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Nelson Mandela, perfil del emblemático líder mundial

El premio Nobel de la Paz falleció tras una larga agonía por una infección pulmonar que se remontaba a su encarcelamiento en los 50’s.

26-06-2013, 3:04:03 PM
Nelson Mandela, perfil del emblemático líder mundial
Altonivel

Nelson Mandela es sin duda es una de las figuras más emblemáticas del siglo XX y murió hoy, 5 de diciembre de 2013. El referente mundial en la solución de conflictos falleció luego de pasar sus últimos meses de vida en su hogar, al cuidado de su familia.

El 1 de septiembre pasado, el líder sudafricano fue dado de alta de un hospital de Pretoria donde había recibido tratamiento desde junio, cuando fue hospitalizado por una infección pulmonar. El llamado padre de la democracia, vio mermada su salud en las últimas semanas. Su ex esposa, Winnie Madikizela-Mandela había informado al diario Sunday Independent que Nelson ya no podía hablar dados los tubos que tenía en su cuerpo para limpiar sus pulmones.

Su debilidad era evidente para su familia que había convertido su habitación en una sala de cuidados intensivos. Los médicos le atendían directamente en Houghton, un suburbio de Johannesburgo

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Ejemplo para las nuevas generaciones

Y aunque su muerte era una cuestión de tiempo, el emblema de la lucha contra el Apartheid, el sistema de segregación racial de Sudáfrica, ya estaba destinado a trascender en la historia como un ícono y un ejemplo de vida para presentes y futuras generaciones, gracias a su determinación y espíritu inquebrantable para enfrentar situaciones extremas.

Un personaje que lo mismo se opuso al statu quo de su universidad en su etapa adolescente, que al sistema de segregación racial que el gobierno sudafricano –dominado por la gente de raza blanca– intentó instaurar a mediados del siglo pasado.

Biografías, perfiles, documentales, películas, entre otros contenidos, están repletos con anécdotas del Premio Nobel de la Paz durante su lucha contra el Apartheid; y en los que se retrata su espíritu pacifista –inspirando en Mahatma Gandhi– y se aborda ligeramente su arista militar en los tiempos en los que la no violencia no daba resultados. 

Este personaje no solo es recordado por esta lucha para liberar a millones de sudafricanos de las cadenas del color de piel y su destino, sino también por representar un ejemplo de sacrificio y dedicación hacia el prójimo, al pasar casi un tercio de su vida en prisión en represalia a la causa que defendía.

Pero a sus 95 años de vida –recientemente cumplidos el pasado 18 de julio– es también muestra de que toda idea, defendida a cualquier costo, es redituable no nada más para una persona, sino para un pueblo, un país, un mundo; pues sin Mandela la discriminación racial y de cualquier otro tipo, habría triunfado no solo en Sudáfrica, sino también en el resto del globo terráqueo.

¿Cuál es el origen de este hombre? ¿Qué lo llevó a colgarse el estandarte en contra de la segregación racial? ¿Por qué decidió abandonar un estatus garantizado de comodidad por décadas encarcelado en pésimas condiciones? 

Para entender las respuestas a estas interrogantes es necesario retroceder en la vida de Nelson Rolihlahla Mandela.

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Su niñez

Nació el 18 de julio de 1918 en el pueblo sudafricano Mveso, en Transkei, pero siendo aún un bebé, enfrentó la mudanza de la familia a Qunu, un poblado incluso más reducido que el de su lugar de nacimiento, debido a que su padre Gadla Henry Mphakanyiswa –también llamado Henry Mgadla Mandela– perdió su título y fortuna como consejero de jefes tribales por una disputa con el magistrado colonial de su localidad.

En este sitio, en el que la descendencia de Mandela y los líderes tribales debatían hace tan solo unos meses sobre el futuro del alicaído líder, su infancia no fue distinta a la de otros niños de su tribu Xhosa: jugar y construir sus propios juguetes con materiales como ramas de árbol y arcilla.

¿Su nombre, su destino?

Así, Rolihlahla –nombre real de Mandela y que en lengua xhosa significa literalmente “Tirar de la rama de un árbol” pero comúnmente traducido como “perturbador”, “agitador” o “problemático”–, pasaba su tiempo entre la choza en la que vivía su familia y el campo en el que se cosechaba maíz, sorgo, calabaza y frijol, o pastoreando borregos y becerros. 

Bautizado en la Iglesia Metodista, a propuesta de un amigo de su padre, Mandela fue el primer miembro de su familia en asistir a la escuela, sitio en el que recibió el nombre de “Nelson” de parte de su maestro, como era costumbre en la época y probablemente debido a la polarización del sistema educativo británico en África del Sur.

Su vida tomó un cariz radicalmente diferente cuando tenía 9 años de edad: su padre murió de una enfermedad en los pulmones, lo que ensombrecía el futuro del entonces infante Mandela.

Sin embargo, fue adoptado por Jongintaba Dalindyebo, el regente interino de Thembu, quien correspondía así al favor que años atrás le había realizado el padre de Mandela al recomendarlo para el puesto que ahora desempeñaba. 

El joven Mandela pasó a una vida sin preocupaciones en Mqhekezweni, la capital provincial de Thembu, donde habitaría la residencia real y gozaría de los mismos beneficios y responsabilidades que los hijos de su benefactor.

Su educación privilegiada

Gracias a esto tuvo acceso a una educación privilegiada, en ese entonces muy limitada para la gente de raza negra. Si bien sus primeras clases (inglés, xhosa, historia y geografía) las realizó dentro de la casa real, fue aquí donde cultivó su interés por la historia africana y aprendió que los africanos habían vivido en relativa paz hasta la llegada de los blancos. 

Los ideales de los ancianos que fungían como sus maestros quedaron fuertemente arraigados en él: “Los niños de Sudáfrica habían vivido siempre como hermanos, pero el hombre blanco rompió esta comunión”;  y “mientras que el hombre de negro compartió su tierra, el aire y el agua con el hombre blanco, el hombre blanco tomó todas estas cosas por sí mismo”, fueron algunas de las ideas que marcaron esta parte de su infancia.

En este sentido, otro capítulo de gran impacto en la vida de Mandela se dio cuando tenía 16 años y participaba en el tradicional ritual de la circuncisión con motivo de su entrada en la edad adulta. 

Durante esta ceremonia –sin la cual un hombre no puede heredar la fortuna de su padre, casarse u oficiar rituales tribales–, el orador principal se lamentó con gran tristeza por los jóvenes, incluido Mandela, por estar esclavizados en su propio país, donde los hombres blancos controlaban sus tierras y sus destinos al limitarlos solo a desempeñar tareas sin sentido. 

El propio Nelson compartiría décadas más tarde que si bien las palabras del jefe Meligqili no tuvieron pleno sentido para él en ese momento, con el tiempo se fortaleció su determinación para buscar una Sudáfrica independiente.

Instaurado en la realeza thembu, ya que bajo la tutela de Jongintaba estaba preparado para asumir cargo como consejero, asistió a colegios como el Boarding Instituto Clarkebury y el Wesleyan College, donde se destacó en el ámbito académico y deportivo (sobre todo en atletismo y boxeo), y aunque en un principio era señalado por el resto de los estudiantes como un “pueblerino”, con el tiempo se hizo amigo de varios estudiantes, incluso algunos serían sus acompañantes en la lucha contra el racismo gubernamental.

En 1939, con 20 años de edad, Mandela se matriculó en el Colegio Universitario de Fort Hare, el único lugar de educación superior para negros en Sudáfrica en ese momento, que era considerado como una Oxford o Harvard africana.

Centró sus estudios en el derecho romano con miras a hacer carrera en la administración pública como intérprete o secretario –consideradas como las mejores profesiones a las que un hombre negro podría acceder–.

El punto de quiebre en la vida de Madiba

Pero el punto de quiebre llegó en su segundo año de estudio: tras ser elegido para el Consejo de Representantes de Estudiantes (SRC), encabezó una muestra de inconformidad de los alumnos. 

Visto como un acto de insubordinación, la universidad expulsó a Mandela durante el resto del año y le dio un ultimátum: podía volver si se retractaba de sus acciones y volvía a formar parte del SRC. 

Casi 45 años después, a mediados de los 80, durante la más larga de sus reclusiones, una situación similar se le presentó a Madiba: el entonces presidente Pieter Willem Botha y su gobierno accederían a regresarle su libertad si aceptaba establecerse en uno de los bantustanes –espacios destinado por el gobierno sudafricano para la segregación racial– o en otras palabras, si aceptaba la posición del Estado sobre el régimen del Apartheid.

En ambos casos la respuesta de Mandela fue la misma. No recularía sus posiciones y se mantendría firme en sus convicciones.

Mandela y el movimiento anti-apartheid

Su separación de la universidad molestó en demasía a su tutor, quien a pesar de su furia no consiguió que Mandela se retractara de sus acciones; y en un intento por asegurar el futuro de su hijo adoptivo anunció un matrimonio arreglado.

Tal noticia sorprendió a Nelson, quien se sintió atrapado y sin salida, por lo que decidió escapar de casa y emprendió camino hacia Johannesburgo, donde se instaló y trabajó en varias actividades, como guardia y empleado, mientras reforzaba su talento autodidacta –que en sus tiempos de cárcel le fue de gran utilidad– y terminaba su licenciatura a través de cursos por correspondencia. Por fin graduado en Derecho en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, se involucró activamente en el movimiento anti-Apartheid, uniéndose al Congreso Nacional Africano (ANC) en 1942, a través de su ala juvenil. 

Su objetivo era transformar al ANC en un movimiento popular de masas, reuniendo la fuerza de millones de campesinos y personas que no tenían voz en aquel régimen, proponiendo acciones más radicales, no violentas, como el boicot, la huelga, la desobediencia civil y la no cooperación.

En 1949, ya con Mandela como secretario nacional de la liga juvenil, la ANC reconoce que su vieja y cortés táctica de presentación de demandas son ineficaces y adopta las propuestas para subir el tono a sus acciones de rebeldía.

Durante 20 años, Mandela dirigió actos pacíficos de rebeldía contra el gobierno de Sudáfrica y sus políticas racistas, y también fue pionero en brindar asesorías legales gratuitas y de bajo costo, para negros que no contaban con representación legal, tras fundar un despacho jurídico con Oliver Tambo, un viejo amigo de sus tiempos en Fort Hare. 

Tiempos de cárcel

Sin embargo, a partir de 1956 iniciaría una mala racha para el movimiento y el propio Mandela, que los lleva a enfrentar acusaciones de traición, ser encarcelados, e incluso a radicalizar aún más su postura al grado de creer que la lucha armada era la única opción para lograr un cambio. 

Así, ese año, junto con otros 150 militantes, fue detenido y acusado de traición por su incidencia política, finalmente fuera absuelto; pero el peor daño causado por esto fue la debilidad en la que colocó al ANC frente a una de sus corrientes, conocida como Africanistas, quienes acusaban al método pacifista como ineficaz y pronto se separaron para formar el Congreso Panafricano, reduciendo considerablemente las filas de militantes.

Unos meses después, el 21 de marzo de 1960, sucedió uno de los actos más atroces en la lucha anti-Apartheid: la matanza de Sharpeville, en la cual las fuerzas del Estado dispararon a una manifestación pacífica, que dejó un saldo de 69 muertos, entre hombres, mujeres y niños; y cerca de 200 heridos. 

Esto es aprovechado por el gobierno sudafricano para declarar el estado de emergencia y detener a unos 18,000 manifestantes. Con ello, el ANC se convierte en proscrito y junto con Mandela debe refugiarse en la clandestinidad.

En 1961, y con Mandela como comandante en jefe, nace el brazo armado de la ANC, el Umkhonto we Sizwe, también conocido como MK, dedicado a sabotear y realizar tácticas de guerra de guerrillas.

Poco después, en 1962, y a su regreso al país tras un viaje por África y Europa para recolectar recursos y adeptos, fue arrestado liderar una huelga de tres días de los trabajadores nacionales, y se le sentenció a cinco años de prisión; y en 1963 fue llevado nuevamente a juicio y en esta ocasión, al igual que otros 10 líderes del ANC, fue condenado a cadena perpetua por delitos políticos, entre ellos el sabotaje.

Con esta sentencia, Madiba no volvería a disfrutar de la libertad hasta la década de los 90.

El resto es historia…

La primera de las tres cárceles en las que estuvo durante sus 27 años de reclusión fue Robben Island, donde permaneció 18 años. Durante ese tiempo contrajo la tuberculosis y, como preso político negro, recibió el más bajo nivel de trato en pésimas condiciones; no obstante, fue capaz de ganarse la Licenciatura en Derecho a través de un programa de correspondencia de la Universidad de Londres.

Sin embargo, la importancia de Mandela para la lucha en contra de la discriminación, lejos de disminuir en su pequeña celda, se incrementó a tal grado que incluso se planificó fingir su fuga para asesinarlo durante las tareas de “recaptura”. El plan no se llevó a cabo debido a que la inteligencia descubrió dicho complot.

Mandela seguía siendo un símbolo tan imponente de la resistencia que se puso en marcha una campaña internacional coordinada para exigir su liberación, cuya fuerza mostró el apoyo y la estima que mantenía con la comunidad política global.

En 1982, Mandela y otros líderes del ANC fueron trasladados a la prisión de Pollsmoor para facilitar el contacto con el gobierno sudafricano. Tres años más tarde, el presidente Botha ofreció la liberación a Mandela, misma que el preso rechazó; mientras que la presión local e internacional por su liberación seguía en aumento.

Pese a las reiteradas negociaciones, nunca hubo acuerdos, y no fue hasta que Frederik Willem de Klerk –quien reemplazó a Botha tras sufrir un derrame cerebral–, anunció que el 11 de febrero de 1990, el líder sudafricano sería liberado.

El perdón a Mandela también aplicó para la ANC, y De Klerk eliminó las restricciones a los grupos políticos y suspendió las ejecuciones.

El resto es historia: En 1993 Mandela y De Klerk recibieron el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos por acabar con el conflicto generado por la segregación racial, y unos meses después, el 27 de abril de 1994 fueron la fórmula ganadora en las primeras elecciones multirraciales de África, convirtiéndose así en el primer presidente negro del país.

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