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Guerra de divisas y el colapso del dólar

Los economistas advierten sobre una devaluación del dólar, del yen e incluso del euro. ¿Cómo afecta esta política monetaria a la economía?

El G20 intenta combatir la guerra de divisas.
Negocios
Alto Nivel 11-03-2013

Elie Smilovitz / Twitter: @smilovitz

En una frase, las guerras de divisas ocurren cuando los bancos centrales, los gobiernos o las autoridades monetarias de un país o de un mercado devalúan su moneda de forma intencional, para impulsar su crecimiento económico.

Los líderes del Grupo de los 20 (G20), cuyas economías representan 90% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, el 80% del comercio y el 66% de la población global han insistido durante sus cumbres que las ‘guerras de divisas’ tienen un impacto negativo en la economía mundial y han acordado no incurrir en prácticas proteccionistas, que para muchos países implica frenar la recuperación económica.

México manifestó durante varias cumbres del G20 su rechazo al proteccionismo. Incluso, durante la Cumbre del G20 en Los Cabos 2012 una de las conclusiones de la reunión de secretarios de Economía y Comercio planteó no estigmatizar las importaciones, por considerarlas necesarias para mantener a flote las exportaciones. Así, los responsables de Comercio planteaban romper el estereotipo de que importar es malo y exportar es buenoLa razón detrás de ese razonamiento tuvo como base la gran diversificación y atomización de las cadenas productivas globales, que dependen, en muchos casos, del flujo constante de pequeñas partes que sirven para confeccionar un producto final.

Si bien el movimiento de capitales no debe tratarse de forma paralela al de bienes y servicios, pues los primeros pueden entrar y salir de un país en cuestión de horas, el debate sobre la estigmatización de las importaciones guarda una relación muy estrecha con las devaluaciones monetarias y las guerras de divisas, como explicamos a continuación.   

PIB = G+I+C + (Exp-Imp)

El PIB de un país refleja la cantidad de capital que fluye desde o hacia su economía en un periodo de tiempo determinado –por lo general un año-. La fórmula para obtenerlo es la suma del gasto público, el consumo, la inversión y, por último, la diferencia entre las exportaciones e importaciones. Esta fórmula resulta imprescindible para comprender la guerra de divisas.

En el marco del simposio sobre confianza en el sistema financiero organizado en Washington D.C. por el CFA Institute, la mayor asociación de profesionales financieros del mundo, James Rickards, socio de JAC Capital Advisors LLC y experto en política monetaria, asegura que cuando un gobierno se encuentra inmerso en un plan de austeridad, como es el caso de muchos países europeos, lo primero que se contrae es el gasto público –que es la primera variable de la fórmula del PIB-.

Si a ello sumamos que la crisis financiera se vió acompañada de un sobre endeudamiento público y privado, ocasionado por el exceso de préstamos hipotecarios a particulares en algunos casos y de un exceso de gasto público en otros, como es el caso de Irlanda, Portugal, Grecia y España, resulta sencillo identificar la causa detrás de la caída del consumo –la segunda variable de la fórmula del PIB-.

“Las hipotecas, los préstamos para comprar coches y otras deudas obligan a los consumidores a reducir su consumo. Las empresas lo resienten y eso se traduce en menos inversión, así como en más despidos de trabajadores”, explica Rickards. 

Así, en la coyuntura económica actual el gasto público se ha reducido, el consumo se ha contraído y esto ha provocado una desinversión por parte de las empresas. Así, si miramos a la fórmula del PIB caemos en la cuenta de que sólo queda una variable para impulsar el crecimiento, la de las exportaciones-importaciones. Por eso, Rickards afirma que la alternativa que busca Estados Unidos en particular y otros mercados en general, para retomar el camino del crecimiento no es otro que impulsar exportaciones, lo que ha degenerado en una ‘guerra de divisas’.

¿Puede existir esta guerra?

Muchos argumentan que en un mercado de libre cambio, como el que existe en la mayoría de países, salvo excepciones como China o Venezuela, los gobiernos no pueden controlar el tipo de cambio. Sin embargo, Rickards contra argumenta que los bancos centrales, a través de la fijación de las tasas de interés y del control de la inflación, pueden influir de lleno en la apreciación o devaluación de una moneda.

Desafortunadamente, la economía global representa un sistema de “suma cero” en donde las ganancias de un mercado representan las pérdidas de otro. Por tanto, depreciar el dólar estadounidense, para impulsar las exportaciones de Washington se reflejará en una caída del comercio internacional en otro mercado y viceversa. 

En este sentido, Rickards advierte de que en 2010 Barack Obama se propuso la meta de “duplicar las exportaciones” de Estados Unidos hacia 2015 y señala que eso “sólo podrá cumplirse mediante la devaluación del dólar”, lo que explica que la Reserva Federal haya decidido aplicar tres estímulos económicos conocidos como QE1, QE2 y QE3 desde 2008.

¿Colapsará el dólar?

Rickards asegura que, ante esa necesidad de impulsar las exportaciones estadounidenses para crecer, otros países reaccionarán mediante el “repudio del dólar” y comprarán otras monedas, como el yen o el euro, o incluso oro para acumular reservas. Algo que ya ha venido ocurriendo, como demuestra la compra de miles de toneladas de oro por parte de China en los últimos años. 

Por otro lado, el experto señala que otra posibilidad es la de adoptar el “patrón oro” como referencia monetaria, en lugar de seguir con el dólar norteamericano como moneda de referencia, pero advierte de que este proceso tendría que ser adoptado por todos los países de forma simultánea, ya que si sólo un lo hiciera, ello provocaría la devaluación de todas las monedas, pues los inversionistas preferirían tener su dinero en oro que en un papel moneda respaldado por gobiernos endeudados. 

Rickards identifica tres aspectos de la coyuntura económica que, desde su punto de vista, anticipan el “colapso del dólar” como la única moneda de referencia para las reservas internacionales:

1-El repudio del dólar: los mercados prefieren comprar oro, propiedades y otro tipo de capitales antes que invertir en dólares –debido a que esa moneda se devalúa-.

2-Estado crítico: Rickards explica que cuando ese comportamiento (repudiar el dólar) afecte a suficientes inversionistas, se generará un efecto cascada que terminará por implicar a la mayoría de los inversores. En este sentido, asegura que las políticas  de estímulo económico de la Reserva Federal contribuyen a que eso ocurra.

3-La disminución de reservas mundiales de dólares: Rickards señala que mientras que en el año 2000 un 70% de las reservas mundiales se encontraba en dólares, ahora sólo alcanzan el 60% y la tendencia a la baja continúa.

¿Cuáles consideras que son los mejores refugios para invertir?

Para saber más:

Experto anticipa el colapso del dólar

5 prioridades de México frente al G20 para Rusia 2013

¿Quién ganaría en una guerra de divisas?

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