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Las decisiones más polémicas de la Dama de Hierro

Durante su mandato como premier británica, la Dama de Hierro se caracterizó por estas medidas que lograron sacar adelante a Reino Unido.

08-04-2013, 12:54:49 PM
Las decisiones más polémicas de la Dama de Hierro
Altonivel, con información de agencias

Durante los tres periodos en los que Margaret Thatcher se encontró al frente del Reino Unido nada volvió a ser igual, ya que la llamada Dama de Hierro transformó al país que en ese entonces se encontraba en medio de una debacle económica y política.

Dicha transformación se dio a través de una serie de medidas económicas neoliberales, como la privatización de industrias estatales y el transporte público; la reforma de los sindicatos, a los que despojó de poder; la reducción de los impuestos y del gasto público; y la flexibilidad laboral, entre las más importantes.

Tras consolidar su crecimiento político y derrotar a los antigüos liderazgos, tanto de su partido como rival, Thatcher llegó al número 10 de Downing Street con la convicción de que llevar a cabo una renovación del Reino Unido para evitar su caída.

Por ello centró sus esfuerzos como primera ministra -la única mujer en ocupar este cargo- en reparar las finanzas del país mediante la reducción del papel del Estado e impulsar el libre mercado.

Para lograrlo tenía que cortar la inflación, y así lo intentó al disminuir los impuestos directos sobre la renta e incrementar los impuestos indirectos, las tasas de interés -para disminuir el crecimiento de la oferta monetaria-.

Todo ello fue fundamental para el propósito de su gobierno y pronto se introdujo un presupuesto radical de impuestos y recortes de gastos, como los de servicios sociales en educación, lo que no agradó a muchos, tanto así que estos cortes hicieron que se convirtiera en la única primer ministro graduada de Oxford en la posguerra que no recibiera un doctorado honorario de esta universidad, después de una votación de 738 contra 319 votos de la asamblea del gobierno y una petición estudiantil.

Por otro lado, también su gobierno presentó proyectos de ley para frenar la militancia sindical y privatizar las industrias estatales, cuya meta era permitir que la gente pudiera comprar sus casas o adquirir acciones en las empresas del Estado; así, entre otros beneficios, logró integrar a millones de personas en la economía.

Asimismo, hizo con sus nuevas políticas monetarias que la capital británica se convirtiera en uno de los centros financieros más vibrantes y exitosos del mundo.

Sin embargo estas modificaciones no eran del agrado de todos, principalmente de sus críticos, quienes apuntaban que sus decisiones estaban generando un “páramo industrial” y elevaba el desempleo a más de tres millones de personas.

En este sentido, se enfrentó al malestar de un sector de la banca conservadora y algunos disturbios en el centro urbano londinense que le obligaron a replantear su estrategia, pero fiel a su estilo dijo en una conferencia de su partido en 1980 que solo tenía una cosa que decir a quiénes esperaban que cambiará de sentido: “la dama no va a dar vuelta”.

Para 1982 el Reino Unido comenzó a mostrar señales de recuperación económica, la inflación comenzó a disminuir al pasar a 8.6% desde un pico de 18%.1, aunque el desempleo seguía siendo una de preocupaciones más serias.

El año 1983 lucio mejor, el crecimiento económico general se fortaleció y tanto la inflación como las tasas hipotecarias alcanzaron sus valores más bajos desde los 70; pero igualmente la industria caía en un 30% desde 1978 y el desempleo permaneció como el principal problema, registrando en 1984 un pico de 3.3 millones de personas sin empleo.

Fue hasta 1987 que la falta de trabajo fue disminuyendo, la economía se estabilizó y se fortaleció, y la inflación bajó.

Para ese entonces, las encuestas de opinión era lideradas por los conservadores, de la mano de Thatcher, quein consiguió el apoyo electoral para tener su tercer periodo consecutivo, pero ese relación comenzó a desmoronarse luego de que la Dama de Hierro reformara el sistema de impuestos locales al reemplazar los gravámenes domésticos con el cargo comunitario, o poll tax, con el que todos los adultos residentes pagaban una misma cantidad.

Así, este nuevo impuesto fue introducido en Escocia en 1989 y en Inglaterra y Gales al año siguiente, convirtiéndose en una de las políticas más detestadas durante todo el mandato de Thatcher, tal como lo exhibió el descontento público en una manifestación de más de 70,000 participantes en Londres el 31 de marzo de 1990.

Otro punto que generó simpatías a la baronesa Thatcher de Kesteven, su grado nobiliario, fue el de la Guerra de las Malvinas, que impulsó su popularidad en abril de 1982 cuando anunció su respuesta decisiva para la invasión argentina, que en junio siguiente derivó en la rendición del país sudamericano y la recuperación de dichas islas.

La victoria en las Malvinas, junto con desorden en el Partido Laborista, aseguraron la victoria aplastante del partido conservador en las elecciones de 1983 y con ello la primera reelección de Thatcher.

Para muchos una estampa fiel de la personalidad de Thatcher se dio en octubre de 1984, cuando el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) realizó un atentado en su contra durante un evento realizado en un hotel en Brighton.

El movimiento secesionista instaló una bomba en la conferencia del partido Conservador, misma que hizo estallar matando a cinco personas e hiriendo de gravedad a muchos más.

Sin embargo, con la intención de mostrarse indestructible ante cualquier circunstancias, la primer ministro no dudó en continuar con el encuentro pese a los destrozos en el hotel y aclarar a sus atacantes que destruir la democracia con terrorismo.

No obstante, la caída de la Dama de Hierro llegó desde el seno de su propio partido, que descontento por la determinación de Thatcher -el atributo que la había lelvado al poder 11 años atrás- organizó una revuelta interna que se llevó a cabo el 22 de noviembre de 1990.

Días después, el 27, se mostró frente a los parlamentarios británicos para responder diversas cuestiones sobre sus planes para seguir al frente del gobierno.

Su salida de Downing Street estuvo marcada por el llanto de la líder considerada indestructible, y dejó la Cámara de los Comunes en 1992, desde entonces se refugió en el elegante barrio londinense de Belgravia, donde continuó preparando lucrativas conferencias y redactando sus memorias.

Su actividad pública fue desde entonces muy discreta, con algunos realces en los últimos años de los 90 y los primeros del nuevo milenio, sin embargo a partir de marzo de 2002 su salud se volvió su principal obstáculo, a lo que se sumó la muerte de su esposo, sir Denis Thatcher, en junio 2003.

En los últimos años, tras varios accidentes cardiocerebrales, Thatcher se alejó por completo de la vida pública en Londres y fue hoy que un ataque de apoplejía terminó con la vida de esta emblemática mujer del siglo XX.

Para saber más:

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