporativo

El programa de aceleración del crecimiento económico presentado por la Secretaría de Hacienda el viernes pasado, que “agiliza” el curso de 27,000 millones de pesos (mdp), no significará más que dos a cuatro décimas de punto porcentual adicional al incremento del PIB nacional en el último trimestre del año, si bien nos va, según estiman los analistas. Pero esto, de la mano con una baja de 0.25 en la tasa de referencia y mejores noticias en la economía de Estados Unidos, debería hacer lo suficiente para disminuir la posibilidad de una recesión.

Estos factores permitirían que México se acerque al objetivo de 1.8% de crecimiento planteado por la Secretaría de Hacienda, meta que por el momento no tiene muchos fans. De estos montos, casi 13,000 mdp van a consistir en lo que llamaríamos gasto corriente: repavimentación de carreteras, equipo hospitalario y otras obras que decidan los gobiernos estatales y municipales; alguien por ahí mencionó pintar escuelas.

Y aquí está algo de lo malo de este plan. Los estados y municipios han comprobado estar muy lejos de los niveles de transparencia y efectividad del gasto público alcanzados, bien que mal, por el gobierno federal. Si Hacienda no amarra a sus fieras, mucho de este dinero podría no acabar en obra pública efectiva, ni en los empleos generados para aplicarla. Resultado: un estímulo inútil.

Otros 12,000 mdp tienen mejores posibilidades de quedar bien aplicados, pues significan que el gobierno de nuevo abre la llave del financiamiento a la construcción de vivienda, algo que se había ido sofocando poco a poco en la administración de Felipe Calderón. No por nada la Canadevi está más contenta que un papalote en huracán, aunque esto la separe aún más del punto de vista de sus afiliados de mayor tamaño, pero más afligidos: Geo, Urbi, Homex, quienes siguen sin ver la suya, ya habiendo transcurrido más de la mitad de septiembre dentro de sus plazos de “tregua” para renegociar deudas.

En este sentido el paquete de aceleración no parece sino una forma de solucionar los problemas de subejercicio que se han venido viviendo en el país. Gastar lo que se debe, pero más rápido, aunque ello tampoco implica por necesidad gastar mejor.

Aunque no es muy grande, este plan no arranca demasiadas objeciones. Sin embargo, se dio a conocer en medio de información adicional, la cual marca la intención de este gobierno de volver al déficit presupuestal, en lugar de mantener el equilibrio. Se trata de 0.5% para este año y de 1.5% para 2014, este último que ya no puede justificarse con la desaceleración global.

El monto del que hablamos para 2013 sería de unos 76,000 mdp, unos 6,000 millones de dólares (mdd). Ya multiplicado por tres en 2014, serían unos 18,000 mdd, sin contar crecimientos. Según lo ha planteado por la presente administración, el equilibrio volvería a buscarse en 2015. Lo que nunca queda claro cuando se toman estas decisiones es lo siguiente: Déficit es deuda.

Podrás argumentar y hablar de invertir como Estado, y de que se trata de un gasto que promoverá más crecimiento y por ende empleo e impuestos en un círculo virtuoso. Esta afirmación es posible, más no segura (volvemos a aquello de gastar mejor). Sin embargo, este gasto se convierte en deuda, interna o externa, punto.

Esto es lo que quieren olvidar quienes hoy aplauden esta decisión. Alguien por ahí opinó: qué bueno que el gobierno se desistió de tener arcas llenas y un pueblo con hambre (algo así), lo cual equivale a dos mentiras en tan pocas palabras.

El equilibrio fiscal es cero, es decir, lo que entra es lo que se gasta: si tu haces eso en lo personal, tu cartera quedará vacía. Así que no hay arcas llenas. Dos: si el gasto público fuera la fórmula para aliviar el hambre en este país, ya habríamos acabado con el problema, porque el presupuesto federal ascendió a casi 4 billones de pesos en 2013 (trillion, para los apegados a la cuenta anglo).

Así que este gasto “de más” en nuestras arcas, cumpla o no buenos objetivos, será deuda, que se acumulará a la ya existente. El meollo del asunto siempre es cuánto puede endeudarse un país antes que el mercado considere que ya excedió su capacidad de pago y desate una crisis de deuda. Te sonarán España, Grecia y casi Italia. Buena parte de la segunda depresión en Europa en 2012-13 se debió al sobreendeudamiento de los países europeos y la consecuente amenaza sobre sus sistemas bancarios.

Esto no es desconocido para quienes tengan más de 40 años: México vivió dos importantes crisis de deuda: 1982 y 1995, entre varias crisis de otros tipos. Ambas fueron terriblemente lesivas para la población y motivaron que en febrero de 2006, ya al final de la presidencia de Vicente Fox se promulgara la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, que pretendió regular la facultad del Estado de hacer su propio presupuesto, imponiendo criterios de “legalidad, honestidad, eficiencia, eficacia, economía, racionalidad, austeridad, transparencia, control, rendición de cuentas y equidad de género”.

En su capítulo II, artículo 17, esta ley dice que “El gasto neto total propuesto por el Ejecutivo Federal en el proyecto de Presupuesto de Egresos, aquél que apruebe la Cámara de Diputados y el que se ejerza en el año fiscal por los ejecutores de gasto, deberá contribuir al equilibrio presupuestario.”

Por supuesto, como no hay político que no deje una puerta abierta, el mismo artículo señala que bajo ciertas circunstancias el gobierno puede solicitar un déficit fiscal, pero también reglamenta que se especifiquen los tiempos y montos específicos. Esto es lo que hizo la Secretaría de Hacienda el viernes 13 pasado, porque está obligada por ley.

Las medidas contracíclicas, podría decirse, están entrando en acción. Aquellas que el gobierno mexicano no quiso imponer en 2009, en medio de la peor recesión mundial desde 1929, acto que le valió ser reconocido por los mercados financieros como un destino atractivo para invertir, y no caer como ficha de dóminó ante la crisis de deuda europea.

Pero los tiempos cambian. Hoy se encuentra que el bajo ritmo de la economía amerita aumentar el gasto, y qué decir de los ciclones que están asolando al país.

Por supuesto, es momento de destinar los fondos presupuestados a la atención de los desastres en Guerrero, Tamaulipas, más lo que se agregue esta semana. Y hay que esperar que se gasten bien.

Sin embargo, siempre existirán motivos para incurrir en déficit presupuestal: desastres, crisis económicas o políticas… años electorales. Tienen razón quienes exponen que un déficit de 0.5% del PIB en 2013 y otro de 1.5% en 2014 no lesionarán las finanzas del país. La pregunta es si esto se detendrá en 2015 o vendrán nuevos motivos para gastar de más. Todo, hay que advertirlo, se va sumando y alguien tendrá que pagar la cuenta.

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